Print This Article

‘Who?’

Carmen Aristegui

La salida de Fernando Gómez Mont de la Secretaría de Gobernación no causó sorpresa alguna a nadie. Fue tan amplia, categórica e indubitable la información que se hizo correr, desde días antes en la prensa, que se desinfló el natural impacto de esa remoción.

O bien alguien tenía mucho interés en prolongarle al inminente ex funcionario el mal trago de su salida o alguien cercano al afectado quería fastidiarle un poco la escena a Calderón.

La contundencia del anuncio anticipado creó la condición necesaria para que pudiera decirle a la prensa, ya muy al vuelo, que "era feliz y que sólo creía en Dios".

En contraste los cambios anunciados por Felipe Calderón dejaron con la boca abierta al respetable: algunos por el bostezo y otros por estupefacción.

Especialmente entre los panistas y el círculo más o menos cercano al poder presidencial, no se daba crédito al nombramiento de José Francisco Blake Mora como secretario de Gobernación.

Con nula presencia nacional; de mediana trayectoria, procedente de un cargo cuya faceta política venía de una debacle en las urnas, a José Francisco Blake Mora, Felipe Calderón le entregó la principal cartera del poder presidencial.

Tendrá que entenderse cuál es la lógica de esta determinación. Su perfil no da, ni para competir ni para redituar en el terreno electoral. Al presentarlo, Calderón enfatizó cualidades mostradas en su tarea para combatir la delincuencia y el crimen organizado en Baja California.

Es verdad que existe cierta percepción de que se ha logrado atemperar, en algún grado, la violencia en la entidad -especialmente en Tijuana- si se le es comparada con los niveles que había adquirido esta ciudad fronteriza en años pasados. Trabaja ahí un singular miembro del Ejército, como secretario de Seguridad Pública municipal, que ha logrado destacarse por su desempeño: el teniente Julián Leyzaola.

Hoy se identifica a Ciudad Juárez y a Chihuahua como lugares que han desplazado a Tijuana y otras ciudades en los índices de violencia y criminalidad. Si eso es así, y Baja California es ejemplo de algo en la materia y ésa es la razón para incorporar a Blake en el gabinete, entonces tendría que esperarse que Bucareli, más que nunca, se convierta en el lugar de articulación de una nueva dinámica en materia de seguridad que reemplace a la que se ha instrumentado a lo largo de esta administración.

Dentro de la convocatoria al diálogo formulada por Felipe Calderón, en vísperas de las elecciones, se colocó como eje la revisión necesaria del combate a la delincuencia organizada. Catapultado por el asesinato del candidato del PRI a Tamaulipas, el gobierno federal lanzó, sin eco mayor, una convocatoria para dialogar acerca del tema crucial: la estrategia nacional frente al crimen organizado.

Plantea Calderón a una élite rejega, escéptica y calculadora, que se revisen colectivamente los ejes de lo que, a todas luces, ya naufragó. La convocatoria es, claramente, tardía, insuficiente y hecha desde una posición cada vez más debilitada.

Ésa es la tragedia mayor. La realidad nos rebasa y los factores de decisión, evidentemente, no están a la altura. La fractura política y social del 2006 dejó el juego político marcado y, en la práctica, ha hecho intransitable una interlocución política real.

Veintitantos mil muertos, un ex candidato presidencial desaparecido, violencia imparable, situaciones fallidas en parte importante del territorio nacional, impunidad rampante, colapso en los sistemas de justicia y el ensanchamiento de la economía criminal son parte de esta radiografía.

Incapacidad para limpiar y profesionalizar a los cuerpos policiacos -a pesar de presupuestos escandalosos que parecen tirados a la basura-, la creciente militarización en tareas que no corresponden a las Fuerzas Armadas; los altos costos en materia de derechos humanos, la catástrofe humanitaria por las miles de vidas perdidas; gobiernos que toleran, se someten o abiertamente se coluden con el crimen organizado son también parte de esta realidad nacional.

No hay la menor duda. Es urgente una nueva estrategia. Indispensable una actuación distinta de quienes detentan los poderes de la República. Antes de que todo verdaderamente se vaya al carajo. Si la ciudadanía y/o la elite política le toman la palabra a Calderón es un asunto que está por verse.

¿Es José Francisco, "Who?", Blake, el hombre indicado para convocar, coordinar y favorecer las interlocuciones necesarias para tan crucial tarea? Dentro de muy poquito lo sabremos.