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Columnistas  

Publicado el viernes 04 de abril del 2008

El héroe [Por Humberto Caspa]

Especial La Estrella

La violencia pandilleril está de subida en todas partes. Las zonas metropolitanas no son las únicas zonas que están siendo amedrentadas por los grupos antisociales, sino también las regiones suburbanas.

Lo triste del caso es que las autoridades de gobierno, en vez de proceder con programas de prevención e intervención, se han dedicado más bien al resguardo del orden a través de la fuerza policial.

Ante esta falta de visión y tacto político-administrativo, son los jóvenes los que pagan los platos rotos de las autoridades del gobierno.

El crecimiento de pandillas en nuestras ciudades, sin embargo, no es una noticia nueva. Hubo momentos similares o tal vez de más violencia en años pasados. Algunas ciudades experimentaron momentos traumáticos a inicios de década de 1990, en cuyo tiempo muchos grupos antisociales se incrementaron, particularmente en zonas consideradas de pobreza.

Fue la comunidad —no el gobierno— quien se hizo cargo de combatir a estos grupos delictivos. Las autoridades municipales simplemente miraron el trabajo colectivo de las asociaciones no lucrativas, las organizaciones civiles y la policía. Todos ellos apaciguaron la ola de violencia.

Uno de los personajes más sobresalientes en el embate al crimen organizado en la comunidad latina de la zona metropolitana de Los Ángeles fue Roy Alvarado. La vida de este hombre fue tan dramática como una novela latinoamericana.

A muy corta edad, la falta del cariño en su hogar y las malas amistades le indujeron a tomar el camino equivocado. En sus años mozos fue un pandillero empedernido en Stockton, su ciudad natal; probó las drogas más letales, fue alcohólico y fue un pandillero temible, incluso su nombre llegó a tener fama dentro del submundo del hampa en Los Ángeles y San Francisco.

Eventualmente el sistema legal se encargó de hacerle pagar por sus delitos. Estuvo en las cárceles de San Quintín y Chino, California, por comercialización de drogas y otros cargos mayores.

Sin embargo, Alvarado resucitó y se convirtió en una leyenda viviente en la comunidad latina. Durante la década de 1990s, cuando los grupos pandilleriles afloraron, particularmente en Costa Mesa, California, Alvarado creó instituciones sociales y organizaciones civiles de prevención en las escuelas y en la comunidad.

Uno de sus fuertes fue crear programas de mentoría dentro de las instituciones educativas y en las organizaciones comunales para enfrentar a las pandillas.

Por lo anterior, Roy Alvarado, perdura en los corazones de los latinos en Costa Mesa.

“Mi héroe es Roy Alvarado”, dice un pequeño anuncio que divaga en el espacio cibernético. Estas son las palabras de una joven que fue impactada de una manera positiva por el trabajo de este hombre multifacético. Descansa en paz, Roy Alvarado, los jóvenes de hoy te recuerdan.