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Sergio Muñoz Bata  

Publicado el jueves 08 de deciembre del 2011

La farsa de Cain

Especial La Estrella Digital

Poco le duró a Herman Cain su encumbramiento como aspirante a la candidatura republicana a la presidencia, el descenso de su popularidad augura que su liderazgo será fugaz.

Cuenta la historia bíblica que en un arrebato de celos porque Dios rechazaba su ofrenda y aceptaba en cambio la de su hermano Abel, Caín comete el primer asesinato de la historia. Siglos después, entre bromas y veras, Herman Cain, un hombre que antes de aspirar a la candidatura del Partido Republicano a la presidencia en 2012 era el vendedor en jefe de las pizzas "El Padrino", ha sugerido el asesinato masivo e indiscriminado de quienes se atrevan a cruzar ilegalmente la frontera sur de Estados Unidos.

La farsa del nuevo Cain empezó a mediados de año, durante una presentación en Iowa cuando el candidato le contó a su audiencia que durante su reciente viaje a China tuvo una idea brillante: "¿Si hemos podido mandar un hombre a la Luna," dijo Cain, "cómo es posible que no podamos construir una muralla semejante en nuestra frontera sur?" "Si ustedes me eligen Presidente", dijo Cain "les prometo construir una muralla más alta que la de China pero ¡electrificada!" y con letreros en español advirtiendo que la descarga eléctrica podría ser fatal. Por si las dudas, también propuso cavar un foso paralelo a la barrera y llenarlo de cocodrilos por si acaso alguien sobreviviera a la descarga eléctrica.

Entusiasmado por la respuesta delirante que sus propuestas provocaban en sus audiencias Cain siguió refinándolas y unas semanas después ya planteaba que como última línea de defensa, el presidente Cain ordenaría el desplazamiento de pelotones de soldados armados con armas y balas "reales" a la frontera sur con la misión de defender el suelo patrio a sangre y fuego.

El tema de la defensa de la frontera no ha sido, por supuesto, el único disparate que el locuaz candidato ha planteado en los foros, debates y presentaciones en los que ha participado ante su base republicana. También propuso un disparatado plan de impuestos llamado el 9-9-9, aunque admitió, de entrada, que no podía dar detalles del plan porque a la propuesta le faltaba mucho trabajo.

Así las cosas, en cuestión de semanas, los errores de sus adversarios políticos así como su desparpajado estilo, su ramplonería y su falta de experiencia política empezaron a rendir frutos y de pronto Cain lideraba al espeluznantemente débil elenco de aspirantes a la candidatura republicana. Por lo menos, hasta que llegó el siguiente tropezón.

Hurgando en su pasado, un reportero de Politico.com descubrió que durante su gestión como presidente de la Asociación Nacional de Restaurantes, una mujer le había acusado de hostigamiento sexual. Cain lo negó. Luego salió que había una segunda acusación de otra mujer. Otra vez Cain lo negó. Luego se publicó que la primera mujer había recibido una compensación económica para resolver el asunto y en ese momento, Cain recuperó la memoria aunque seguía sosteniendo que las acusaciones eran falsas. Cuando se supo que también la segunda mujer había recibido dinero para resolver su querella Cain se lanzó a la ofensiva contra los medios alegando que se trataba de una campaña de "linchamiento de alta tecnología" motivado por el racismo contra un ciudadano de raza negra, tal y como había sucedido con el juez Clarence Thomas, también acusado de hostigamiento sexual.

Curioso cargo viniendo de una persona que hasta ahora había dicho que su raza no era un factor en esta campaña y se ufanaba ante los blancos por el radicalismo de derecha de sus posiciones en contraposición a la tradicional postura del liderazgo negro afiliado al Partido Demócrata. Según él, a los afroamericanos les han "lavado el cerebro" y por ello "se niegan a considerar el punto de vista de los conservadores". Más que un lavado de cerebro lo que yo diría es que hay profundas razones históricas para justificar esta preferencia. Después de todo fue un demócrata, Lyndon B. Johnson, quien finalmente desarmó el infame sistema de segregación racial imperante en el país hasta 1964.

Como prueba de su fidelidad a los blancos, a Cain le gusta contarle a sus audiencias cómo en la década de los 60, en vez de participar en la lucha por los derechos civiles acompañando a sus compañeros de universidad, él prefería irse dócilmente "a la parte trasera del camión para evitarse problemas con el conductor del autobús". Según parece, Cain se envalentona contra las mujeres y las minorías, pero se arruga servilmente frente a los blancos.

En un principio, los estrategas de Cain anunciaron con sorna que las acusaciones no sólo no habían hecho mella en su candidatura sino que habían propiciado una catarata de fondos para la campaña. Este fin de semana una encuesta de Reuters/Ipsos muestra que su popularidad entre los votantes republicanos bajó nueve puntos porcentuales. Peor aún, el 53 por ciento de los más de mil entrevistados cree que las acusaciones de hostigamiento sexual en contra de Cain son verdaderas a pesar de que el candidato continúe negándolas y el 80 por ciento de los republicanos entrevistados dijo que fue la cobertura noticiosa de los sucesos la que les hizo cambiar de opinión sobre Cain.

Ahora, ya pareció una tercera mujer que también le acusa de hostigamiento sexual y todo augura que el inesperado liderazgo de Cain será fugaz.

Sergio Muñoz Bata nació en la ciudad de México. Estudió filosofía en la UNAM y literatura en USC. Fue miembro del consejo editorial de Los Ángeles Times y escribe en 19 periódicos en 12 países. Colaborador de Agencia Reforma.