Publicado el lunes 03 de deciembre del 2012

El pacto ‘es un riesgo, sí, pero vale la pena’: dirigente del PRD

Agencia Reforma

MÉXICO, DF — Unas horas antes en la tribuna del Congreso lo acusaron de ser un presidente de la República con alto déficit de legitimidad. Ahora, los perredistas sólo tienen para Enrique Peña Nieto buenos deseos, apretones de manos y abrazos fraternos.

El cónclave del PRD que celebraba en una de las orillas del Alcázar la firma del Pacto por México, se sorprende cuando aparece ante ellos el mandatario federal priista, quien antes de salir opta por acercarse a quienes le achacaron en los últimos meses usar dinero ilícito en su campaña.

El líder perredista Jesús Zambrano lo despide con un fuerte abrazo y una decena de ellos los rodea para tomarse la foto del recuerdo.

"No es como hace seis años. Andrés Manuel López Obrador ya no está en el partido. Ahora la relación con el Presidente puede ser diferente", argumenta uno de ellos.

Durante el sexenio de Felipe Calderón, ningún dirigente del partido amarillo acudió a algún acto convocado por el panista.

Zambrano llega al Castillo de Chapultepec con la sombra de la inconformidad interna por suscribir el pacto, sin cumplir las condiciones del resto de las tribus, pero no arriba solo, lo hace cobijado por una treintena de senadores, diputados, delegados y dirigentes, la mayoría de ellos de su corriente Nueva Izquierda, para legitimar sus acciones.

Ahí también están en su respaldo los gobernadores que izquierda Gabino Cué de Oaxaca, Ángel Aguirre de Guerrero, Graco Ramírez de Morelos y los electos de Tabasco, Arturo Núñez —cercano a López Obrador— y del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera. Todos ellos llamados por Peña Nieto.

El dirigente nacional luce sonriente. Es el político más aplaudido de la tarde. Arranca tres ovaciones durante sus 12 minutos frente a panistas, priista y perredistas.

Justifica que lanzaron juicios por el proceso electoral presidencial y luego aceptaron el resultado del Tribunal Electoral emitido constitucionalmente en apego a sus voluntades.

Reconoce que está ahí sin el apoyo de las tribus internas, por lo que a ellas les dirige parte de su mensaje.

"Hay quienes nos advierten que esto no se va a cumplir. Nos dicen que estamos entregando nuestro capital político, y que nos estamos desdibujando como izquierda, que estamos perdiendo el perfil de fuerza de izquierda. Sabemos que es un riesgo, sí, pero que vale la pena asumirlo. Son de esos riesgos que vale la pena tomarlos de frente y en nuestras manos", justifica.

Todos, incluido el presidente Peña Nieto desde su lugar, reciben su disposición con un largo aplauso, por lo que agrega: "El PRD, como principal partido de la izquierda, está claramente decidido a actuar como una izquierda responsable. No le apostamos al desastre en el país".

En la primera fila, frente al mandatario federal está sentado Eloí Vázquez, dirigente nacional de la corriente Foro Nuevo Sol, quien está en contra del acuerdo. Aceptó ir para darle un mensaje del bloque opositor al priista, quien al término del evento se acerca a saludarlo.

"Quiero que sepa que un sector del partido está en contra porque somos escépticos de que esto funcione", le soltó el perredista, a lo que Peña Nieto respondió: "Yo soy bien pragmático vas a ver que todo va a salir".

El ex líder nacional del PRD, Jesús Ortega, deja el Alcázar satisfecho. Fue uno de los artífices del Pacto por México.

"Si el PRD no se atreve a romper con las mezquindades que existen al interior, entonces nos mantendremos en el estatus quo y si alguien no quiere aceptarlo, es un asunto suyo", dice al minimizar la crisis interna que hoy deberá enfrentar Zambrano.