Publicado el miércoles 27 de febrero del 2013

Fallece legendario pianista Van Cliburn

Star-Telegram

FORT WORTH — El famoso pianista Van Cliburn, quien se convirtió en una leyenda tras ganar la prestigiosa Competencia Internacional Tchaikovsky a los 23 años de edad y trascendió con su talento a nivel internacional, murió en Fort Worth a los 78 años de edad.

Cliburn, conocido como “El texano que conquistó Rusia”, como lo bautizó una portada de la revista Time, era un joven larguirucho que al viajar a Moscú en 1958 triunfó en un evento creado para mostrar al mundo la superiodad cultural soviética. El triunfo sin precendentes trajo un relajamiento en las tensiones entre las súper potencias rivales y creó un aura mítico sobre el poder del arte para unir a la humanidad.

Había sido anunciado que Cliburn, quien cumplió 78 años en julio, estaba sufriendo de cáncer óseo avanzado.

Amigo de presidentes estadounidenses, líderes extranjeros y celebridades de Hollywood, Cliburn se convirtió en un personaje habitual en el acontecer diario de Fort Worth. En los ochenta, se mudó de un apartamento en la ciudad de Nueva York a una mansión en el suburbio exclusivo Westover Hills de Fort Worth. En las décadas desde entonces, se le veía con regularidad en eventos culturales locales o entregando medallas a los ganadores de la prestigiosa competencia de piano de Fort Worth que lleva su nombre.

Un famoso noctámbulo, Cliburn era bien conocido por su visita en horas de poca afluencia al Ol’ South Pancake House en University Drive, siempre vestido en su conocido traje oscuro. Un hombre de profunda fe cristiana, era miembro de la iglesia Broadway Baptist, sentándose en las bancas de atrás poco antes que los servicios empezaran cada domingo, cuando estaba en la ciudad.

Su triunfo legendario en Moscú se convirtió en noticia mundial. A su regreso a los Estados Unidos, se realizó un desfile en Nueva York, el único músico clásico que ha tenido ese honor.

“En 1958, demostró al mundo que la música es una fuerza trascendental que va más allá de las fronteras políticas y culturales y unifica a la humanidad. Era un ejemplo muy concreto de eso”, dijo Veda Kaplinsky, jefa del departamento de piano en la Escuela Juilliard en Nueva York. “Más allá de eso, su legado es el de una persona que encarnaba la gracia, la humildad, el talento, la bondad y la sinceridad. Él era un ser humano antes que todo. Nunca perdió eso”.