Publicado el miércoles 23 de noviembre del 2011

Acción de Gracias

Se dedican a servir a quienes están más necesitados

Especial La Estrella Digital

FORT WORTH — Las familias Toledo y Hernández podrían ser definidas como ángeles.

Se trata de voluntarios de instituciones caritativas que brindan su tiempo personal para que otros disfruten uno de los días más tradicionales del calendario norteamericano: el Día de Acción de Gracias.

Roselía Toledo, oriunda de Abasolo, Guanajuato, es voluntaria en Mission Arlington/Mission Metroplex, una organización religiosa y caritativa fundada en 1986 que provee varios servicios gratuitos a los necesitados.

Ella asegura que lo que empezó como una actividad de voluntariado personal, se volvió una operación familiar que la vida le ha reembolsado en valiosas enseñanzas para toda la familia.

“Ser voluntaria pronto se convirtió en un crecimiento cívico, moral y espiritual para toda la familia”, dice la señora Toledo.

Su actividad empezó en 2006 con el estudio bíblico en el complejo de apartamentos donde vive.

Más tarde, con el apoyo de su esposo Nicolás, la actividad se extendió como traductora para recibir a los visitantes que no hablan inglés y solicitan servicios como despensas, un lugar donde pasar la noche o servicio médico, todos provistos por ese centro.

Su destreza como traductora se volvió indispensable para la institución caritativa, que ayuda a 354 familias por día con ropa, estancia, comida o servicios médicos.

También sus hijos Marichel de 14, Valeria de 10 y Jairo de 3 años ayudan recibiendo y organizando artículos que han sido regalados a la mencionada institución.

Pero es durante el Día de Dar Gracias cuando más de 4,000 voluntarios se coordinan para entregar alrededor de 5,000 cenas a familias de todo el Metroplex.

Mission Arlington/Mission Metroplex no provee cenas en sus instalaciones durante el Día de Acción de Gracias sino que por medio de voluntarios como los Toledo, las entrega a los domicilios de quienes las piden.

“Es uno de los días más ocupados del año”, dice Roselía Toledo quien continúa como voluntaria todo el año.

Lo anterior es algo similar a lo que por su parte hacen el sargento del Ejército de Salvación de Denton, Carlos Hernández, y su familia. Aunque no es voluntario, Hernández también usa su tiempo personal para dedicarlo a una causa al servicio de otros menos afortunados.

Él es oriundo de Guatemala, y junto con su esposa Carol y sus tres hijos, trabajan por separado para servir al prójimo.

Hernández y sus dos hijos, Caleb de 17 y Charles de 18 años dedican el día en el estadio de los Cowboys recaudando donaciones que serán utilizadas para proveer posada, ropa y comida a quienes lo solicitan.

En tanto que su esposa Carol, con su hija Sandra de 12 años, desde la mañana del Día de Dar Gracias empiezan a trabajar en los preparativos para en punto de las 2 p.m., empezar a servir platillos con el tradicional pavo acompañados de puré de papa y demás comidas y postres propios de esa fecha.

Esta cena especial para 300 personas se lleva a cabo en el Ejército de Salvación de Denton como un acto extraordinario, aunado a los desayunos y cenas que rutinariamente proveen durante los 365 días del año.

Como familia “no celebramos el Día de Acción de Gracias de la manera típica, porque ese día la familia se separa para cumplir nuestras obligaciones”, explica Hernández.

Sin embargo él, su esposa e hijos, al igual que la familia Toledo, dicen sentir una gran satisfacción espiritual y personal cuando ayudan a los necesitados.

“Para mis hijos es una enseñaza invaluable que les indica que en cualquier momento ellos pueden darle la mano a quien necesite ayuda. Les estamos dejando una valiosa herencia moral”, dice Hernández.