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La conciencia que no descansa

Margarita Hernández

A veces (pero sólo a veces) pesa tener conciencia de tanto. De hecho mi hija tan pequeña aún, cuando se enferma, me pregunta por qué existe el dolor, por qué existen las enfermedades, y no tengo forma de contestarle.

Esto de la conciencia tiene sus bemoles. Todos los días se dan cosas que me hacen tomar conciencia del mundo duro en que vivimos y de los privilegios que gozo. Claro, mis privilegios no son al estilo de los que gozan las estrellas de Hollywood o los multimillonarios del planeta; no obstante me doy cuenta clara de que en el amplio espectro de quienes tienen mucho y de quienes tienen poco o nada, me encuentro en una posición cómoda. Yo supongo.

Será precisamente por saber que mi familia procede de los millones y millones de seres humanos que poseen pocos privilegios es que a veces vivo los privilegios con culpa. Me decía un psiquiatra que no es inusual que cuando algún individuo logra dejar atrás un mundo de carencias y dificultades, viva con cierta culpa su situación de privilegios relativos, que se cuestione por qué a él le tocó diferente, qué ha hecho para salir de su círculo de pobres y desposeídos.

Le doy cierta credibilidad a esto porque me falta imaginación para visualizar a gente como Britney Spears o Paris Hilton, y demás seres humanos afines y relativos, teniendo alguna crisis existencial porque viven en la opulencia y los excesos materiales de todo tipo.

Simplemente mi rutina de las mañanas —empezando por la ducha— todavía adormilada, cobro conciencia de que es otro día y que estoy viva. Con cuánto fervor agradezco abrir los ojos a un nuevo día y al enorme privilegio de la bendita agua que me despierta, me despeja la mente y baña mi cuerpo. Sé muy bien que por el planeta hay millones de seres humanos que no tienen acceso a agua salubre para beber, mucho menos para bañarse, así que me baño agradecida sintiéndome culpable cada vez que me quedo más tiempo del debido gozando de la regadera con el agua justo a la temperatura de mi gusto. Luego cuando me lavo los dientes y se me olvida momentáneamente cerrar la llave mientras me los cepillo, me recrimino el agua desperdiciada.

En el trabajo tengo una lamparita muy linda en mi escritorio que me gusta ver encendida aunque no necesite su luz porque la luz natural que entra por los ventanales es suficiente, así que a veces me atrevo y la enciendo por un ratito y el sentimiento de culpa me obliga a apagarla porque pienso en la energía consumida innecesariamente.

Cuando se echa a perder algún alimento en mi casa y tengo que botarlo pido perdón por desperdiciar la comida, igual que cuando dejo comida sobrante en mi plato, porque sé de la hambruna que hay por tantísimas zonas del mundo. Pero he aprendido que seguro es más aconsejable pecar de lo primero que comer de más.

Como ve, tengo una conciencia muy activa y trabajadora, dispuesta a rendir horas extra y a echarme en cara cada privilegio, a recordarme de cuántos por el mundo no pueden o no tienen acceso a comodidades básicas y sencillas; pienso en los niños abandonados, maltratados, sufriendo las guerras, trabajando en lugar de ir a la escuela, viviendo en la calle, prostituidos; pienso en los padres sin empleo, sin dinero para alimentar a sus hijos. En fin, es larga mi lista de apuros y me atormento buscando una razón que explique tanta desigualdad entre los seres humanos que habitan el Planeta Azul.

¿Qué queda por hacer, entonces? No sé. Tal vez, me digo, sea no dar por hecho todo aquello que tenemos el privilegio de disfrutar. Tal vez se reduzca a aceptar que tenemos el deber de tratar de ser felices y productivos. Cualquiera que sea nuestro Dios creo que desea que vivamos alegres y confiados, que sintamos que el planeta es nuestro hogar y que lo cuidemos y lo respetemos, como debemos cuidar y respetar a todos los seres humanos con quienes tenemos el privilegio de compartirlo. Y yo no creo que Dios pida imposibles. ¿Usted?

Margarita Hernández, Traductora y escritora mexicana, radica en Carrollton. Para comentarios: margarita.hernandez@comcast.net.