Vs. los ‘intelectuales’
Como dijera famosamente Foucault, “Creo que la gente es suficientemente grande para decidir por sí misma por quién votar”. Y por ello a mí -como a él- el papel del intelectual que se coloca por encima de la sociedad para dar lecciones y sentencias inapelables me resulta incómodo. Me aliena la jactancia del “intelectual”. Del que se define a sí mismo como tal y arma cofradías en torno al término. Un vocablo que se ha vuelto sinónimo del elitismo, del país de privilegios, de la construcción cupular que caracteriza al mundo de la cultura. Las ideas también forman parte de los múltiples monopolios que mantienen maniatado a México. Ideas consagradas, defendidas, diseminadas y sacralizadas por pequeños grupos -generalmente de hombres- que se encargan de decirle al país lo que debe pensar.
