Publicado el viernes 10 de mayo del 2013

Mamás especiales

Sus hijos reciben paciencia, amor y tolerancia

Especial La Estrella Digital

Cuando se hicieron mamás más que felicitaciones hubo miradas de compasión y consuelo, porque ellas son madres con hijos especiales.

El futuro de sus hijos es incierto y cada día ellas deben encarar la vida con paciencia, amor y tolerancia para entender a sus hijos, lo que las hace ser tan felices como cualquier otra madre, afirman.

Aunque aseguran que al principio se enojaron, protestaron y no entendieron el por qué de su situación, con el tiempo han llegado a amar a sus hijos de forma inconmensurable y han hecho sacrificios que ahora, dicen, repetirían si fuera necesario.

‘Me hace muy feliz’

“Pobre de usted”, esa era la frase que Rosalba Talamantes solía decir cuando la gente la veía acompañada de su hijo con Síndrome Down y la compadecía.

“Me enojaba y les decía, ‘no, pobre de usted que no entiende y no sabe que mi hijo es como cualquiera, aprende de todo sólo que de manera más lenta’ ”, recuerda que les decía a las mujeres que por consolarla la compadecían.

Y es que Rosalba era madre de dos hijos, Milka hoy de 20 años, Éric de 14 años que nacieron sin ninguna condición de salud adversa.

Originaria de Guanajuato, Rosalba vive en Dallas desde hace 22 años, ella y el padre de sus dos primeros hijos vivían bien y sin angustias hasta que nació Édgar con el Síndrome Down, quien hoy tiene 7 años.

“Todo mi embarazo fue normal, lo único es que cuando nació mi hijo no lloró, se lo llevaron inmediatamente y yo no sabía qué estaba pasando hasta que regresó el doctor y me dijo que mi bebé había nacido con Síndrome Down”, recuerda.

Lo primero que hizo fue leer en el internet todo lo relacionado a esa condición, luego con su esposo decidieron darle las terapias que necesitaba y que costaban 200 dólares.

Divorciada del padre de sus hijos, ella pasó de tener una buena condición económica a limpiar casas para mantenerse y poder seguir pagando las terapias de su hijo.

“Pero ahora recibo ayuda del gobierno y tengo una vida normal porque yo decidí que así debía ser. Siempre traté a mi hijo igual que a los otros y él ni nota que es diferente.

“A mí, mi hijo si me ha cambiado la vida, pero me la ha cambiado para bien, me hace muy feliz, es dulce, tierno, cariñoso y es la alegría de sus hermanos mayores. Si la gente supiera lo hermoso que es no los harían a un lado ni los tratarían mal”, asevera.

Ahora Rosalba ya no se pelea más. “Nunca voy acabar de educar a la gente, pero ellos no saben lo que se pierden al no aceptar a este tipo de niños”.

‘Lo disfruto mucho’

La madre de Ulises tenía 27 años cuando dio a luz en un pequeño pueblo de Tamaulipas, luego cuando el bebé tenía seis meses se dio cuenta de que el sitio donde vivía ofrecía muy pocas posibilidades de ayuda a su hijo.

Así, ella (quien declinó dar su nombre) y su esposo abandonaron todo y vinieron a Dallas sin hablar el idioma, sin dinero y sin trabajo. “Mi hermana me dijo que acá lo podían ayudar más y es cierto, desde que llegamos ha recibido muy buena atención y eso le ha permitido desarrollarse”.

“El cromosoma número 8 de mi hijo es anormal, eso le produce una parálisis cerebral y reacciona como si tuviera diferentes edades de acuerdo a la situación que enfrenta”, explica.

Ulises va a la escuela preparatoria, tiene ahora 17 años, camina pero no es capaz de sostener una conversación, aunque habla lo suficiente para decirle a su madre constantemente que la quiere mucho, lo que para ella es suficiente recompensa. “A veces él mismo se desespera porque no puede hacer las cosas y se enoja, entonces lo dejo solo y trato de no molestarlo, luego reacciona y me pide disculpas y me dice que me ama”, detalla.

Los primeros años la madre dedicó todo su tiempo a Ulises, trató de ser madre de nuevo pero los hijos no llegaron; ahora, ella trabaja porque su hijo va a una escuela especial donde está casi todo el día.

Sus suegros vinieron también a este país y le ayudan a cuidarlo. Ulises incluso tiene ya su permiso de trabajo y su seguro social, ya que la Acción Diferida le permitió estar de manera legal.

Su madre admite que se desesperaba mucho antes, hasta que poco a poco entendió que debía aceptar a su hijo, y la realidad de que nunca será abuela y que su hijo no hará muchas cosas, pero a cambio tiene otras cualidades, como ser un joven dulce, sin malicia y cariñoso.

“Ahora ya no culpo a nadie, acepto lo que tengo y lo que mi hijo es y lo disfruto mucho”, acota.