Publicado el lunes 17 de deciembre del 2012

Muestran apoyo a Newtown

Agencia Reforma

NEWTOWN, Connecticut — Hace dos semanas, las familias de Newtown se congregaron alrededor del gigantesco pino en el centro de Sandy Hook para la tradicional ceremonia en la que se encienden las luces navideñas; sin embargo, este fin de semana, tras la matanza escolar que sacudió al país, ese lugar se convirtió en un santuario cargado de mensajes de amor para los familiares de las víctimas, y generó incontables muestras de apoyo y cariño.

Una mujer de Carolina del Norte donó 26 árboles de Navidad; otra, de Long Island, envió 3 mil muñecos de peluche para que fueran repartidos entre las familias del lugar; bomberos de Texas enviaron 2 pinos; la Cruz Roja llegó a ofrecer su ayuda a la comunidad, y hasta se vieron perros "terapeutas" que intentaban llevar algo de consuelo.

Durante el encendido del árbol navideño los niños de la localidad bebieron chocolate caliente, cantaron villancicos y gritaron su júbilo ante las luces de colores.

"Cada vez que encendemos el árbol es como si fuera algo sacado de una película. Y, dos semanas después, pasa esto", dijo Carroll Tomassetti, mientras repartía los muñecos de peluche donados.

El lugar ahora luce como un santuario lleno de velas, flores, cartas, mensajes escritos en cartulinas, tarjetas navideñas y 26 osos de peluche -20 color marrón claro con los nombres de los niños asesinados y 6 más oscuros con los nombres de las mujeres que trabajaban en la escuela- que alguien dejó en el lugar.

Bobbie Parker, padre de Emilie, una niña rubia de gigantescos ojos celestes, fue el primero en narrar el dolor que viven los padres de los niños fallecidos. Él describió a su hija como una artista creativa, una persona afectiva que siempre llevaba consigo colores para dibujar.

Otra familia, la de Jessica Rekos, la mayor de tres hijos, comentó que a la pequeña le encantaba montar y hacer dibujos de caballos.

"Le había pedido a Santa Clos botas y un sombrero de vaquera", señalaron en un comunicado.

Entre los niños que murieron tras el ataque de Adam Lanza también estaba Noah Pozner, un niño judío que recién había cumplido 6 años el pasado 20 de noviembre.

"Perder la vida de alguien es terrible pero cuando es un chico, que ni siquiera empezó su vida, y es tan cercano, es peor", declaró a Douglas Phillips, un puertorriqueño que llevó un ramo de rosas junto a su mujer y su hijo.

Según autoridades, la matanza del viernes pudo ser peor, pues el asesino aún tenía varias municiones disponibles para utilizar cuando se quitó la vida, algo que se cree ocurrió cuando los primeros oficiales ingresaban a la escuela para interrumpir la masacre.

Minutos antes, Lanza le había disparado cuatro veces a su madre en la cabeza. Luego, condujo hasta la escuela, donde se suicidó tras acribillar a 6 mujeres y 20 niños de primer grado que asistían a clases en dos aulas y que comenzarán a ser enterrados hoy.

"Suponemos que fue durante el episodio en la segunda aula que escuchó venir a los oficiales y al parecer ahí decidió quitarse la vida", explicó ayer en una entrevista con la cadena ABC el gobernador de Connecticut, Dannel Malloy, quien aún no tiene información sobre los motivos que llevaron a Lanza a cometer tales crímenes.

Mientras proseguían las especulaciones sobre el caso, un mensaje pegado en la vidriera de un comercio del pueblo resumía lo que todos piden en Newtown: "denle un abrazo a sus seres queridos".