Ir a la Página Inicio > Estilo > Vacaciones

Vacaciones  

Publicado el jueves 28 de agosto del 2008

Vaquero cosmopolita

Jinetes y motociclistas se reúnen en un histórico barrio de Fort Worth para vivir la cultura country

Agencia Reforma

FORT WORTH, Texas - Son las 4:00 de la tarde, y las banquetas lucen abarrotadas de personas que admiran el desfile de toros cuernos largos que diariamente atraviesa Stockyards, un histórico barrio considerado el embrión de la cultura vaquera estadounidense, el cual se localiza en Fort Worth, la quinta ciudad más grande de Texas, que, junto a Dallas (ubicada a 56 kilómetros al este), su vecina, conforma un corredor económico, cultural y turístico que atraviesa 12 condados y es el más prolífico del Estado.

Mientras las bestias impresionan a los asistentes con sus astas de más de un metro, un grupo de ancianos interpreta con violín, guitarra eléctrica y bajo el clásico repertorio country. Costillas a la barbecue acompañadas de cerveza son servidas en restaurantes con paredes de madera o en las mesas al aire libre.

Un hombre atrae a los curiosos con su vestimenta, armadura y actitud "cowboy"; él se considera la reencarnación de Bill Pickett, el legendario vaquero que inventó el "bulldogging", técnica que consiste en saltar de un caballo para someter a un novillo tomándolo por los cuernos.

Cuando los animales culminan su recorrido, los visitantes son atraídos por una representación del Viejo Oeste realizada en la antigua estación de ferrocarriles, que transportó, desde 1849, al ganado criado en Cowtown, término con el que fue bautizado Fort Worth.

Botas de cuero, pantalones de mezclilla, chalecos y sombreros abundan en Stockyards Museum, lugar donde se exponen desde los antiguos campamentos vaqueros hasta las distintas tecnologías de las carretas. Aquí también se encuentra el salón de la fama vaquera, que exhibe la biografía de los más intrépidos montadores, como Adam Carrillo, quien ganó más de 325 mil dólares en suertes de rodeo.

Pero el sitio donde se forjan los vaqueros del siglo 21 es Stockyards Championship Rodeo, en el que todas las noches de viernes y sábado se reúnen los mejores jinetes del Estado para mostrar sus dotes en la monta de toros salvajes, lanzamiento del lazo, derribe de novillo y hasta carrera de barriles, para la que compiten mujeres.

"Monto todos los fines de semana desde hace 30 años: es mi vida, y lo adoro", dice Bill, quien se dedica a herrar. Él monta toros salvajes desde los 5 años y perdió un ojo por una cornada que, además, le rasgó la mitad del rostro.

Pero en este barrio también confluyen vaqueros motorizados, quienes recorren la zona a bordo de rugientes Harley-Davidson. "Desde los 60, cambiamos los caballos por las motocicletas, porque son más veloces, aunque todavía quedan vaqueros reales en esta zona", dice Les, un veterano de la guerra de Vietnam que se reúne con otros motociclistas en Stockyards todos los fines de semana.

Chalecos y boinas de piel plagados de pines, gafas oscuras, pantalones de mezclilla y botas conforman la vestimenta de los nuevos jinetes, de barbas largas y brazos tatuados.

Noche de guitarras y sombreros Al anochecer, Billy Bob’s Texas se convierte, desde hace 27 años, en el protagonista de Stockyards. Este recinto, que mide más de 12 mil metros cuadrados, es el mayor "honky tonk" (nombre con el que se conoce a una clase de bares sureños en los que se toca música en vivo) de Estados Unidos.

En su interior, hay un pequeño rodeo, restaurantes, bares, videojuegos, mesas de billar, una tienda de artículos "western" y una pista de baile que suele lucir abarrotada por adolescentes y adultos que danzan, con giros típicos de salsa o pasos de balada, la música que interpreta una banda country hasta entrada la madrugada.

Un dúo artístico

Arte es lo que se percibe en esta próspera región texana desde el momento en que se desciende del avión y se pisa el Aeropuerto Internacional Dallas-Fort Worth, el cuarto más grande del mundo y cuya superficie supera a la isla de Manhattan. Al caminar por sus pasillos, los pies no se posan sobre monótonas losas, sino sobre coloridos medallones creados por artistas estadounidenses. Sus espacios, además de contar con los típicos establecimientos comerciales, tienen pinturas, fotografías y esculturas de creadores que emergen en la escena cultural del estado. Desde la terminal aérea, hay un par de opciones para continuar con la contemplación artística: Dallas, 29 kilómetros, y Fort Worth, a 38, donde destacan los siguientes museos.

Kimbell Art Museum

A pesar de su minúsculo tamaño y su colección de sólo 350 obras, este museo tiene la capacidad de cautivar por horas a los visitantes gracias a que de sus paredes cuelgan pinturas de los más renombrados artistas de todas las épocas.

Desde 1966, los administradores del recinto decidieron que este tuviera por lo menos una obra representativa de las diversas culturas y corrientes artísticas que han impactado en la historia de la humanidad. Por ello, con millonarias inversiones, conformaron en cuatro décadas una colección de piezas que abarca desde el año 3,000 a. C. hasta mediados del siglo 20.

Pinceladas de Monet, Cézanne, Picasso, Caravaggio, Rembrandt, Munch, Goya, Pussin y Duccio, entre otros, conviven en un mismo espacio, que a escasos pasos expone piezas de los imperios egipcio, asirio, griego y romano.

La representativa colección del Kimbell también incluye arte decorativo asiático en cerámica y bronce, figuras de piedra, concha y jade de las culturas olmeca, zapoteca, azteca y maya, esculturas africanas de madera y hasta un objeto maorí, etnia que pobló Nueva Zelandia.

Modern Art Museum of Fort Worth

El mayor proyecto fuera de Japón del arquitecto Tadao Ando fue este museo, inaugurado a finales de 2002 y que se caracteriza por un ambiente limpio y sobrio generado por enormes bloques de concreto unidos a ventanales de hasta 12 metros de alto, los cuales permiten ver un lago artificial y un jardín.

En el museo se exhiben más de 2 mil 600 pinturas, esculturas, instalaciones, intervenciones, dibujos, grabados, fotografías y videos creados en la posguerra, los cuales lo convierten en uno de los mayores recintos de Estados Unidos dedicados exclusivamente al arte moderno.

Seis líneas artísticas son atesoradas aquí: el expresionismo abstracto, con los experimentos en pincel del arte no figurativo y gestual de Jackson Pollock y Robert Motherwell; la pintura de campos de color, con las investigaciones del espacio bidimensional y el color puro de la Escuela de Nueva York; el neorrealismo, que aborda el capitalismo y las conductas que moldean la identidad del hombre moderno; el arte pop, con las obras tipo cómic de Andy Warhol y Roy Lichtenstein; el minimalismo, con la simplicidad de artistas como Dan Flavin y Carl Andre; el posminimalismo, con la reintroducción del toque humano de Martin Puryear, y la nueva imagen, cuyas pinturas evocan un regreso a la cuestión simbólica y figurativa.

National Cowgirl Museum and Hall of Fame

Las vaqueras que por su valentía protagonizaron episodios memorables en el oeste de Estados Unidos son recordadas en un museo que tuvo su origen en el sótano de una librería en Hereford, Texas, pero que se mudó, en 2003, al Distrito Cultural de Fort Worth.

En total son 181 mujeres que son reconocidas en el Salón de la Fama por destacar como escritoras, artistas, empresarias, educadoras, vaqueras y jinetes de rodeo. Por ello, la lista incluye a personajes como Sacajawea, indígena que guió, a finales del siglo 18, a un grupo de expedicionarios británicos en el primer viaje por el sur de Estados Unidos; Dale Evans, estrella de Hollywood; Georgia O’Keefe, pintora, y Annie Oakley, tiradora.

Además de la información de la lista de honor, este sitio muestra, a través de videos, las legendarias montas en los rodeos y testimonios de las mujeres que se atrevían a realizar esas suertes, e invita al viajero a subir a un toro mecánico para probar sus habilidades.

En el resto de las salas se expone la moda vaquera femenina, algunos temas de la música western, los artefactos usados durante la época del Viejo Oeste y las armas utilizadas.

Nasher Sculpture Center

Raymond y Paty Nasher, un acaudalado matrimonio texano, viajaron en los años 50 a México, y se impresionaron tanto con las esculturas prehispánicas, que desarrollaron una afición por toda clase de arte tridimensional.

Años más tarde, adquirieron dos obras de Henry Moore para adornar su hogar, y así iniciaron una colección que fue alimentada durante medio siglo por piezas de Miró, Matisse, Giacometti, Rodin y Serra, entre otros artistas.

Su acervo, conformado por 300 piezas, tuvo una vida nómada por diversos establecimientos, hasta que, en octubre de 2003, se inauguró el Nasher Sculpture Museum, uno de los recintos dedicados a la escultura más representativos del mundo y que reúne piezas de todas las épocas.

El edificio fue construido por el prestigioso arquitecto italiano Renzo Piano, quien ha diseñado museos en París, Basilea y Amsterdam, además del Aeropuerto Internacional de Kansai, en Osaka, Japón.

En su jardín de media hectárea, diseñado por Peter Walker, un arquitecto de paisajes con más de cuatro décadas de experiencia, yacen diversas esculturas entre fuentes, cedros, pinos y bambúes.

Dallas Museum of Art

Con 105 años de antigüedad, este gigantesco museo alberga más de 23 mil objetos de diversas civilizaciones que habitaron el planeta en los últimos 5 mil años.

Entre sus galerías, destacan la de Arte Americano Antiguo, con una cabeza de Tláloc de metro y medio extraída de Oaxaca; la de Pintura y Escultura Americana, donde destaca "Poder Suspendido", de Charles Sheeler; la de Arte Contemporáneo, con trabajos de Jackson Pollock; la de las Islas del Pacífico, con textiles y máscaras; la de Asia, con la escultura de Shiva Nataraja; la de Pintura y Escultura Europea, con pinturas de Courbet, Manet, Picasso, Matisse y Mondrian, y la de Artes Decorativas, que posee piezas de ornamentación de todo el mundo.

El museo también ofrece constantes exposiciones temporales; por ello, inaugurará el próximo 3 de octubre "Tutankhamun and the Golden Age of the Pharaohs", una exhibición de más de 130 artefactos extraídos de la tumba de Tutankamón y de otras zonas arqueológicas egipcias. Esta exposición ya fue montada en cuatro ciudades de Estados Unidos, en las que atrajo a 4 millones de visitantes en dos años, y permanecerá hasta el 17 de mayo de 2009.

Festín sensorial

En tu paso por Dallas- Fort Worth no dejes de contemplar las siguientes obras.

Walking to the Sky (2004), de Jonathan Borofsky, en el Nasher Sculpture Center, Dallas.

L’ Asie (1946), de Henry Matisse, en el Kimbell Art Museum, en FW.

Vénus et Adonis (s.17), de Nicolas Poussin, en el Kimbell Art Museum, en FW.

Cathedral (1947), de Jackson Pollock, en el Dallas Museum of Art.

Girls on the Pier (1903/1904), de Edvard Munch, en el Kimbell Art Museum.

Self Portrait (1986), de Andy Warhol, en el Museum of Modern Art of Fort Worth.

Constelación: despertando al amanecer (1944) de Joan Miró, en el Kimbell Art Museum.

Mujer desnuda peinándose (1906) de Pablo Picasso, en el Kimbell Art Museum.

Portrait of Isabelle Lemonnier (1879) de Edouard Manet, en el Dallas Museum of Art.

Ladder for Booker T. Washington (1996) de Martin Puryear, en el Museum of Modern Art of Fort Worth.

Creatividad urbana

El arte en Dallas no sólo se encontrará en los museos o en el aeropuerto, ya que próximamente serán construidos tres puentes diseñados por el arquitecto español Santiago Calatrava, los cuales atravesarán el Trinity River. Cuando esto ocurra, la ciudad texana será la segunda urbe con tres puentes del artista, pues Haarlemmermeer, en Holanda, ya los tiene.

Una de las construcciones lucirá un arco que en su mayor punto medirá el equivalente a un edificio de cuatro pisos.

Las obras se realizarán con recursos donados por la iniciativa privada, como sucede en la compra de obras de arte para los museos de la ciudad.