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Vacaciones  

Publicado el jueves 10 de marzo del 2011

El sabor de Tlacotalpan

Agencia Reforma

TLACOTALPAN, Veracruz — Entre manglares y brazos de río avanzamos por una angosta carretera delimitada por palmeras y restaurantes de mariscos. Tras recorrer una hora y media de camino, desde Boca del Río, llegamos a la "tierra de las jarillas o varas".

En esta Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, desde 1998, los colores nunca son los mismos y los sabores siempre conquistan a los visitantes. Nuestros pasos se orientan hacia la Plaza Ignacio Zaragoza y su renovado quiosco morisco, ahora pintado de color verde pistache.

La plaza es el punto neurálgico de Tlacotalpan, al norte destaca el Santuario de la Virgen de la Candelaria, construido con piedra múcar y argamasa; al oeste, la Iglesia de San Cristóbal con su torre reloj; y al sur el Palacio Municipal, cuya fachada posterior tiene vista al río Papaloapan.

Pocos lugares conservan dos iglesias y un Palacio de Gobierno en una misma plaza, y es que con la llegada de los españoles, el templo de San Cristóbal buscó restar protagonismo al de la Candelaria, pero la virgen siguió siendo venerada.

A unos metros del santuario encontramos el no menos famoso Bar Blancanieves. Con más de 60 años de existencia, se dice que el sitio fue la fuente de inspiración del compositor e intérprete tlacotalpeño Agustín Lara.

"Él se hospedaba aquí enfrente, en el Hotel Reforma, era muy amigo de mi papá. La última vez que vino fue en 1965 y le cambió el nombre al bar de ‘El encanto de Tobi’ a ‘Bar Blancanieves’, porque ya éramos siete hermanos", relata Tobías Carbajal, ahora encargado del lugar.

Aunque Agustín Lara sólo acostumbraba a tomar cognac, el concurrido bar presume los mejores "toritos": bebidas frías elaboradas con cacahuate, cajeta o guanábana y preparadas con licor del 43.

Detrás del bar se encuentra la dulcería Blanca Nieves. Es ahí donde Clara Luz Carbajal, séptima hermana de la familia, vende los tradicionales dulces de leche, coco, almendra, cacahuate y mamey.

La tradición dulcera en esta tierra es tan añeja que no por nada, hace unos días se rompió el Récord Guinness del "Dulce de leche más grande del mundo", pues elaboraron uno que midió más de 300 metros de largo.

Otros postres que hacen más apetecible esta tierra son: los buñuelos de queso con piloncillo, la sopa pía (preparada con leche, almendra y un panqué llamado marquesote), beso del duque (bizcocho acaramelado) o tamal de nata con pasas. Cualquier opción puede ser acompañada con una famosa bebida llamada "popo", preparada a base de cacao y arroz.

Para los paladares que prefieren lo picante y salado por encima de lo dulce también hay varias opciones culinarias. Por ejemplo, el restaurante Doña Lala es famoso por servir arroz a la tumbada, ‘picadas’ (sopes) con salsa verde, robalo al ‘acuyo’ preparado con hoja santa, cebiche de mariscos y chilpachole veracruzano, entre otras delicias.

Con el sabor tlacotalpeño por dentro seguimos deambulando por esta bella ciudad. A cada paso van apareciendo las tonalidades de este caserío multicolor que conserva su esplendor a pesar de las inundaciones que ha padecido.

Muchos saben que recién han concluido los festejos en honor a la Virgen de la Candelaria, pero pocos saben el significado que hay detrás de cada una de las cromáticas fachadas.

"Cada año y con motivo de la Fiesta de la Candelaria se pintan las fachadas de diferentes colores para que los visitantes siempre vean una ciudad distinta. Los cambios de tonalidad por casa también marcan el número de familias que vive en una misma propiedad", sostiene el fundador de los recorridos turísticos, Armando Vergara.

Los pórticos y corredores diseñados con arcos de medio punto son muestra de las construcciones coloniales con rasgos vernáculos y que se distinguen por tejados a doble agua en todas las casas.

En algunas de ellas se venden fotografías de cuando hace algunos meses la ciudad estuvo bajo el agua. También se ofertan playeras y recuerdos con leyendas que dicen: "no te hundas Tlacotalpan, que te voy a rescatar".

Con sabores típicos veracruzanos y una arquitectura regional que mantiene un mismo estilo en todas sus calles, Tlacotalpan conserva un paisaje colorido a expensas del río, bajo la sombra de grandes ceibas y con el Lamento jarocho de Agustín Lara.

Cuándo ir

Además de la tradicional Fiesta de la Candelaria, el 29 de septiembre se festeja al arcángel San Miguelito y Nuestra Señora de la Soledad en la Iglesia de San Miguelito. Las calles cambian su rutina con fiesta, conciertos, eventos y paseos culturales. Pero para conocer la parsimonia de la ciudad a orillas del río, es mejor caminar por la ciudad durante otoño o invierno, cuando no hay tanta humedad. Dónde quedarse

Nuestra experiencia: nos hospedamos en el Hotel Fiesta Americana Boca del Río. Los hoteles de categoría gran turismo se encuentran en la nueva zona turística de Boca del Río.

En Tlacotalpan destaca el hotel Posada Doña Lala: ubicado en el centro, cuenta con alberca y 35 habitaciones con vista al río.

Qué comprar

Los dulces de leche y botellas de ‘toritos’ son la mejor opción para llevarse el sabor de Tlacotalpan. Actualmente se están vendiendo mucho fotos y playeras que recuerdan la más reciente inundación. Las artesanías de madera y los sombreros de palma o ‘jipijapa’ también forman parte de los souvenirs.

No te lo puedes perder

Desde la Plaza Zaragoza, se puede caminar por las calles que están detrás del templo de San Cristóbal para disfrutar de los miradores que se esconden entre los bloques de manzanas y callejones con vista al río.

Arquitectura con carácter barroco

El primer templo que se edificó en la ciudad fue la capilla de la Virgen de la Candelaria. Data del siglo 16 y fue remodelada en el siglo 19. La construcción barroca a cargo del alarife español Juan Medina resguarda a la virgen y una colección de objetos de plata, marfil y porcelana francesa.

Del otro lado, la Iglesia de San Cristóbal cuenta con un altar de madera de cedro hecho por ebanistas poblanos. Esta iglesia fue construida en 1898 por los españoles y su torre está coronada con un reloj neoclásico de cuatro carátulas.

Justo enfrente, resalta el quiosco morisco diseñado por el escultor tlacotalpeño Francisco Terán. Su estructura en verde contrasta con el níveo mármol de la Plaza Zaragoza, entre palmas reales o "yaguas" que la componen.

A cuatro cuadras de la plaza se encuentra la Iglesia de San Miguelito, inaugurada en 1800 y casa del arcángel San Miguelito y Nuestra Señora de la Soledad. Ambos son festejados el 29 de septiembre con toros, mojiganga y fandango.

Más Información

www.tlacotalpan.gob.mx

portal.veracruz.gob.mx