Publicado el jueves 31 de enero del 2013

‘No somos un Estado fallido’, entrevista con el gobernador de Guerrero

Agencia Reforma

MÉXICO, DF — El gobernador Ángel Aguirre niega que Guerrero sea un ejemplo de Estado fallido, pero a lo largo de la entrevista describe un estado al borde del colapso.

Sumido en una ola de violencia, descomposición del tejido social y una fuerte presencia del crimen organizado, Guerrero enfrenta además la pobreza ancestral: de sus 81 municipios, 46 deberán ser atendidos en la Cruzada Nacional Contra el Hambre, pues un millón 443 mil guerrerenses viven en carencia alimentaria y 977 mil en pobreza extrema.

2013 trajo una nueva calamidad: la aparición de nuevos grupos de autodefensa que, haciendo valer su propia ley, instalaron retenes, mantienen a 40 presuntos delincuentes en el régimen de reeducación; detuvieron a otros seis y mataron a uno que intentó escapar.

"En Guerrero las instituciones están funcionando dentro de la normalidad, en lo que es su Poder Legislativo, el Poder Judicial... en el gobierno del estado estamos desarrollando programas, atendiendo muchos de los reclamos de la sociedad, haciendo cosas que no se habían hecho como atender a madres solteras, entregando uniformes en las escuelas...

"Yo no hablo de Estado fallido, yo hablo de que ahí tenemos un problema serio, íntimamente ligado a la pobreza y a la violencia, hablo de que se voltee a ver más al sur", comenta.

El próximo 1o. de abril Aguirre cumplirá dos años en el cargo, ahora como militante del PRD. Cuando era priista, fue gobernador interino de 1996 a 1999, supliendo a Rubén Figueroa después de la matanza de 17 campesinos en Aguas Blancas a manos de la policía estatal.

Al pedirle comparar al Guerrero del 99 con el que le entregó su antecesor, Zeferino Torreblanca, el ex priista hace una mueca, piensa la respuesta y sentencia: "nunca pensé que me encontraría una entidad como la que recibí. Muchos reclamos no fueron atendidos ni escuchados. La presencia de grupos delictivos se dejó crecer.

Cuando yo llegué, en Acapulco los miembros de la delincuencia organizada se paseaban por todos lados, iban y cerraban discos, reservaban restaurantes enteros... No había centro de monitoreo, policía acreditable, centro de certificación de policías...".

Hoy, afirma Aguirre, esta situación empieza a cambiar, pero admite que es un proceso lento, y no se puede resolver todo de la noche a la mañana.

El gobernador habla en el lobby de un lujoso hotel de Polanco, en la Ciudad de México. Es miércoles y acaba de reunirse con el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Antes de comer con la secretaria de Turismo, su paisana Claudia Ruiz Massieu, accede a una entrevista para explicar por qué el surgimiento de grupos de autodefensa en varios municipios de La Montaña y la Costa Chica.

Lejos de desacreditar a la Policía Comunitaria que ha tomado el control de la seguridad en 12 municipios de Guerrero, Aguirre elogia su trabajo.

Explica que esta agrupación surgió en 1995 en el municipio de Malinaltepec. A él mismo, siendo gobernador interino, le tocó otorgarles reconocimiento oficial y sus primeras armas. Hoy en día, esta policía cuenta con 800 elementos.

"En la medida en la que estén dentro de un marco legal, es importante y benéfica la coadyuvancia que den. Tenemos que reconocer que en estos pueblos ha habido una disminución muy sensible de los delitos. Tal vez no tenga la capacitación de otras policías, pero sí tienen un espíritu de transparencia y honestidad. Su labor es admirable, es loable porque a veces ponen en riesgo sus propias vidas", comenta.

La Policía Comunitaria depende de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC) y, según Aguirre, el gobierno estatal ha podido a través de esta organización, otorgarles capacitación en asuntos como derechos humanos.

Pero la CRAC elegirá un nuevo dirigente en los próximos meses y en ese contexto ha surgido la Unión de Pueblos Organizados del Estado de Guerrero, que auspicia grupos civiles de autodefensa que, con los rostros cubiertos, han instalado retenes para detener a presuntos delincuentes. La UPOEG es dirigida por Bruno Plácido Valerio, aspirante al liderazgo de la CRAC.

"Les he pedido que cualquier fisura que exista entre ellos la puedan limar, porque al final están luchando por lo mismo... Deben quitarse los protagonismos que no conducen a nada. Les he dicho a los que aparecen encapuchados, primero, que la Policía Comunitaria no usa esas máscaras; segundo, para que ellos sean acreditados y porten los uniformes tienen que pasar por un proceso. Y les he pedido que sean respetuosos de los derechos humanos", señala.

Aguirre admite señales preocupantes: la desconfianza de estos grupos en los jueces, ministerios públicos y policías municipales; su negativa a que el presidente de la comisión estatal de derechos humanos entrara a supervisar las llamadas "casas de justicia", donde hay 40 detenidos, y su afán de juzgarlos por su propia cuenta.

Narco y pobreza

El gobernador admite la presencia de grupos criminales en su entidad; incluso reconoce que en algunas comunidades, como lo constató personalmente hace unos días en el municipio de Copalillo, estos grupos extorsionan a los propios alcaldes y pretenden controlar el territorio.

"El tejido social se fue poniendo en una situación de riesgo, porque descuidamos lo social, lo productivo y, al mismo tiempo, las policías municipales no son confiables", apunta.

En Guerrero, precisa el mandatario, operan 8 mil policías municipales y sólo 2 mil 500 agentes estatales. Urge, dice, una policía única.

Niega, sin embargo, que la presencia del crimen organizado y la violencia puedan impedir que lleguen a ciertas comunidades los apoyos sociales previstos por el nuevo gobierno en el marco de la Cruzada "Sinhambre".

Aguirre finca sus esperanzas en la cruzada anunciada por Enrique Peña Nieto, pero mientras los apoyos llegan, admite sin reparo: "hoy la condición en la que se vive en muchos pueblos de Guerrero está para decir: ’oiga gobernador, por lo menos lléveles algo de comer’. Hay niños que no acuden a la escuela porque no han desayunado".

Pese a todo insiste: "yo no hablaría de un Estado fallido".