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Vacaciones  

Publicado el jueves 07 de abril del 2011

El siglo de Machu Picchu

Agencia Reforma

CUSCO, Perú — "Ya la conocemos en foto, pero ver a Machu Picchu con ojos propios provoca una sensación muy intensa provocada por la energía del lugar y de la naturaleza que la rodea".

Las palabras son de Sofía Gómez, una viajera colombiana que ha llegado por primera vez a la ciudadela más importante del Tahuantinsuyo, o imperio inca, y el principal atractivo turístico de Perú.

El profesor de historia Hiram Bingham, a quien se le atribuye "el descubrimiento científico" de Machu Picchu, resumió en sus memorias la emoción de su hallazgo con una sola frase: "me quedé sin aliento". El 24 de julio se cumplirán exactamente 100 años del suceso, y la postal que regala esta ciudadela inca sigue robando suspiros.

La historia oficial cuenta que luego de oír leyendas sobre una ciudad que los conquistadores españoles no lograron saquear, el profesor estadounidense encontró Machu Picchu, y a dos familias de campesinos viviendo ahí, los Recharte y los Álvarez. Entonces exploró las ruinas: más de 50 mil piezas incas se enviaron para su estudio a la Universidad de Yale.

Medio en broma y medio en serio, no faltará el guía peruano que cierre la explicación agregando que de ese otro saqueo –del estadounidense– no se pudieron librar. La buena noticia es que ante la presión internacional y aprovechando el centenario, Yale prometió regresar al país todas las piezas este año.

Es necesario aclarar que Bingham no fue el primero en llegar hasta la ciudad inca: el hacendado cusqueño Agustín Lizárraga conoció la llamada "Ciudad Perdida de los incas" en 1902. Pero fue el estadounidense quien develó al mundo la existencia del conjunto arqueológico.

Desde entonces la espectacular ciudadela se convirtió en uno de los destinos obligados para aventureros de todo el mundo: alrededor de 3,000 viajeros desean contemplarla cada día, sobre todo porque desde 1983 es Patrimonio de la Humanidad y desde hace cuatro años, una de las siete Nuevas Maravillas del Mundo.

Tal cantidad de gente posada en sus piedras, ha advertido la UNESCO, la pone en riesgo. Irina Bokova, directora general del organismo, recomendó instaurar un sistema que limite el flujo de turistas; la propuesta se discutirá en la sede parisiense de la UNESCO, en mayo, durante una reunión con expertos en la materia.

Pero quién podría culpar a todos los que quieren admirar la arquitectura megalítica, los sistemas de acueductos y terrazas que los incas perfeccionaron en sólo 95 años de esplendor, y al mismo tiempo respirar el aire fresco que acaricia a este santuario natural de bosques y orquídeas.

Al llegar, caminando cuesta arriba por una de las colinas de los Andes, la primera impresión es de omnipotencia: este lugar de rocas inmensas y únicas –no hay dos iguales, y aún se desconoce cómo lograron cortarlas, transportarlas y tallarlas sin ayuda mecánica– reposa incólume sobre la colina. Y todavía falta recorrer los pasadizos que se entretejen alrededor de las casas, templos y escalinatas.

La arquitectura inca pretendía emular el cosmos, por lo que cada construcción tiene una precisión astronómica aún palpable. En el Templo de las Tres Ventanas y en el Templo del Sol se marca el movimiento de este astro, y en especial el solsticio de invierno (21 de junio), el inicio del año andino.

En la piedra llamada Intiwatana, "donde se ata al sol", los visitantes buscan cargarse con la energía que emana con sólo aproximar las palmas de las manos. Aunque el sol no siempre es compañero de viaje en Machu Picchu, donde el clima varía en segundos.

La lluvia enciende el ocre y el verde del entorno, y los ponchos de plástico y los paraguas de todos colores crean un nuevo festín visual.

"Esta visita ha sido muy diferente, pero igualmente impactante. La lluvia crea otro paisaje, más alegre y se siente una total libertad", dice Phillis Tepperman, quien visita la ciudad por tercer vez.

Luego llega la niebla que devora los cerros. La ciudadela ahora luce aún más enigmática de lo que ya resulta para los estudiosos, quienes aún no descifran los misterios que guardan sus muros.

Con serenidad, los viajeros esperan que el manto blanco se difumine, mientras buscan la mejor postal de su visita en el año del centenario.

Cumpleaños feliz

Al año siguiente de encontrar Machu Picchu, Hiram Bingham inició el estudio científico del conjunto arqueológico auspiciado por la National Geographic Society y la Universidad de Yale.

Para conmemorar el hallazgo, habrá diversas actividades en ese país a partir de la segunda quincena de abril, pero el 7 de julio se llevará a cabo una ceremonia a la que acudirán personalidades nacionales y extranjeras.

Diana Rosas, especialista de Promperú para México, señala que el programa de actividades aún está por definirse, pero podrá consultarse en breve en el portal de Promperú – www.promperu.info.