Publicado el viernes 14 de deciembre del 2012

Enfrentan a diario el drama del inmigrante desempleado

El trabajo puede llegar pero a veces se devuelven a casa sin obtenerlo

Especial La Estrella Digital

IRVING — Llegó el frío y con él, para los llamados jornaleros, una nueva preocupación aunada a la falta de un trabajo estable.

Los jornaleros son trabajadores que a diario se paran en la esquina de las calles Belt Line y Willow Creek Dr. para ofrecer su mano de obra.

“No son días buenos en el invierno porque baja mucho el trabajo”, dijo Alejandro Castro, un inmigrante de El Salvador.

Son casi 50 los jornaleros que al igual que Castro, buscan el diario sustento desde esta esquina, son trabajadores que salen de sus casas “con la pura bendición”.

“Estamos aquí todos los días. Nos levantamos y nos salimos con la buena de Dios, nomás con la pura bendición. Si no sale trabajo, nos regresamos sin nada, ni siquiera para comprar comida”, señala Castro. Tal es el drama diario que enfrentan estos trabajadores.

Frank Durán es otro jornalero. Él llegó a la esquina con dos dólares en la bolsa y un sandwich de queso que trajo para la hora de la comida.

El dinero es solamente para asegurar el regreso a su casa. “Me vine con dos dólares nada más, pero es para el camión de regreso por si no me sale trabajo ya tengo lo de mi camión”, dijo Durán, quien nació en California.

Junto a ellos está la única mujer que busca trabajo de este lugar, se llama Gladis Alvarado y es de El Salvador, país en donde dejó hace seis años a sus tres hijos que hoy día tienen 11, 10 y 8 años.

“Pues a veces no hay nada de trabajo y me desespero pero hay que aguantar”, dijo Alvarado mientras espera que algún contratista se la lleve a laborar.

“Aquí la respetamos y la cuidamos, se va con nosotros cuando hay que hacer trabajo que no sea muy pesado”, dijo Felipe González, otro trabajador.

Muchos de ellos son el sostén familiar, son cabeza de familia y si no llevan dinero a su casa no habrá para pagar la renta, los servicios ni para comprar comida.

“Son días muy dificiles y desesperantes”, dijo Castro. Ellos saben que cada día es incierto, sin embargo venir a esta esquina significa la esperanza.

“No podemos quedarnos con los brazos cruzados en la casa, hay que venir todos los días”, dijo Castro.

Pero los jueves son diferentes en esta esquina, ya que Roberto Corona, del grupo Pueblo sin Fronteras, les trae a los jornaleros pan dulce y café.

Corona llega a eso de las 7 a.m., algunos jornaleros ya lo conocen y se acercan con confianza, otros observan desde lejos y con cautela se aproximan poco a poco al ver que sus compañeros de esquina disfrutan del café y del pan.

En esta ocasión los joraleros disfrutaron de pan y café cortesía de los trabajadores Elizabeth Barrientos, Esteban Ramírez y Natalia Carvajal de la Panadería Argentina Bakery de Belt Line, quienes decidieron unirse a la causa de Corona y pagar por su cuenta lo donado al activista.

Lo hacen por solidaridad con los inmigrantes que, como ellos, llegaron a este país en busca de mejores oportunidades.

“Es gente buena que decentemente busca trabajo, y me imagino que es dificil para ellos en este tiempo conseguir un trabajo diario”, dijo Barrientos, originaria de Veracruz.

Para Corona, el café con pan es más que un acto de caridad y apoyo humanitario, pues aprovecha para hablarles de la importancia de estar oganizados.

“Que busquen la coalición para que se organicen y eviten ser víctimas de robo e injusticias”, dice Corona mientras sirve el café.

Y es que, explica Corona, con frecuencia son víctimas de abusos, no les pagan o les pagan menos. Ellos, dice, quieren integrarse pero todavía les hace falta voluntad.

Corona espera “que ellos mismos sean quienes vean por su seguridad”, dijo.

Pueblo sin Fronteras, dijo Corona, ya tiene casi lista una oficina en esta ciudad en donde el objetivo es que los jornaleros tengan su centro de trabajo.

Un lugar en donde coordinen sus actividades, un espacio en donde los contratistas honrados pasen por ellos para ir a trabajar, pero ademas un centro en donde se levante un censo en donde cada empleador deje sus datos para evitar injusticas y abusos laborales.

“Tenemos confianza en que muy pronto tendremos ese lugar listo”, dijo Magdaleno Martínez, quien participa organizando y convenciendo a sus compañeros de la importancia de ir a las juntas que propone Corona.