Publicado el lunes 24 de deciembre del 2012

Apoyan a migrantes que van de paso

Agencia Reforma

IRAPUATO, Guanajuato — Por aquí desfilan decenas de personas cada día. Hasta 60 en 24 horas, y la Noche Buena no es la excepción.

En esta época, mientras millones de familias celebran reunidas con una cena o fiesta, cientos de migrantes tienen su propio drama, lejos de sus casas y enfrentando riesgos.

Pero aquí, encuentran un refugio y el abrigo navideño.

"Queremos que sientan el ambiente navideño, que lo disfruten a pesar de la distancia y la lejanía de su familia, pero sabiendo que aquí tienen un hogar", dice María Eugenia Torres, directora de la Casa de Asistencia al Migrante.

El deseo de ayudar a quienes van en busca de trabajo a Estados Unidos, le hizo crear La Casa del Migrante de Irapuato, la cual se alista para celebrar una cena para quienes pasen esta noche bajo su techo.

El menú constará de tamales, buñuelos y pavo horneado, que serán obsequiados por familias benefactoras de Irapuato.

"La cena será a través de donaciones de personas de buena fe, los migrantes tendrán su cena, su espacio para convivir, para recordar a la familia que se encuentra lejos, su momento para reflexionar, no estarán solos.

"Tratamos de que en este espacio reciban amor, respeto y una oportunidad de ver la vida con sentido espiritual", comenta María Eugenia.

En este sitio, el último año y medio, han encontrado alojamiento, alimentos y cuidados médicos 7,000 personas indocumentadas, principalmente centroamericanas, que han transitado por Guanajuato en su trayecto a Estados Unidos.

Tal es el caso de Laura, quien con un hijo en brazos y embarazada, salió de Guatemala hace tiempo.

Llegó a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y abordó el tren en el que viajan decenas de inmigrantes indocumentados. Ella y su pareja arribaron a Irapuato, donde se establecieron por dos días; cuando decidieron reiniciar su viaje a Estados Unidos la tragedia los alcanzó.

Con el tren en movimiento, la pareja de Laura le dio al hijo a un migrante que ya estaba arriba, pero ellos no pudieron subir y el niño partió sin sus padres.

Laura llegó a la Casa del Migrante, donde recibió apoyo de María Eugenia, quien decidió buscar al niño. Siete meses después lo hallaron en Pachuca, Hidalgo: estaba en el DIF municipal.

Pese a realizar los trámites legales, Laura no consiguió tener a su hijo de inmediato, porque fue acusada de formar parte de una banda de secuestradores y tuvo que esconderse.

Luego de dos meses pudo demostrar, con pruebas de ADN, que el niño que reclamaba es su hijo.

Laura se separó de su pareja y buscó ayuda para ser bautizada, junto a sus hijos, y realizar su primera comunión.

Para la ceremonia contó con padrinos que apoyan a la Casa del Migrante, y la misa se realizó en un templo de Irapuato.

"Me siento una mujer dichosa, en la Casa del Migrante encontré una familia, personas que me aman y yo las amo, estaré eternamente agradecida", dice ahora Laura, quien está por decidir si intenta llegar a Estados Unidos o si regresa a Guatemala.