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Sergio Muñoz Bata  

Publicado el viernes 27 de enero del 2012

El siguiente asalto

Especial La Estrella Digital

Entre insultos y descalificaciones, la reñida contienda por la candidatura presidencial del Partido Republicano se desplaza a la Florida.

Newt Gingrich dio la sorpresa en Carolina del Sur al remontar lo que parecía una ventaja definitiva en la carrera a la nominación por la candidatura presidencial republicana y derrotar al favorito Mitt Romney de manera contundente. Gingrich obtuvo el 40 por ciento de los votos y Romney el 28 por ciento. Ocho días antes, Romney lideraba en los sondeos por los mismos doce puntos con los que perdió.

Según las encuestas a boca de urna, los votantes le escogieron porque piensan que quien fuera líder de la Cámara de Representantes tiene la "experiencia necesaria" para dirigir la marcha de la economía. El desempleo en Carolina del Sur está por arriba del promedio nacional y tres de cada diez votantes dijeron que alguien en su hogar había perdido su trabajo en los últimos tres años.

De persistir la impresión entre los votantes republicanos de que Gingrich es el mejor candidato para enderezar la economía nacional, la columna vertebral de la campaña de Romney se resquebraja de forma estrepitosa. El mensaje central de su campaña ha sido que dada su experiencia en el sector privado él es el candidato mejor preparado para reactivar la economía y crear nuevas fuentes de trabajo.

Dos tercios de los votantes se identificaron como evangélicos o cristianos "renacidos" y 40 por ciento de ellos votaron por Gingrich. Seis de cada diez votantes dijeron que para ellos era esencial que su candidato tuviera sus mismas creencias religiosas y casi la mitad de ellos votaron por Gingrich. Una paradoja difícil de comprender dados los escandalosos antecedentes del candidato en el tema de los valores, la ética y la fidelidad conyugal. Gingrich va en la tercera esposa, y la segunda de ellas recién declaró públicamente no sólo que Gingrich le había propuesto "un matrimonio abierto", es decir un matrimonio en el que ambos cónyuges tendrían la libertad para tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, sino que le acusó de haberle sido infiel con la asistente que terminó siendo la tercera esposa. Y todo esto sucedía al mismo tiempo en el que Gingrich acusaba al presidente Bill Clinton de inmoral por su aventura con una joven que hacía un internado en la Casa Blanca.

No menos incongruente es que quienes votaron por Gingrich digan que para ellos es muy importante que el candidato comparta sus creencias religiosas y al mismo tiempo se hagan de la vista gorda y escojan a un hombre que durante su gestión como líder de la Cámara de Representantes fue acusado de ochenta y cuatro violaciones al código de ética de la institución; castigado con una reprimenda pública más una multa de 300 mil dólares y se le haya obligado a renunciar al puesto y al Congreso por considerar que su gestión fue indigna y caótica.

Otra cuestión sorprendente en estas primarias es que aparentemente Gingrich pudo convencer a los votantes de este peculiar estado, de que él era su mejor opción por su larga experiencia en el gobierno pero que él es al mismo tiempo el que más separado ha estado del establecimiento político en Washington. ¿No sabrán los votantes de Carolina de Sur que Gingrich estuvo 20 años en la Cámara de Representantes y posteriormente cabildeando con y para las élites de Washington y Nueva York? ¿Cómo puede alguien estar al mismo tiempo dentro y fuera de la elite?

Otra de las posibles explicaciones del triunfo de Gingrich en la contienda por Carolina del Sur podría ser la errática conducta de su mayor oponente. Romney no supo cómo refutar a tiempo y con eficacia los devastadores ataques de Gingrich sobre su desempeño como director de la empresa Bain; tampoco le ayudó admitir que el multimillonario político/empresario paga porcentualmente lo mismo que una familia de ingresos modestos, un 15 por ciento sobre sus ingresos. Peor aún fue su reticencia a mostrar sus declaraciones de impuestos, y si a esto le aumentamos su falta de chispa, lo verdaderamente sorprendente es que Romney siga siendo el candidato a vencer en esta primaria republicana.

Otro factor importante en esta elección fue la centralidad de las campañas sucias a través de los llamados PACs, o Comités de Acción Política, de los tres principales candidatos, Romney, Gingrich y Rick Santorum. Los PACs, que son entidades anónimas que pueden recaudar fondos sin límites y decir o insinuar lo que les venga en gana sin cortapisas, han invertido más de 27 millones de dólares en este ciclo electoral haciendo propaganda cuyo objetivo primordial es destruir la reputación de los contendientes. Tan sólo en Carolina del Sur, los PACs que apoyan a los tres principales aspirantes más los de Ron Paul y Rick Perry gastaron casi 7 millones de dólares.

La carrera por la candidatura republicana llega a la Florida, el martes 31 de enero. Hasta el domingo 22 de enero, el promedio de encuestas indicaba que un 38.4 por ciento de los votantes se inclinaban por Romney y un 23 por ciento por Gingrich. Pero todo puede cambiar porque de aquí a fin de mes los candidatos seguirán lanzándose todo el lodo que le encuentren o le inventen al contrincante sin importarles un bledo el brutal desgaste al sistema electoral del país.

Sergio Muñoz Bata es mexicano, estudió filosofía en la UNAM y literatura en USC; escribe en 20 periódicos en 12 países. Colaborador de Agencia Reforma.