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MADRID, España — Es la gran calle que resume la vida de la ciudad y que, durante un siglo, ha visto desfilar importantes sucesos en la vida de España y sus habitantes.
Nunca está desierta, ni en esas madrugadas invernales, ni cuando las vacaciones de verano invitan a pensar que la urbe descansa del tráfago laboral.
La Gran Vía madrileña aúna el espíritu de la Quinta Avenida y el Brodway neoyorquino, la elegancia del Covent Garden londinense, el romanticismo de los Campos Elíseos parisinos y el bullicio de la Via Venneto romana. Este año la arteria cumple 100 años y sigue con su movida: coches en fila, cafés y bares abiertos... gente yendo y viniendo sin importar si es de día o las luces ya están encendidas.
Celebra un siglo de historia
Es en abril de 1910 cuando el rey Alfonso 13 pone en marcha las obras para realizar una gran avenida, misma que acabaría por conectar la calle de Alcalá con la Plaza de España y que se convertiría en la más emblemática de las calles madrileñas.
Durante sus primeras dos décadas, la Gran Vía se vuelve el espacio donde pasea la alta sociedad. Se escucha el bullicio comercial. Los almacenes Madrid-París, con todo y sus escaleras mecánicas, abren en 1924. Dos años después se inaugura el Cine Callao, primero en esta arteria. Y para 1929, los viandantes se deslumbran con los 88 metros del edificio Telefónica.
Sitios míticos como el Bar Chicote marcan los años 30, por ahí pasan Ernest Hemingway, John Dos Passos o Antoine de Saint-Exupéry. La Guerra Civil sacude a España entre 1936 y 1939, la Gran Vía se torna escenario de la contienda y llega a ser llamada la Avenida de los Obuses o Avenida del Quince y Medio, debido a los proyectiles que el ejército franquista lanza sobre el edificio Telefónica.
En los 40, la posguerra propicia la construcción de más edificios y cobran auge las salas de fiestas como la del desaparecido Pasapoga Music Hall, por ahí desfilaron Frank Sinatra y Antonio Machín.
Dejarse ver, tomar la copa o ir al cine se vuelven imperativos durante los 50 y 60. Luminarias como Ava Gardner, Rita Hayworth, Grace Kelly, Orson Welles, Carmen Sevilla y Francisco Rabal le dan un brillo a la avenida.
En 1957, Sara Montiel colapsa la calle con el estreno de El último cuplé en el Cine Rialto y el compositor mexicano Agustín Lara departe con los parroquianos del Chicote, ya es famoso gracias a su chotis Madrid. Y, en 1969, los astronautas del Apolo XI recorren la avenida: la multitud los aclama.
Los 70 y 80 marcan la "época dorada del turismo". Madrid se vuelve cosmopolita. La tienda Madrid-Rock abre en 1981 impulsando la Movida Madrileña. Ese mismo año, el pintor Antonio López finaliza su célebre cuadro La Gran Vía.
En los 90 la avenida se convierte en set de filmación. El día de la bestia (1995), de Álex de la Iglesia convierte en ícono el edificio Capitol con todo y su anuncio de Schwepps. Taxi (1996), de Carlos Saura, también le rinde homenaje y Abre los ojos (1997), de Alejandro Amenábar, logra vaciarla para grabarla en total silencio.
"En la última década del siglo 20 la Gran Vía vive una transición que le cuesta asumir. Debido a la agitada vida nocturna, la marginalidad se instala en sus aledaños: prostitución, drogas, personajes siniestros, todos tratan de sobrevivir a costa de la marcha", dice Rafael Soldevilla, miembro de la revista La Luna de Madrid.
Pero la llegada del nuevo siglo trae una cirugía estética. La arteria se llena de teatros, hoteles y tiendas de ropa.
"La Gran Vía es, y ha sido a lo largo de 100 años, el referente de la vida madrileña. Al recorrerla se sabe qué pasa en la ciudad: qué moda se lleva, qué música se escucha, cómo son los madrileños... La Gran Vía es un resumen de lo que hoy es Madrid, es su reflejo", concluye Soldevilla. Siempre la misma, nunca igual
En abril de 1910, el rey Alfonso 13 puso la primera piedra de esta calle con el fin de modernizar con un ambicioso proyecto urbanístico el centro de Madrid, relata el catedrático e historiador Carlos Márquez.
El proyecto, iniciado por los arquitectos José Sallaberry y Francisco Octavio Paredes, tardó 20 años en terminarse. La construcción de la Gran Vía se dividió en tres tramos. El primero, desde la confluencia con la calle de Alcalá, donde hoy se alza el edificio Metrópolis, hasta la Red de San Luis, en la esquina con la calle Montera; el segundo, desde este punto hasta la Plaza de Callao; y el tercero, desde Callao hasta la Plaza de España.
Cada tramo fue nombrado de manera distinta: Eduardo Dato, Pi y Maragall y Conde de Peñalver. Antes de la Guerra Civil, los tres tramos se conocieron como Avenida de la CNT.
Más tarde, dos de sus tramos se llamaron Avenida de Rusia y luego de la Unión Soviética, y el tercero, el que se conocía como Eduardo Dato, fue bautizado como Avenida de México.
Al terminar la guerra, los tramos se convirtieron en la avenida Primo de Rivera. Hoy la arteria es mundialmente conocida como la Gran Vía y está de fiesta.