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La pena de la felicidad [Por Humberto Caspa]

“Qué debemos hacer nosotros — que no tenemos residencia legal en este país— una vez que terminamos la preparatoria. Si me aceptan en una universidad, yo no tendría un respaldo económico, ni tampoco sé si el título que voy a adquirir me va a servir para encontrar un trabajo profesional”.

Lo anterior fueron palabras contundentes de una muchacha valiente que, a pesar de su condición legal, encaró con mucho respeto al senador del estado de California, Lou Correa y a los dirigentes de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC).

La situación de Felicidad, nombre con el cual se presentó la muchacha, fue la primera de este tipo que experimenté en un lugar público por una persona que es directamente afectada por las leyes de este país.

De los 12 millones de indocumentados existentes en Estados Unidos, alrededor de 1.8 millones o 15 por ciento son niños en edad escolar.

Aproximadamente cerca de 65,000 estudiantes indocumentados se gradúan cada año y muchos de ellos no continúan sus estudios.

Correa no supo abordar la pregunta de Felicidad en forma tangible y contundente.

Yo creo que ninguno de los que asistíamos tenía una respuesta lógica, sin entrar a la demagogia y de acuerdo a las posibilidades políticas que se presentan en este momento en California y en el gobierno estadounidense.

Sin embargo, reflexioné que uno de los lugares más propicios para proseguir una carrera universitaria son los colegios comunitarios.

Por una parte, el precio de colegiatura no es una suma inalcanzable y el costo por clase no es cosa del otro mundo.

Por otra parte, un estudiante no solamente puede transferir sus créditos universitarios a un establecimiento de licenciatura, sino que en el proceso de estudio, esa persona puede adquirir un título de carrera técnica.

Conozco a estudiantes que han adquirido títulos en diseño gráfico y han podido insertarse dentro del mercado laboral con un sueldo aceptable.

Al mismo tiempo de trabajar, ellos están en proceso de complementar sus estudios de licenciatura en otras universidades. Conozco también a otros estudiantes que tienen un diploma de asistente de dentista y ha logrado introducirse dentro de hospitales y clínicas particulares con sueldos idóneos.

Así, el no tener documentación legal no es un fin en sí mismo.

A pesar de que las circunstancias son bastante dolorosas, existen mecanismos dentro del mismo sistema de educación y del mercado laboral que permiten a personas indocumentadas buscar sus objetivos.

Felicidad tiene derechos. No obstante de haber nacido en algún país latinoamericano, su cultura, el idioma y sus costumbres son tan estadounidenses como aquellas personas que han nacido aquí.