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Publicado el viernes 21 de septiembre del 2012
Mes de la Herencia hispana: Fiesta mexicana
La charrería es mucho más que un espectáculo divertido
Especial La Estrella Digital
ROYSE CITY Es común que a la charrería se le mire como un espectáculo de diversión que, frecuentemente acompañado con mariachis, representa a México.
Sin embargo la charrería considerada en México como el deporte nacional por excelencia se ha propagado a todo Estados Unidos y Canadá y, lejos de ser un show, es un estilo de vida para muchos que lo han traído a sus nuevas tierras y las nuevas generaciones que lo preservan.
Tan sólo en el Norte de Texas existen 13 asociaciones de charros, cuatro de escaramuzas, y más de 10 lienzos charros.
En esos lienzos hombres y mujeres realizan y compiten con destrezas a caballo, con sus atuendos característicos y convierten en una fiesta muy mexicana sus presentaciones.
En las llamadas charreadas, los charros que compiten son juzgados por jueces que con frecuencia viajan desde México, como parte de la Asociación de Charreria de México.
El pasado domingo 9 de septiembre, seis equipos de ocho miembros competían en el Lienzo de Royse City, un poblado del condado Rockwall 30 millas al Este de Dallas.
En competencia estuvieron la Asociación Charra Herencia Mexicana, con integrantes del lienzo Caminos de Guanajuato y, entre otras, la Asociación Misterio de Oro.
A Royse City llegó desde temprano Manuel Oropeza con sus hijos, y el resto de su equipo para practicar y competir con suertes como el Paso de la Muerte donde un jinete, asistido por miembros de su equipo, en plena carrera desmonta su caballo para montar, en movimiento una yegua bronca al tiempo que trata de mantenerse montado mientras el animal trota y salta porque rehúsa ser dominado.
También compiten con la suerte llamada de los Dedos Mochos, con la Cala de Caballo o con la suerte nombrada Coleadero que consiste en derribar a un toro mientras corre, jalando de la cola con la mano mientras el jinete permanece montado en su caballo.
Oropeza, quien es oriundo de Zacatecas, dice ser parte de una población de hispanos que por generaciones han practicado la charrería y son expertos con los caballos a los que respetan y atienden todos los días.
Tengo cuatro y sólo son para competir, dice el oriundo de Nochistlán, Zacatecas, quien agrega que la charrería nació de la ganadería.
La mayoría de los charros son católicos que conservan sus tradiciones.
La charrería es un deporte muy bonito, competitivo y sano, por mi parte me ha ayudado a mantener la disciplina en mis cuatro hijos, dice Oropeza quien afirma que su padre y su abuelo vivían en el campo y domaban caballos para otras gentes en su natal Zacatecas.
Al principio y al fin de cada competencia Juan Lechuga, el locutor que anuncia las competencias y los nombres de quienes compiten, dedica un tiempo para encomendarse a Dios con la Oración del Charro y conduce a la audiencia durante el breve acto religioso.
Por su parte Humberto Ruiz, quien vive en Tyler y es oriundo de Chihuahua, dice que la tradición mexicana de la charrería la cual no se debe confundir con el Rodeo estilo cowboy, definitivamente está creciendo en Texas.
En todo Texas le calculo que hay más de 1,000 asociaciones de charros, dice Ruiz, en tanto su hijo Emmanuel de 24 años dice seguir la tradición.