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Sergio Muñoz Bata  

Publicado el jueves 08 de deciembre del 2011

De frustraciones e ineptitudes

Especial La Estrella Digital

Aumenta la frustración de los estadounidenses al constatar que ni el cambio periódico de Representantes ni la constante denuncia en los medios mitiga la corrupción y la ineptitud de sus autoridades.

Del surgimiento del Tea Party a los levantamientos ciudadanos en los países árabes que ya han derribado a cuatro déspotas y de los indignados de la Plaza del Sol en Madrid a los de Wall Street, la evidencia del descontento de la gente con el status quo es abrumadora.

Menos sabido, al menos fuera de Estados Unidos, es que la mayoría de los estadounidenses de todas las convicciones políticas están insatisfechos con el trabajo de los miembros del Congreso. Según las principales encuestas nacionales de todas las tendencias políticas, Gallup, CBS/New York Times, Fox News, el índice actual de desaprobación al Congreso ha llegado a su nivel más bajo en la historia.

Sólo el 9% de los ciudadanos aprueban la manera en la que el Congreso se conduce.

Sólo el 19% aprueba el trabajo de los congresistas republicanos.

Sólo el 28% aprueba el trabajo de los congresistas demócratas.

El 50% de los afiliados al Partido Republicano desaprueba el trabajo de los congresistas Republicanos.

El 43% de los afiliados al Partido Demócrata desaprueba el trabajo de los congresistas Demócratas.

Solo el 6% de los votantes piensan que los miembros del Congreso merecen ser reelectos.

Entre los principales reclamos de la gente a sus representantes se destacan los siguientes: Se les acusa de actuar privilegiando su beneficio personal por encima del beneficio a la nación; de ser incapaces de arribar a consensos por ajustarse a la línea partidaria; de gastar irresponsablemente el dinero de los contribuyentes; de degradar el sistema político y de responder más a los intereses de las firmas de cabildeo que a las preocupaciones de los ciudadanos sobre los grandes problemas nacionales como por ejemplo, el cuidado de la salud y del medio ambiente; la reforma integral del resquebrajado sistema nacional migratorio; el desempleo; el déficit presupuestario y el sistema tributario. Problemas urgentes que exigen soluciones prontas, inteligentes y justas.

Y nada mejor para documentar las razones en las que se sustenta el pesimismo de los ciudadanos respecto al Congreso que repasar el alud de informaciones que día a día revelan los medios de comunicación. Desde principios de noviembre, por ejemplo, el famoso programa 60 minutes de la CBS ha presentado reportajes que ilustran el corruptor poder de las firmas cabilderas y la desvergonzada falta de voluntad del sistema para reformarse.

En el primero de ellos, Jack Abramoff, el cabildero republicano más influyente en la década de los 90, no solo explica cómo sobornó a 100 congresistas republicanos sino que asegura que hoy todo sigue exactamente igual en el Congreso. "No habrá saneamiento del sistema político estadounidense mientras los encargados de hacer las reformas sean los mismos congresistas," dijo Abramoff. También dejó en claro que mientras no se les prohíba a los miembros del Congreso y a sus empleados poder trabajar en las firmas cabilderas no habrá manera de evitar la corrupción generalizada.

En el siguiente programa, otro reportero entrevistó a Peter Schweizer un investigador de la Hoover Institution, un think tank conservador en la Universidad de Stanford, y autor de un nuevo informe en el que revela que la ausencia de una ley que evite que los miembros del Congreso utilicen la información privilegiada a la que tienen acceso les permite utilizar dicha información para incrementar su fortuna personal. Con lujo de detalles, explicó de qué manera esta laguna legal les permite, por ejemplo, comprar acciones en compañías que se benefician económicamente con proyectos de ley que son aprobados por ellos mismos en el Congreso.

La semana pasada, en el siguiente programa, presentaron un perfil de otro poderoso cabildero llamado Grover Norquist, quien en las últimas dos semanas se ha anotado dos importantes batallas legislativas. Gracias a Norquist, señala la página editorial del Wall Street Journal, propiedad de Rupert Murdoch, el trabajo del comité del Congreso estadounidense encargado de proponer pautas para reducir el déficit presupuestal fue incapaz de acordar una propuesta que incluía una fórmula balanceada de recortes al gasto y aumentos a los impuestos para reducirlo. Norquist, sus clientes y el Wall Street abogan por más recortes a programas sociales y menos impuestos a los ricos.

Y una semana antes de este triunfo de Norquist, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley, patrocinado por la National Rifle Association y gestionado por el mismo Norquist que de convertirse en ley obligaría a cualquier estado de la Unión Americana a reconocer los permisos otorgados a los ciudadanos de cualquier otro estado a portar armas de fuego ocultas en su territorio. Es decir, posibilitaría la existencia de un permiso federal para violar la soberanía de un estado en el que la ley estatal prohíbe a los ciudadanos portar armas de fuego de manera abierta u oculta.

Así las cosas, la única fuente de consolación para el 99 por ciento sería que con sólo 44 proyectos convertidos en ley en lo que va del año, el 112 Congreso ya ha sido catalogado como el más improductivo de la historia moderna del país. En los 40s el llamado "Congreso Idiota", también dominado por el Partido Republicano, logró aprobar 906 proyectos que se convirtieron en leyes, un récord de ineptitud que, afortunadamente, no podrá alcanzar el actual Congreso.

Sergio Muñoz Bata nació en la ciudad de México. Estudió filosofía en la UNAM y literatura en USC. Fue miembro del consejo editorial de Los Ángeles Times y escribe en 19 periódicos en 12 países. Colaborador de Agencia Reforma.