Publicado el lunes 05 de noviembre del 2012

Se juega el “basquetbolista” Obama su partido de reelección

Notimex

WASHINGTON — Aficionado al basquetbol, Barack Obama se juega su partido de reelección, ante seguidores a los que prometió un cambio inédito que cumplió parcialmente y que lo apoyan con una mezcla de resignación y oposición a su adversario Mitt Romney.

La vida pública y política de Obama ha tenido muchas similitudes con el deporte al que se apasionó desde joven cuando era parte del equipo de baloncesto de la escuela preparatoria de Punahou en Hawai.

Si bien su oratoria le ayudó desde sus días como activista en Chicago y lo catapultó a la escena nacional tras su discurso en la Convención Demócrata de 2004, su carrera política se ha asemejado mucho a la actitud que sigue demostrando en la duela.

Aunque han pasado más de 30 años desde los días en que su equipo preparatoriano ganó el campeonato estatal de Hawai, Obama mantiene la agresiva mentalidad de entonces en las batallas que ha librado en los corredores políticos desde que fue electo senador por Illinois en 1996.

Pareciera incluso que como entonces, Obama sigue probándose a sí mismo sin importar el tamaño y la fuerza del adversario o aún lo desconocido que pudiera ser el terreno.

Es pública la anécdota de que un invitado a uno de los partidos regulares con ex jugadores profesionales y miembros de su administración hizo notar que el mandatario espera de todos un juego agresivo.

“Si eres considerado con él no te vuelve a invitar”, dijo el jugador quien en sus días fue parte del equipo de baloncesto de la Universidad Estatal de Florida, según el testimonio recogido en un amplio artículo sobre el mandatario publicado por la revista Vanity Fair.

En noviembre de 2010 Obama terminó en la enfermería de la Casa Blanca con una herida en la boca que requirió 12 puntadas después de que otro jugador lo golpeó con el codo durante uno de estos encuentros, donde muchas veces sus oponentes son 20 años más jóvenes.

La actitud del mandatario pareció revelar mucho del político, según se pudo desprender de la declaración pública ofrecida entonces por Rey Decerega, el jugador causante de lo que algunos medios calificaron entonces como el “codogate”.

“Hoy aprendí que el presidente es un duro competidor y un buen deportista. Estoy seguro que pronto estará de regreso en la cancha”, dijo en un comunicado Decerega, miembro del Instituto Legislativo de la Fracción Afroestadounidense.

A diferencia de los dos ocupantes anteriores de la Casa Blanca que competían contra el reloj como entusiastas corredores, Obama busca la confrontación directa con otros, demostrar que puede derrotarlos aún y cuando el terreno que pisa no sea familiar.

Tampoco rehúye los riesgos.

Eso fue evidente en su lucha para aprobar la reforma de salud, la Ley de Cuidado y Salud Asequible -“Obamacare” para sus detractores- y en la cual Obama invirtió mucho de su capital político sin importar la determinación de los republicanos para descarrilar la iniciativa que ahora buscan derogar, de ganar la Presidencia.

Quizá uno de los ejemplos más claros y visibles de su actitud de confrontar situaciones difíciles y complicadas para dejar en claro sus posiciones, por impopulares que puedan ser, derivó de su designación como ganador del Premio Nobel de la Paz en 2009.

En su discurso de aceptación en Oslo el mandatario hizo un audaz argumento a favor de la paz mediante el uso de la guerra, una contradicción dada la naturaleza del galardón, pero que Obama sintió necesario dadas las intervenciones estadounidenses en Irak, Afganistán y Libia.

Lo mismo podría decirse de su agresiva política migratoria como resultado de lo cual su administración ha pasado a deportar a más inmigrantes que ningún otro gobierno.

Aunque la estrategia fue acallar las críticas republicanas y quitarles munición política a la hora de buscar empujar el tema de la reforma migratoria, los resultados no fueron los esperados.

La nueva política le ha ganado sólo críticas y reproches entre los líderes y la comunidad hispana, frustrados además por el incumplimiento de su promesa de tener una reforma aprobada en su primer año de gobierno.

Ello empero no ha sido obstáculo para que el mandatario haya llevado un agresivo cortejo del voto hispano consciente de la importancia que éste tendrá en algunos de los estados claves para la elección de este martes.

Aun años antes, Obama, hijo de un keniano y una mujer anglosajona de Kansas cuyas raíces provienen de Irlanda, dejó en claro su determinación de asumir retos audaces que otros habrían desestimado.

A principios de 2007, cuando anunció su intención de buscar la nominación presidencial de su partido por encima de nombres de mayor peso y calibre, como Hillary Clinton, Obama desplegó la misma actitud con la que llega a los partidos de baloncesto: una mentalidad agresiva.