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Jorge Ramos  

Publicado el viernes 04 de junio del 2010

Tres lecciones

Especial La Estrella Digital

Sabía que comenzar mi entrevista con el arzobispo Desmond Tutu con una pregunta sobre fútbol iba a distraernos de nuestro tópico principal, pero con la creciente excitación pública en torno a la Copa Mundial yo quería saber si su país, Sudáfrica —la primera nación africana en ser anfitriona— estaba preparado para el reto.

“Sí, creo que sí”, me dijo Tutu con la sonrisa amplia, libre, de un niño travieso. “Tenemos una o dos cosas por hacer pero ha sido maravilloso ver la construcción de los estadios y la emoción”.

Pero mi meta principal era conocer la perspectiva de Tutu acerca de los problemas que están enfrentando los inmigrantes en Estados Unidos. En los años 80 él fue uno de los más ardientes e importantes opositores al Apartheid en Sudáfrica. Por esta lucha fue honrado en 1984 con el Premio Nobel de la Paz.

Algunos quizá no vean inmediatamente el paralelismo entre las actuales leyes de inmigración y el Apartheid en Sudáfrica —que legislaba una clara división entre las razas— pero yo argumentaría que, en la práctica, las dos son muy parecidas y tienen los mismos efectos: millones viviendo en las sombras y temerosos de ser perseguidos, pago de impuestos sin representación política, deportaciones que separan a familias y falta de acceso a trabajos bien pagados, incluso para aquellos que tendrían las cualidades para realizarlos. La nueva ley antiinmigrante en Arizona, dicen sus críticos, promueve la discriminación racial de la misma manera que ocurrió en Sudáfrica durante el Apartheid.

Tutu estuvo de acuerdo y recordó tres valiosas lecciones, aprendidas de la experiencia de los sudafricanos negros bajo el Apartheid, que podrían usarse para apoyar los derechos de los inmigrantes hoy en día.

1.- Mantén la fe en tu causa

¿Qué pueden aprender los inmigrantes latinos que luchan contra la discriminación en Estados Unidos de la lucha por los derechos humanos que se dio en Sudáfrica? le pregunté.

“Una muy importante es saber que vas a ganar”, me dijo. “La injusticia no puede continuar para siempre, cuando la gente es injusta y trata a los demás de una forma injusta, también sufre. Y más tarde descubre que es mucho mejor si nos aceptamos unos a otros como miembros de una familia”. Tutu dijo que la fe de los activistas y de la gente común en la justicia y eventual victoria de su causa fue lo que hizo posible el fin del régimen de minoría blanca y la transformación de Sudáfrica en una nación pluralista con 11 idiomas oficiales. “Es una forma de celebrar nuestra diversidad”, dijo Tutu. “Por eso decimos que somos una nación arco iris”.

2.- Paciencia

El sistema de Apartheid en Sudáfrica ya no existe, y la igualdad y los derechos civiles para todos están incorporados a la Constitución del país, pero le dije a Tutu que durante una visita a Sudáfrica noté, todavía, señales de rechazo y discriminación contra la población negra.

Ese cambio tomará tiempo, me dijo. “¿Recuerdas cómo Martin Luther King decía que no se podía legislar que la gente se amara pero que se puede legislar para decir ‘no me linches’? Uno espera que la gente empiece a entender que es mejor vivir en armonía que como enemigos”.

3.- Humildad en el liderazgo

A Tutu le gusta hablar de “Uvuntu”. ¿Qué es eso? “Uvuntu es la esencia de ser humano”, me explicó. “Yo soy una persona porque tú eres una persona”. El hombre que introdujo este concepto de “Uvuntu” a la política fue Nelson Mandela, presidente de la nación de 1994 a 1999.

Pregunté al arzobispo: ¿Qué deben aprender otros líderes de Nelson Mandela? “Creo que es un don que Dios te da el que puedas ser un líder”, dijo Tutu. “Y el gran don es recordar que tú eres un líder para el bien de aquellos a los que lideras. Tú no eres un líder para engrandecerte o enriquecerte. Tú estás ahí por el bien de los que dicen: ‘tú eres nuestro líder’”.

Tutu tiene una extraordinaria cualidad de hacerte sentir agusto. Por eso, aunque sólo habíamos estado hablando unos minutos, me atreví a hacerle la pregunta más difícil ¿Qué equipo ganará el partido inicial en el Mundial: México o Sudáfrica?

“Soy de México”, le empecé a decir... Me interrumpió: “¡Mala suerte!”, dijo.

Su risa feliz rebotó en las paredes de la habitación, y no pudimos seguir conversando. Le dí la mano, él la tomó entre las suyas, fijó su mirada franca y directa en mí y dijo: “Que Dios te bendiga”. Y siguió riendo.