Publicado el jueves 14 de junio del 2012

Cuando la muerte fascina

Agencia Reforma

MÉXICO, DF — Quizá el turismo que provoca más reacciones encontradas es el necrológico, término que se refiere al interés que tienen algunas personas por visitar lugares que remiten a grandes tragedias humanas.

Sin embargo, algunos viajeros prefieren evitar tours que remitan a momentos dolorosos durante sus travesías. Por ejemplo, visitar la Zona Cero de Nueva York arruinó las vacaciones de Henry Albadalejo, un empresario nuevoleonés de 54 años.

"Estar donde derribaron las Torres Gemelas y conocer la historia de quienes murieron fue algo que me deprimió durante el resto del viaje", comenta Henry.

Su ánimo se oscureció tanto que ni siquiera quiso ir a una opereta en el Lincoln Center para la cual había comprado el boleto cinco meses antes.

En cambio, recorrer el Museo de la Historia del Holocausto de Jerusalén inspiró a Glenda García, estudiante de economía de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, a realizar un proyecto.

"Ver los nombres, las cartas y las fotos de todos esos millones de asesinados me llenó de fuerza para luchar en mi tierra y darle nombre a todas las mujeres asesinadas", dice Glenda.

En marzo de 2012 Glenda encabezó en Juárez una manifestación en favor de los derechos de las mujeres que partió del Museo Histórico de Ciudad Juárez, también conocido como Ex Aduana y terminó en la garita fronteriza.

Algunos pensarían que, a diferencia de los viajeros norteamericanos o europeos, los viajeros mexicanos no sienten atracción por el también llamado turismo oscuro o tanaturismo.

No obstante, Nayeli Escamilla –directora general de la Operadora Turística Quetzalli– afirma, con base en su experiencia, que el 80 por ciento de sus grupos se muestran dispuestos a practicar turismo necrológico.

Ella organiza visitas a lo largo del país y los panteones son lugares frecuentes dentro de sus itinerarios.

"A la gente le gusta saber quien está enterrado en tal o cual tumba o mausoleo así como las características arquitectónicas y de iconografía religioso que cada uno resguarda. Los lugares relacionados con la muerte que más nos piden visitar son el Panteón del Tepeyac, en la Villa de Guadalupe; el Panteón Francés, en Puebla y el Panteón de San Fernando, en la Ciudad de México", asegura Nayeli.

Karla Arellano, ama de casa de 45 años, no supo hasta hace dos meses que a dos cuadras de su casa en la colonia Tabacalera se encuentra el Panteón San Fernando, donde se dice que Benito Juárez está enterrado junto con decenas de soldados que murieron en el siglo 19 durante las sangrientas batallas que libraron conservadores y liberales.

"Cuando me enteré fui a visitarlo y me quedé conmovida porque sabía que debajo de las tumbas se escondían héroes y episodios de guerras que han dado forma al México que hoy vivimos".

El médico Gabriel Menéndez, también vecino de la zona, opina diferente; para él los panteones son lugares de reposo eterno y deberían estar cerrados al público.

"Siempre he sentido respeto y miedo en los cementerios; aunque Benito Juárez esté enterrado, no encuentro cuál puede ser el atractivo de ir ahí para ver tumbas", comenta.

Toda una tendencia turística

Con el objeto de establecer cuál es el atractivo que despiertan la muerte, la brutalidad y el terror en los visitantes, abrió sus puertas a principios de mayo el Instituto de Estudios sobre Turismo Necrológico en la Universidad Central de Lancashire, Inglaterra, primer centro de su tipo en el mundo.

Las primeras investigaciones del Instituto, difundidas por Philip Stone –su director–, indican que los sitios funestos provocan que la gente calme su angustia procesando los hechos ahí ocurridos y medite sobre su propia mortalidad.

"Los visitantes tratan de identificarse con las víctimas e imaginan las motivaciones de los autores; de alguna forma se alegran de que le haya sucedido a ellos", asegura Stone.

"Vivimos en una cultura que por lo general elimina la muerte del dominio público; visitar lugares que comparten escenas fuertemente asociadas con la pérdida de la vida permite a la gente pensar y considerar la muerte desde una distancia cómoda", agrega.

En el estudio se aclara que muchas de las personas que practican esta tendencia turística, lo hacen sólo al final de sus vacaciones y no viajan a un destino únicamente con ese propósito.

Por ejemplo, un turista en europa suele ir a los sitios donde hubieron campos de concentración nazis sólo después de haber visitado la Isla de los Museos, de Berlín; la Iglesia de San Miguel, en Munich; el Monumento a Bismarck, en Hamburgo o el Palacio de Dresde.

Sitios que imantan

Algunos lugares populares para practicar turismo necrológico en el mundo son Chernobil, Ucrania, ciudad que fue abandonada en 1986 a raíz de un accidente nuclear; Yungay, en Perú, pueblo que en 1970 quedó sepultado por un alud que mató a 20,000 personas, y Pompeya, en Nápoles, ciudad que en el 79 d.C fue destruida por la explosión del volcán Vesubio.

Uno de los sitios más conocidos y visitados del Distrito Federal es la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, donde el 2 de octubre de 1968 estudiantes fueron asesinados por militares.

La ciudad Nueva Rosita, en Coahuila, comenzó a recibir turistas a partir de la tragedia que sucedió en febrero de 2006 en la mina de carbón Pasta de Conchos, cuando una explosión que aún no ha sido explicada sepultó a decenas de mineros que murieron asfixiados.