Publicado el viernes 01 de febrero del 2013

Habré yo muerto y seguiré cantando, decía el poeta Rubén Bonifaz Nuño

Agencia Reforma

Desde su cama, Rubén Bonifaz Nuño se llevaba la mano a la altura de las cejas y decía: "De aquí para arriba, todo perfecto".

Falleció ayer alrededor de las 7 p.m. horas, el poeta iba a cumplir en noviembre 90 años. Su cuerpo ya no le respondía y pasó los últimos meses recostado, atrapado en la ceguera que lo había asaltado años atrás, de forma paulatina.

Pero siempre estuvo lúcido, advirtió a REFORMA quien fuera su alumno y amigo, el académico Bulmaro Reyes Coria. Es él quien recuerda al poeta llevándose la mano a la altura de las cejas y sonreír, porque el humor, asegura, siempre estuvo allí.

A decir de Paloma Guardia, su asistenta por 32 años, hasta los 88 años y medio acudió diariamente a su oficina en la UNAM, pero fue hace cinco meses que decayó por un principio de neumonía y ya no se recuperó.

"Se trata de una pérdida dolorosa para la poesía mexicana", señaló Jaime Labastida, presidente de la Academia Mexicana de la Lengua. "Durante muchos años fue un factor decisivo en nuestra cultura. La mayor parte de los poetas mexicanos, si no es que todos, vamos a estar de luto por la muerte de Rubén..."

Otro de esos poetas es Marco Antonio Campos, quien aseguró que uno de los grandes regalos que le dio la vida fue su amistad.

"Era un hombre que sabía, como pocos, escuchar. Tenía un gran respeto por el interlocutor; algo que siempre me sorprendió de él, después de lustros de tratarlo, era que siempre sabía algo más de lo que uno creía. Por ejemplo, los últimos años me sorprendió lo mucho que sabía de tango", recordó.

En el plano de las letras, era de los grandes del Siglo 20, subrayó Campos: "Como todo gran poeta con una obra amplia, fue varios grandes poetas, porque un libro no tiene por qué parecerse al otro. Es también el caso, por ejemplo, de Octavio Paz o de Pablo Neruda (...) Dentro de las formas clásicas que utilizó hizo una renovación; le dio una nueva música al castellano. Fue uno de los pocos que supo incorporar el mundo prehispánico en su poesía, sobre todo en el libro Fuego de pobres, sin que pareciera pintoresquismo o folclor".

Al referirse a su obra, Ramón Xirau llegó a decir que descubrió en su poesía que "si algo nos salva (...) es el amor", mientras que Alí Chumacero expresó: "Yo llegué a una perfección; él ha llegado a varias", según rescató el Fondo de Cultura Económica en la reciente compilación de las obras completas del poeta.

De entre la bibliografía de Bonifaz Nuño son inolvidables, a decir de Campos, Los demonios y los días, El manto y la corona, La flama en el espejo, pero, sobre todo, Albur de amor.

Reyes Coria, director de la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana, de la UNAM, evocó al traductor. Trajo del latín y el griego a autores como Catulo, Propercio, Lucrecio, Píndaro, Ovidio y Virgilio.

"Fue fundador del Instituto de Investigaciones Filológicas, donde se halla el semillero de los estudiosos del mundo clásico. De esos estudiosos, él era el primero en todos sentidos".

Dejó inconclusa la traducción de los epigramas completos de Marcial.

Paloma, su asistenta, se escuchaba desecha del otro lado del auricular. Charlaba con él todos los días. En su última conversación, por ejemplo, le mostró preocupación por el momento que atraviesa el país y por su hermana mayor, a quien iba a dejar con 93 años. "Pero él ya estaba preparado para irse", señaló Paloma.

Toda muerte tiene un parte médico, pero ella prefirió compartir las razones que le dio el propio poeta: "Estoy viejo y muy cansado".

Ante su fallecimiento, sucedido en su casa de la Colonia San Bernabé, en la Magdalena Contreras, el Conaculta y la UNAM anunciaron que le alistarán un homenaje, aunque no dieron detalles. Esta mañana, por lo pronto, será velado en Gayosso de Félix Cuevas.

La UNAM, 'más que mi casa, mi todo'

Rubén Bonifaz Nuño nació en Córdoba, Veracruz, el 12 de noviembre de 1923, debido a que su padre, telegrafista, había sido destinado a esa ciudad, pero creció en el Distrito Federal.

Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria, donde tuvo como compañero al escritor Ricardo Garibay. Licenciado en Derecho, con maestría y doctorado en Letras Clásicas por la UNAM, inició su carrera como profesor de latín en la Facultad de Filosofía y Letras de esta Universidad en 1960.

La UNAM fue para Bonifaz Nuño, decía, "más que mi casa, mi todo". Ahí desempeñó cargos como director general de Publicaciones y coordinador de Humanidades antes de fundar y dirigir en 1973 el Instituto de Investigaciones Filológicas, cuya biblioteca lleva su nombre. En 1989 fue nombrado investigador emérito de la UNAM.

El Fondo de Cultura Económica publicó recientemente su Poesía completa, que incluye los libros De otro modo lo mismo, Versos (1978-1994) y Calacas, con un prólogo del poeta español Luis García Montero titulado La poesía como destino. Bonifaz Nuño reconocía en su obra una obsesión por el tema del hombre amenazado por fuerzas desconocidas. "Una amenaza exterior", definía, "contra la que no puedo tener más defensa que el pensamiento, la esperanza, el miedo".

En 1953 publicó Imágenes, su primer poemario. Pero consideraba Los demonios y los días (1956) su libro más importante. Con los poemas amorosos de Bonifaz Nuño de El manto y la corona, escribe García Montero, "se aprende a amar, a hacer el amor y a hacerse el enamorado". "Desde sus primeros poemas", agrega el español, "el amor y la muerte abren un interrogatorio único sobre la vida".

En la nómina de traducciones de Bonifaz Nuño figuran más de 20 autores grecolatinos, la mayoría publicados en la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana. Confesaba su predilección por el poeta Cayo Valerio Catulo, aunque consideraba a La Iliada de Homero la "cima" de su trabajo.

Ingresó como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua en 1963, a la que renunció en 1996 por motivos personales, y pertenecía a El Colegio Nacional desde 1972. En 1993 fue nombrado investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores y creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Entre las distinciones que recibió figuran el Premio Nacional de Ciencias y Artes (1974), el Premio Universidad Nacional (1990), el doctorado Honoris Causa por la Universidad Veracruzana (1992), y el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde (2000).