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MÉXICO, DF Adriana Hidalgo Solá creció entre libros. Pertenece a una familia que se dedica al negocio editorial desde principios del siglo 20, y cuenta que la librería porteña El Ateneo, fundada por su abuelo, era como una prolongación de su casa.
"La librería tenía tres pisos. Era un poco como la biblioteca de casa. Entraba, miraba, veía qué libros quería leer... Formaba parte de mi vida", dice en entrevista.
Desde muy pequeña, Adriana no se imaginó dedicándose a otra cosa que no fueran los libros.
"Así que transité naturalmente por toda esta actividad, y hace casi 11 años empecé con este nuevo emprendimiento personal".
Se refiere a Adriana Hidalgo Editora, la casa que hoy cuenta con un catálogo de más de 200 títulos, que ha cosechado un gran prestigio dentro y fuera de Argentina, que desde sus inicios comenzaron a exportar y que desde hace nueve se distribuye en México, aunque explica que su presencia ha comenzado a notarse desde hace un par de años, gracias a una distribución más adecuada.
Grandes logros tratándose de una editorial pequeña, independiente. Aunque el término parece incomodarle a Adriana.
"Podríamos decir que formamos parte de lo que así suele llamarse, aunque nunca se sabe muy bien qué es independiente. A nosotros nos gusta definirlo como aquella que edita todo lo que parece relevante en términos estéticos, artísticos, de circulación de ideas".
Y aclara que, independientes o no, siempre se tiene el mismo desafío.
"Formar un espacio donde los escritores y los pensadores sientan que sus obras están en un ámbito que los promueve, que están todos en buena compañía, que hace que cada una de sus obras brille".
Además, desde sus inicios, tuvieron una idea clara de lo querían hacer. Tenían ya planeadas las colecciones, y en cuanto estuvieron listas las primeras obras comenzaron a exportar. Sabían que al tener un catálogo selecto, cuyas obras no se iban a vender por miles y miles al momento de publicarlas, su mercado tenía que ser amplio, por eso se propusieron llegar a todos los países de habla hispana.
¿En qué circunstancias nace Adriana Hidalgo Editora?
Siempre comenzar una nueva editorial en países como Argentina y creo que en la mayoría de los países latinoamericanos es un riesgo, pero también un desafío. Ayer justo hablábamos de que estamos acostumbrados a la crisis, entonces es un riesgo hasta ahí, porque si vamos a esperar que las cosas funcionen económicamente bien, nunca haríamos nada. Cuando nos parece que hay que lanzarse, hay que lanzarse.
¿Qué autores o qué obras escogieron para iniciar?
Comenzamos con Antonio Di Benedetto, un autor del cual ya hemos publicado toda la obra a esta altura. Su obra siempre fue reconocida, pero le faltaba dar el paso a un público más amplio -era un autor más de culto-, y creo que lo hemos logrado. Está siendo traducido a muchísimas lenguas y siendo revalorizado como autor. También empezamos con un poeta, Leónidas Lamborghini, con algunas obras de W.H. Auden, con Ricardo Zelarayán, un autor argentino... Con autores internacionales y argentinos al mismo tiempo, para que el catálogo se viera con una idea de proyección internacional.
¿Qué autores han traducido por primera vez al español?
Muchísimos. Por ejemplo, algunas obras de filosofía de Giorgio Agamben, él está produciendo y al mismo tiempo vamos traduciendo. Morir en Occidente, de Philippe Aries, que es un obra emblemática. Después, Emanuele Coccia, con Filosofía de la imaginación, con un prólogo de Agamben. Después hemos traducido del japonés a Minae Mizumura, que fue una obra mayor; estuvimos como dos años y medio con la traducción... Es una excelente novelista. Hay varios autores alemanes, como Katja Lange-Müller, una escritora de Alemania Oriental cuya última obra es Ovejas feroces, que está por llegar a México. Después Andreas Maier, que también es alemán... Todas las narrativas son primeras traducciones, excepto Guimarães Rosa, del cual sí hemos traducido por primera vez al español Sagarana, un libro de muchos relatos.
¿Y qué títulos han sido los más vendidos de su catálogo?
Es difícil decir cuáles han sido los más vendidos, porque todas las obras del catálogo se van reeditando, se van vendiendo año con año, y eso es lo que nos permite seguir avanzando. Lo que hace nuestra venta no es la novedad, sino el fondo editorial. Pero por mencionar algunos: Clarice Lispector, con la obra Revelación de un mundo; ahora se va a lanzar Descubrimientos, que es el resto de las crónicas. Vendemos muy bien Big Sur, de Jack Kerouac; vendemos muy bien a Minae Mizumura y Agamben, el filósofo. A Nicolas Bourriaud, quien dirigía el Palais de Tokyo en París y luego fue curador en la Tate Modern; tiene una visión sobre el arte contemporáneo muy particular, es un autor que está despertando gran interés... Después hay un irlandés que nunca había sido traducido al español que está teniendo una gran recepción: McGahern, con el libro Oscuridad, y también hicimos sus cuentos completos. Nunca nos apuramos en decir quién va a vender y quién no va a vender, porque las cosas tardan, los libros comienzan a estar en las librerías, empiezan a salir reseñas, empieza el boca a boca, que es fundamental, y de repente los libros empiezan a circular. Nunca hay que estar apurados.
¿Ha cambiado de alguna manera tu perspectiva como editora desde 1999 a la fecha?
No, la verdad creo que seguimos en el mismo camino. Tal vez le hemos dado más énfasis a algunas colecciones que a otras; por ejemplo, la colección de filosofía está funcionando muy bien, la de narrativas traducidas... También estamos traduciendo mucho de Brasil, mucho de autores alemanes, algo de japoneses... Y, por supuesto, italianos, franceses, irlandeses... Yo diría que seguimos en el mismo camino. Lo que sí hemos comenzado es una nueva colección, de la cual estamos orgullosos y que hicimos para festejar los 10 años de la editorial; es la colección infantil Pípala, que dirige Clara Huffman. Comenzó el año pasado y estamos muy contentos con esta colección.
¿Y qué balance personal haces de lo vivido y sufrido en tus años como editora?
No podría hablar de sufrimiento, porque editar para mí es un placer, y creo que una de las cosas más lindas que hemos logrado es un grupo de gente estable, somos ocho personas, es un grupo de gente que trabaja permanentemente con nosotros: traductores, correctores, lectores... Y hemos logrado un grupo en el que nos entendemos muy bien y trabajamos con mucho entusiasmo.
¿De qué manera buscan lectores?
El lector al cual nosotros apuntamos es el lector interesado. Es tan difícil conocer cuál es nuestro lector... Sería maravilloso conocerlo. Básicamente apuntamos a un lector interesado, alguien que salga un poco de lo tradicional. Y como tenemos distintas colecciones, también tenemos distintos tipos de lectores.
¿Cuál es la postura de Adriana Hidalgo respecto al libro electrónico?
No me preocupa. Me parece que es un proceso normal de modernización, de crecimiento. Creo que van a convivir, como ha pasado con toda la tecnología; va a sobrevivir el libro en soporte papel y también estará el e-book. Para un editor creo que no hay demasiadas diferencias. Será el mismo editor que tendrá que seleccionar qué libro va a tener para ser cargado en un e-book. Los tendrá que traducir, los tendrá que diagramar. Desde el punto de vista editor habrá que adaptarse. No creo que sea muy traumático.
Se habla de que el mundo del libro está enfrentándose a problemas como la concentración de la venta en librerías en un reducido número de grandes éxitos, que reduce la variedad de la oferta... ¿Qué problemas financieros y culturales ve Adriana Hidalgo como editora?
Digamos que a nuestra escala, que hacemos 24 novedades por año, más unas 8 ó 10 infantiles, y que además reeditamos todos los años por lo menos 15 ó 20 títulos, no me parece que haya un problema. Al contrario, me parece que las librerías tienen cada día más variedad. Sí puede ser que haya pilas de cierto tipo de libros, pero me parece que cada lector va buscando algo. Yo no lo veo problemático.
"Sí me parece importante que se sigan cuidando las librerías, el librero es nuestro primer aliado. Es necesario que los libreros quieran nuestros fondos y los quieran exhibir; lo mismo con los medios impresos y los suplementos culturales. Nosotros hasta ahora hemos tenido una buena recepción en los medios, y nuestros libros en general son muy reseñados y buscados en Argentina, y en otros lados hemos conseguido que vayan saliendo reseñas. Como verás, en general lo nuestro no es la queja".