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Sergio Muñoz Bata  

Publicado el jueves 08 de deciembre del 2011

¿Hacia una nueva ‘guerra fría’?

Especial La Estrella Digital

Durante su reciente gira por los países de la Cuenca del Pacífico, Obama anuncia un cambio trascendental aunque no exento de riesgos en la política exterior estadounidense.

Finalmente, después de tres años de intentos vanos por romper definitivamente con la política exterior de su antecesor, el Presidente Barack Obama recién ha anunciado un cambio fundamental en su estrategia de seguridad nacional.

En territorio australiano, la semana pasada Obama se comprometió a incrementar la presencia militar estadounidense en esa zona geográfica y a restablecer su papel como potencia económica y militar indiscutible en la Cuenca del Pacífico. "Después de una década en la que peleamos dos guerras que nos costaron sangre y fortuna, Estados Unidos enfocará ahora su atención en el vasto potencial que representan los países asiáticos y del pacífico", dijo Obama.

Así, la llamada "guerra contra el terrorismo" que definió la política exterior de George W. Bush, y que se caracterizó por la ocupación militar masiva de Irak y Afganistán, finalmente parece haber quedado atrás, aunque esto no signifique que se descuidará el combate a los terroristas o que el país ha bajado la guardia.

De ahora en adelante, han dicho los funcionarios encargados de la seguridad nacional, el combate al terrorismo internacional seguirá las mismas pautas que la Administración de Obama ha marcado este año y que han tenido excelentes resultados. Se profundizarán las medidas precautorias dentro del territorio nacional; seguirán refinándose los servicios de inteligencia y se intensificarán los ataques mortales contra los cabecillas de los grupos terroristas utilizando sofisticadas tecnologías y comandos armados especializados.

Como era de esperarse en un año de elecciones y dado el alto índice de desempleo en el país, Obama describió su viaje como una misión presidencial con el propósito de negociar nuevos mercados para la exportación de productos elaborados en Estados Unidos. En Honolulú, por ejemplo, Obama señaló que tan solo un nuevo contrato de Boeing y General Electric con Asia podría crear 130 mil trabajos en Estados Unidos.

Más aún, durante toda la gira por la Cuenca del Pacífico, Obama declaró reiteradamente que su intención era incrementar el intercambio comercial con los países del área y buscar la negociación de tratados de libre comercio con ocho de ellos para competir abiertamente con China, quien se ha convertido en el principal socio comercial de la mayoría de los países de la región mientras la Unión Europea y Estados Unidos continúan atascados en su laberíntica crisis económica.

Y todo esto sucede en un momento en el que la relación comercial entre China y Estados Unidos sigue siendo problemática y profundamente injusta para este último país. Desde hace ya más de dos décadas Estados Unidos ha venido acumulando quejas por la falta de reciprocidad en las relaciones comerciales entre ambos países, por la inacción del Gobierno chino para sancionar la piratería intelectual, por dilatar la apertura de su mercado doméstico a productos estadounidenses y por mantener su moneda artificialmente baja y negarse a revaluarla.

Peor aún, además de profundizar sus relación comercial en la región, China ha aumentado su presencia militar de manera desproporcionada. Tanto que en los dos últimos años varios países de la región del pacífico, principalmente Filipinas y Vietnam, le han comunicado a la Administración de Obama su inquietud por las maniobras del Gobierno chino para apropiarse de aguas territoriales ricas en recursos naturales próximas a sus costas y le han pedido que intervenga para obligar a que dichas disputas sean ventiladas en foros internacionales y que fortifique su presencia militar en el Mar de China Meridional.

Este es el trasfondo del anuncio de Obama en Canberra sobre el futuro despliegue de tropas estadounidenses en la región. Y como es de suponerse, China ha reaccionado acusando a la Administración de Obama de intensificar las tensiones militares en la región y advirtiéndole a los países del área que buscar una alianza militar con Estados Unidos no necesariamente convendría a sus intereses, según dijo el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores chino.

Obama ha respondido diciendo que el desplazamiento de tropas obedece a peticiones concretas no solo de los países más pequeños del área sino a las de países como Japón e India que temen que China intente apropiarse por la fuerza del liderazgo de la región.

Podría ser, como ha dicho Zbigniew Brzezinski, quien fuera el asesor en seguridad nacional de Jimmy Carter, que la nueva política exterior de Obama "fuera malinterpretada como una política de ’contención’ de China y que esto provocara una indeseada reacción hostil". Por otro lado y siguiendo con el paralelismo que Brzezinski propone al recordar la famosa política de ’contención’ de la Unión Soviética que en su tiempo formulara el legendario diplomático estadounidense George F. Kennan, también podría ser que esta nueva versión de la política de contención que condujo a la "guerra fría", le permitiría a Estados Unidos esperar a la implosión del régimen chino, como sucedió con la Unión Soviética, y tal y como Kennan lo predijo. Cualquiera que sea el caso, es evidente que este nuevo replanteamiento de la política exterior de Estados Unidos conlleva enormes riesgos.

Sergio Muñoz Bata nació en la ciudad de México. Estudió filosofía en la UNAM y literatura en USC. Fue miembro del consejo editorial de Los Ángeles Times y escribe en 19 periódicos en 12 países. Colaborador de Agencia Reforma.