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Sin tacones

Margarita Hernández

¡Es el colmo! Conste que no pretendo ser percibida como renegada ni nada que se le parezca. En cambio sí pretendo plantear algunas preguntas sobre cosas que se ven tan pero tan naturales que ya nadie las cuestiona.

Esta semana pasada el Esposo me platicó —a sabiendas de que me indignaría la noticia— de un evento que se dio en el D.F. el 2 de noviembre. Se trata de una carrera de cien metros para mujeres con tacones, vestidas, peinadas y maquilladas a la moda.

Se presentaron tempranísimo y súper arregladas 500 participantes en una mañanita bastante fría de otoño (ah, pero muchas de ellas en minifalda). El requisito fue que tenían que llevar tacones de una altura mínima de siete centímetros y máxima de 10 y medio. También hubo premios para la Mejor Sonrisa, la Más Elegante y la Mejor Vestida.

Si de por sí yo vivo preguntándome por qué tenemos las mujeres que usar tacones, pantimedias y maquillaje. Es cierto que no somos iguales a los hombres pero no entiendo por qué precisamente por nuestra condición de mujeres tenemos que sufrir desventajas. Yo no veo que los hombres anden con calzado incómodo y hasta peligroso por la vida. Sus calcetines son duraderos y sabrosos. Basta con que se laven el rostro, se lo afeiten y listo.

En cambio una mujer para sentirse como tal necesita una considerable colección de zapatos de tacones altos y de colores variados; dura uno eternidades poniéndose las pantimedias, decidiendo cuál es el frente y corre el riesgo de romperlas en el momento mismo de ponérselas. Son, además, una sangría de dinero constante e inútil. A esto le sigue el infinito tiempo ante el espejo con la secadora para el cabello y no sé cuántos productos para dominarlo, con las pinzas rizarlo si se lo tiene lacio, o la planchadora para alaciarlo si lo tiene rizado. Luego el maquillaje minucioso que exige un desarrollo motriz fino que no desarrollan los hombres precisamente porque no tienen que maquillarse con base, disimulador de ojeras y arrugas, rubor, sombra, delineador de ojos, de cejas y de labios, lápiz labial, brillo labial y párele de contar.

Para mí esas son desventajas. No es lo mismo que meterse a la regadera, salir y afeitarse, pasarse el peine dos o tres veces por el pelo corto y práctico, ponerse calcetines que protegen los pies y zapatos diseñados inteligentemente para caminar con la menor incomodidad posible que someterse a la rutina del peinado, el maquillaje y el atuendo como lo hace día con día la mujer. ¿Acaso nadie piensa que esto debiera mínimamente cuestionarse, aunque lo ideal es que tal vez dejáramos de ejercer tantísima presión social para que la mujer invierta el tiempo, dinero y esfuerzo que invierte en detalles que no invierten los hombres?

Eso como si no bastara y ahora me salen con la carrera de los tacones. Y la mayoría de las notas que leí le dan un giro positivo dizque porque ésta demuestra que las mujeres pueden hacer frente a cualquier obstáculo. Esto es cierto pero, ¿quién carajos dicta que una carrera en estas condiciones es necesaria para demostrarlo? ¿Por estar dispuestas a correr en tacones? ¿Por estar dispuestas a que se emita un juicio de valor sobre ellas en función de su atuendo, su peinado y ¡su sonrisa!? ¿Cuándo fue la última vez que se hizo un evento de esta naturaleza pensado para hombres? ¿Cuándo los podremos ver a ellos corriendo con tacones los cien metros y en traje de baño (pero no de esos aguados y largos, no, se me ocurre que tal vez los llevados y traídos Speedos) y luego también les damos premios al que nos sonría más bonito y al que luzca mejor su Speedo?

¿Suena absurdo y estúpido? ¡Lo es! Igual me parece a mí esta carrera. Y conste que no tengo más que admiración por estas mujeres que saben aprovechar cualquier oportunidad para ganarse un premio monetario (así sean cupones para canjearse en una tienda departamental). Lo que me preocupa es el mensaje implícito y machista de que incluso en situaciones en donde la mujer tiene que demostrar habilidad, destreza, condición física y demás atributos necesita continuar objetivizada como ente sexual con la falda corta y los tacones altos porque no basta que pueda correr cien metros en menos de 15 segundos como lo hizo Yamilé Alaluf. ¡Su hazaña no tiene valor si no lo hace en tacones!

¡Por favor! No vaya a decirme que no es para tanto ni para enojarse… que lo es.