Publicado el jueves 20 de deciembre del 2012

La Navidad lejos de casa no siempre es celebración feliz

Especial La Estrella Digital

Con uno, con dos, con 10 o hasta con 20 años de vivir en este país, los inmigrantes mexicanos sólo tienen un deseo para la celebración de la Navidad: Hacer la fiesta lo más parecida posible a su país de origen y repetir las tradiciones para sentirse “un poco en casa y en familia”.

Aunque la Navidad es una época de gozo y regocijo para la mayoría de los pueblos hispanos, los inmigrantes que no pueden viajar por estas fechas a su tierra pueden deprimirse con más facilidad y es una época muy propicia para que la gente se sienta mal, triste, nostálgica y en el peor de los casos deprimida, opina Ema Esqueda, psicóloga.

“Por eso es muy común que los inmigrantes traten de repetir lo que hacían en sus casas, con sus familias y es válido. Muchos deciden ir a casa de otra familia, de vecinos o conocidos para no pasarse solos esa fecha que es tan importante para la cultura mexicana”, aclara Esqueda.

Joaquín Ortigoza Lobato, 47, originario de Puebla, vive en Fort Worth desde hace casi tres años y no tiene familiares en este país. El comparte una casa con otras personas y trabaja vendiendo paletas. Sin documentos para trabajar legalmente y con un salario muy bajo se le hace difícil viajar a México.

“Pues trato de no ponerme triste, me voy con una familia conocida y ahí cocinamos, hacemos tinga, tostadas, pozole, y así, las comidas típicas y nos juntamos para platicar y estar en familia”, relata Ortigoza.

Lo que hace él como otros inmigrantes es mandar un dinero extra para los regalos y les llaman a sus hijos y esposa esa noche.

“Pues me vine para darles una mejor educación. Ahora tengo una hija que es maestra y un hijo que ya va a terminar su carrera y pues desde acá los sigo apoyando”, explica.

Para Argelia Hernández, originaria del Distrito Federal y quien lleva tres años viviendo en Dallas, la Navidad en este país es muy artificial.

“La primera Navidad que pasé en Dallas había llegado apenas unos días antes y vivía en un cuarto con una cama y una mesa, así que sí estuvo muy triste. Me vine por cuestiones de trabajo y ya debía estar trabajando, no era algo que pudiera aplazar, así que me tocó estar sola y sí fue muy triste”, recuerda.

El segundo año lo pasó con un amiga y ahora será igual. “Nos reunimos, cocinamos y tratamos de pasarla bien, pero nada como las celebraciones de México; allá hay posadas, piñatas, cantamos, se reparten los aguinaldos y los vecinos se van turnando para la fiesta”, explica.

Ella también llama a su familia a la medianoche para saludar a todos.

Esqueda afirma que lo que ayuda a muchos inmigrantes a sentirse mejor es recordar el objetivo por el que están en este país. “Ya sea para mandar dinero a sus familias, para que sus hijos tengan mejor educación o para que ellos mismos vivan de otra forma. Lo que deben hacer es enfocarse en lo bueno, en lo positivo y en la medida de lo posible tratar de comunicarse con su familia. Ahora gracias al internet hay más posibilidades hasta de verlos”.

En la casa de Ortigoza Lobato no hay árbol de Navidad. “Apenas unas luces que ponemos aquí para adornar la casa”, y en la de Hernández tampoco hay un pino. “Yo puse un minipino y adorné mi mesa muy navideña, pero nada grande”.

Esqueda afirma que no colocar adornos navideños es algo normal entre la gente que está sola. “Verlos sólo les refuerza el sentimiento de tristeza”, explica.

Francisco Ixta, 34, originario de Michoacán, vive en Fort Worth y comparte la casa con unos primos. “Lo que más extraño en Navidad es a mis padres, los amigos, todo el pueblo y sí, anda uno un poco achicopaladón en estas fechas. Hasta me pregunto si hice bien en venirme a vivir a Estados Unidos”, dice.

Ixta vive aquí desde hace 14 años, pero aún así sigue extrañando pasar la Navidad en su casa. Él también va a cenar a casa de una familia amiga, pero explica que no es nada especial.

Luis Martínez, originario de Zacatecas, 52, ya ha pasado tres navidades alejado de su esposa y de dos de sus hijos, “pero yo soy afortunado, la vida siempre me ha tratado bien y aquí vivo con mis hijos, así que las fiestas de Navidad no se me hacen muy feas, no con mucha nostalgia porque tengo a la mitad de mi familia”.

Sin embargo, Martínez trata de mantenerse ocupado. Tiene dos trabajos “y cuando es mi día de descanso salgo a pasear en mi camioneta a gastar gasolina, no me gusta estar encerrado”, cuenta.

“La Navidad sí es muy diferente pero es que traigo diferentes patrones culturales”, afirma Martínez.

“Ya sea pasar la fecha con familias amigas o vecinos, lo recomendable en estas fechas es no quedarse solo y si no hay opciones, lo mejor es mentalizar que esto es temporal”, recomienda Esqueda.