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En Estados Unidos, el apoyo a candidatos republicanos que prometen recortar el gasto del gobierno aumenta en los estados donde el gobierno gasta más de lo que recauda.
Si tuviera que escoger un caso que ejemplifique a la perfección la visión del mundo que tienen los actuales aspirantes a la candidatura presidencial republicana en Estados Unidos y sus partidarios, me quedaría con las declaraciones que hizo Mitt Romney durante una entrevista reciente con la periodista Soledad OBrien en CNN y con las reverberaciones que éstas han provocado por todo el país.
"Los pobres no me preocupan", dijo Romney, "la red de seguridad (que les protege) está puesta y si hay que repararla, yo la arreglaré". Aprovechando la oportunidad que le brindaba Soledad para pintarse como el paladín de la clase media, Romney agregó, "los que me preocupan son ese 90-95 por ciento de estadounidenses que ahora están sufriendo. (...) La clase media, los jubilados que viven de la pensión que mensualmente reciben del seguro social, los que no pueden encontrar trabajos. No lo pobres que reciben cuidado médico con Medicaid, que cuentan con ayudas para la vivienda y con estampillas para comida". Es decir, para Romney ese 4 por ciento de la población que gana menos de 5 mil dólares anuales no la está pasando tan mal. Pero Romney, aclaro, no es el único que predica este tipo de dogmas. Ya el inefable Newt Gingrich había dicho: "Si la NAACP (una organización defensora de los derechos civiles de los afroamericanos) me invita, iré a su convención y les diré por qué la comunidad afroamericana debe exigir un salario y no quedarse satisfecha con estampillas de comida". Es decir, a la despreocupación por la pobreza, Newt le agregaba el prejuicio racial.
Siguiendo la misma línea, Rick Santorum no se quedó atrás y repitió el estribillo: "Yo no quiero mejorar el estándar de vida de los negros dándoles el dinero de otros. Lo que quiero es darles la oportunidad de ganarse el dinero (trabajando)". Es decir, para Santorum los afroamericanos no sólo son vividores sino flojos.
Pero el peor de todos, sin duda, fue Ron Paul quien refiriéndose a los disturbios de 1992 en Los Ángeles, escribió: "el orden se restableció en la ciudad cuando llegó la hora de que los negros fueran a recoger sus cheques cortesía del estado de bienestar (welfare) tres días después de que el saqueo comenzara".
Lo más lamentable del caso, sin embargo, es que desde Ronald Reagan hasta el surgimiento del Tea Party, el Partido Republicano se ha esforzado por hacerle creer a la gente que el gobierno gasta una fortuna beneficiando a los más pobres con servicios, estampillas de comida, subsidios económicos, cheques de "welfare" y vales para pagar la vivienda, principalmente a los negros y a los inmigrantes indocumentados. Y lo hace porque el tema tiene una enorme resonancia con los votantes blancos que se tragan entero el argumento del conservadurismo populista para concluir, erróneamente, que el deterioro en su estándar de vida se debe a que el gobierno mima a las minorías con el dinero de gente blanca como ellos.
Según reveló una encuesta del Pew Research Center el año pasado, más de la mitad de los republicanos creen que "los pobres la tienen fácil porque reciben beneficios del gobierno sin ofrecer nada a cambio". Lo mismo dicen los simpatizantes del Tea Party cuando acusan a los pobres, a los indocumentados y a los jóvenes de ser beneficiarios ilegítimos de bienes y servicios. En este sentido, dicen los republicanos, la economía del país mejoraría considerablemente si el gobierno dejara de beneficiar a los pobres y recortara el gasto de todos los programas subvencionados por el gobierno aparentemente sin percatarse que son los blancos los que más subsidios, subvenciones y prestaciones reciben del gobierno.
Irónicamente, pocos republicanos están conscientes de que los tres programas que representan mayor costo para el gobierno son la defensa, el seguro social y el cuidado de la salud para los jubilados, conocido como Medicare. Y sólo uno de cada cinco estadounidenses sabe que el Medicare, cuyos principales usuarios son los blancos, es el programa de beneficios que más rápidamente crece en el país y que para mantenerlo el gobierno gasta 66 centavos de cada dólar que recibe.
Peor aún, un estudio reciente realizado por el profesor Dean P. Lacy de la Universidad de Dartmouth encontró que el apoyo a los candidatos republicanos que prometen recortar el gasto del gobierno va en aumento en estados en los que el gobierno gasta más de lo que recauda. Es decir, a mayor dependencia en gasto gubernamental, mayor apoyo a los candidatos republicanos que prometen recortarlo.
Cuando oigo las opiniones de los votantes blancos de clase media que no acaban de entender por qué se encuentran en la situación en la que están, que apoyan a los políticos que les prometen recortar los beneficios a los que no están dispuestos a renunciar y que desquitan su frustración satanizando a las minorías, me acuerdo de un párrafo escrito por Stokely Charmichael, uno de los más elocuentes y controvertidos líderes del movimiento por los derechos civiles de los negros, publicado en The New York Review of Books, en 1966: "Recuerdo que cuando niño solía ir los sábados a ver películas de Tarzán. El Tarzán blanco derrotaba a los negros nativos. Yo me sentaba y gritaba: ¡mata a las bestias, mata a los salvajes! Y en realidad yo estaba diciendo: ¡mátame!".
Sergio Muñoz Bata es mexicano, estudió filosofía en la UNAM y literatura en USC; escribe en 20 periódicos en 12 países. Colaborador de Agencia Reforma.