Publicado el jueves 08 de septiembre del 2011

Nueva herencia

Jóvenes hispanos aportan su matiz a la celebración anual latina

Especial La Estrella Digital

En todo el país cada año se celebra el Mes de la Herencia Hispana con coloridos festivales y protagonistas que lucen vestidos típicos y bailan danzas tradicionales, entre otras cosas, pero conforme pasa el tiempo surgen nuevas generaciones de hispanos que al orgullo de sus padres por las tradiciones, le vienen añadiendo nuevos rasgos con su talento y perspectivas.

La herencia que estas nuevas generaciones de hispanos van forjando, puede ser muy distinta a la de sus antepasados, pero igualmente valiosa.

En esta entrega La Estrella Digital presenta a Priscila Martínez Ávila, la primera entrega de cinco dedicadas a jóvenes latinos que con su contribución en el campo de la ciencia están forjando una nueva Herencia Hispana.

Estos jóvenes profesionales, unos estudiantes y otros ya egresados, forman parte de un proyecto de investigación en desarrollo para probar una teoría o implementar una innovación tecnológica.

FORT WORTH — Para cualquier persona ajena al mundo de la microbiología palabras como “mitocondrias” y “disfunción mitocondrial” podrían no tener sentido, pero para Priscila Martínez Ávila estos son términos familiares en sus clases de la UTA.

Martínez Ávila estudia para lograr un doctorado en ingeniería biomédica, una disciplina donde se combinan los principios y las técnicas de la ingeniería con la medicina.

También busca graduarse como trabajadora social y en biología.

Como parte de sus estudios, la oriunda de Monterrey, México, se siente afortunada de formar parte de un estudio científico de investigación cuyo objetivo es prevenir daño adicional en pacientes que han sufrido una herida en la espina dorsal.

Martínez Ávila explica que la reacción natural de las neuronas ante una herida en la espina dorsal —reacción conocida en la medicina como insulto secundario— puede traer consecuencias graves, incluyendo parálisis.

“Sabemos que el insulto secundario, o en otras palabras la reacción natural del cuerpo, puede causar más daño que la herida que la ocasionó”, dice Martínez Ávila.

El objetivo del proyecto, usando ratas de laboratorio, es probar una novedosa estrategia neuroprotectora que tiene el propósito de minimizar el insulto secundario conocido como disfunción mitocondrial.

Con pasión, y también con paciencia y con términos que cualquier persona puede entender, la joven estudiante explica que las mitocondrias son órganos citoplasmáticos encargados, entre otras cosas, de producir energía.

La disfunción mitocondrial, explica Martínez Ávila, es el resultado nocivo de las neuronas causado por su reacción a una herida.

Martínez Ávila afirma que la aplicación inmediata de este estudio podría minimizar los efectos negativos en niños después de ser operados en la espina dorsal para corregir los efectos de una enfermedad conocida como escoliosis.

“Los resultados de nuestro estudio serán expuestos y probablemente aplicados en el Texas Scottish Rite Hospital en Dallas”, afirma Martínez Ávila.

“Poder ayudar a niños es apasionante”, dice mientras medita en las implicaciones que el estudio podría tener en futuras generaciones.

La intensidad con la que Martínez Ávila se dedica a sus estudios es evidente para quien actúa como su mentora: “Su pasión es contagiosa”, dice Jennifer Bell, encargada del proyecto y también estudiante de UTA.

Tal pasión, dice Priscila, corre en la familia.

Ella es la menor y la última de ocho hermanos en graduarse, tiene cinco hermanos y dos hermanas —todos nacidos en México— que lograron sus estudios superiores en este país.

Dos de ellos están buscando su doctorado y el resto ya cuenta con diplomas en educación, administración de empresas, química, ingeniería y arquitectura.

Todo, dice, gracias a la pasión de sus padres que aunque fueron a la universidad no pudieron terminarla, pero sabían el valor de los estudios superiores.

“Ir a la universidad es algo natural porque así se esperaba de nosotros”, cuenta Martínez Ávila, quien aconseja a todos los latinos que logren su diploma universitario sin importar el estatus migratorio.

“Hay formas legales para ir a la universidad aunque no tengan papeles”, asegura Martínez Ávila. “Vas a transformar tu propia vida y la vida de toda tu familia, sobre todo si tú eres el primero en ir a la universidad, porque si tienes hermanos menores ellos te van a seguir”, aconseja la estudiante regia mientras observa el trotar de una rata en su laboratorio.