Publicado el martes 18 de deciembre del 2012

Ramsés III, último gran faraón de Egipto murió degollado

Notimex

MADRID — Un asesino cortó la garganta del último gran faraón de Egipto en el clímax de una batalla de sucesión, de acuerdo con un estudio forense sobre la muerte de Ramsés III hace 3,000 años.

Un grupo de científicos, encabezados por el ex titular del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, Zahi Hawass, parecen haber aclarado el misterio –en forma de tragedia y conspiración– en torno al deceso de Ramsés III, quien gobernó por más de tres décadas.

La tecnología forense sugiere que Ramsés III, venerado como un Dios, encontró la muerte a manos de un asesino, o asesinos, que habrían sido enviados por su conspiradora esposa y su ambicioso hijo, reportó este martes el diario Egypt Independent.

Imágenes por tomografía computarizada (CT) de la momia de Ramsés III muestran una herida profunda en la garganta, justo debajo de la laringe, que cortó la traquea y las arterias principales, una lesión de siete centímetros de largo que llegó casi a la columna vertebral.

Al final de su reinado, Ramsés III designó a Ramsés –hijo que tuvo con su primera esposa– como su sucesor, pero su segunda mujer, llamada Tiy, molesta organizó una conspiración para que su vástago Pentaouret ascendiera al trono.

Según las referencias históricas, los conspiradores, que incluyen a oficiales y soldados, habían planeado actuar contra Ramsés III durante la celebración de la Fiesta del Valle en Medinet Habou, utilizando figuras mágicas, pero fracasaron y fueron llevados ante un tribunal.

La mayoría de los conspiradores fueron ejecutados y a sólo siete de ellos, incluido Pentaouret, se les autorizó suicidarse.

Sin embargo, en las actas del juicio –elaboradas sobre papiro– no se menciona el destino de Ramsés III, ni si el proceso fue completado después de su muerte.

Egiptólogos han propuesto tres hipótesis: el intento de asesinato de Ramsés III tuvo éxito pero el resto del golpe de Estado fracasó; el complot fue frustrado y el faraón murió de causas naturales; o murió de las heridas infligidas durante la conspiración.

El estudio halló, oculta bajo gruesas tiras de lino, una lesión profunda probablemente realizada con una cuchilla muy afilada, que llegó casi a las vértebras cervicales, cortando todos los tejidos de la superficie anterior del cuello, la tráquea y las arterias.

Como los embalsamadores nunca hacían incisiones en esa área del cuerpo, la lesión no puede ser postmortem, apuntaron los investigadores, que además detectaron en las imágenes un pequeño objeto de 15 milímetros de diámetro insertado en la herida.

Al parecer, este objeto es un pequeño amuleto, conocido como Ojo de Horus, que los embalsamadores dejaban en las incisiones para "limpiar" las entrañas del cuerpo, una manera de curación para la otra vida.