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MÉXICO, DF — Si se trata de sumarse a la fiesta no importa la calidad del evento o su relación con la conmemoración.
Un concurso Señorita Bicentenario y uno de Mister Playa, una reunión nacional de funcionarios fiscales, un congreso de ginecólogos, conmemorar el Día Mundial del Medio Ambiente, concursos para ver quién se disfraza mejor de Miguel Hidalgo, y renombrar toda una ciudad con apelativos históricos resultan para algunos acciones propias para celebrar el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución.
Así se establece en el Catálogo Nacional de Celebraciones, un documento presentado el pasado 10 de febrero por el gobierno federal en un evento que dio una pequeña muestra de lo que será el 2010 para el gobierno federal: frente a más de 500 invitados –políticos, intelectuales, los dueños de las dos televisoras y su séquito de estrellas, entre las que destacaban Paola Rojas (de Televisa) y Jorge Zarza (de TV Azteca) como maestros de ceremonia–, el presidente Felipe Calderón presumió que había más de 2,300 eventos incluidos en ese catálogo.
Con la colaboración de 30 entidades del país –Guerrero y el Distrito Federal no están incluidos en el documento, aunque sí tienen un programa local de celebraciones–, las secretarías de Estado, el Senado y la Cámara de Diputados, se ultimó una agenda que ha ido creciendo desde el 2008.
"En cada escuela, en cada comunidad, en cada municipio, en cada ciudad, en cada entidad de la República se van a realizar magnos proyectos culturales, artísticos, deportivos, educativos, que nos permitirán conmemorar con pasión, con orgullo y con alegría nuestra Independencia y nuestra Revolución". dijo Calderón, flanqueado por gobernadores, legisladores, ministros de la Suprema Corte e integrantes de su gabinete.
Para citar unos ejemplos, el titular del Ejecutivo puso énfasis en las fiestas más ostentosas y las obras de infraestructura más vistosas.
Lo que no mencionó en su discurso, el cual mereció que los programas de revista matutinos se enlazaran al Centro Banamex para transmitir en vivo el evento, es que entre todas esas acciones un número considerable no tiene nada que ver con la historia y otras se repiten de estado a estado (pocos se resisten, por ejemplo, a un concurso de escoltas o de ensayo).
Calderón no lo dijo, pero para finales del año en todo el país habrá calles, parques, hospitales, escuelas y cientos de monumentos con el nombre de Bicentenario o, en menor medida, con el de Centenario, pero también un sinfín de placas con los nombres de los próceres de ambas gestas presidiendo cualquier obra pública.
El estado de México es la entidad más empeñada en registrar la historia en toda la obra. Diez de sus 200 acciones –en las que predominan las obras de infraestructura– tienen que ver con la asignación de nombres históricos.
"Asignar nombres de los próceres a los parques para personas con capacidades diferentes y adultos mayores, estancias infantiles y jardines de niños inaugurados durante el sexenio. Denominar Bicentenario a los sistemas de transporte masivo. Asignar nomenclatura a escuelas de nueva creación", son sólo algunas de sus declaraciones de intención para modificar la nomenclatura del estado más poblado del país, al estilo de los festejos del Centenario de la Independencia de Porfirio Díaz.
Algo similar sucede en Guanajuato, pero ahí no serán sólo las calles y los edificios los que tengan el apellido Bicentenario o el nombre de algún prócer, sino que cada evento significativo que se lleve a cabo en la entidad entrará en automático al festejo.
Resulta natural que el estado natal de Miguel Hidalgo sea el que más eventos aporte al catálogo de actividades (239), pero en el mismo cajón donde entran la polémica Expo Bicentenario –un recinto ferial que tendrá un costo de casi mil millones de pesos y que estará en pie sólo cuatro meses–, la restauración de la Alhóndiga de Granaditas o el Festival Internacional Cervantino caben también un torneo internacional de tenis y otro de judo; un congreso anual de actualización en medicina interna; el campeonato nacional de boliche; la expo autotransporte; un encuentro de notarios públicos y la copa de motocross.
Guanajuato incluyó cualquier cosa que vaya a hacer; otros, como Michoacán, enumeran una serie de buenas intenciones que a seis meses de la primera fecha a celebrar ya deberían estar concretadas, como la creación de la Comisión Permanente de los Bicentenarios, la intención de llegar a un acuerdo para incorporar a los pueblos indígenas al estudio de los centenarios y un exhorto para que se incremente el estudio de la historia.
Ése es el tono de la mayoría de las 76 actividades de la tierra del presidente Calderón: acuerdos, decretos, exhortos o convocatorias, y apenas algunas acciones específicas como la exposición 100 Artistas Michoacanos.
La agenda de Campeche no se caracteriza por su variedad, aunque resulta peculiar el que se les haya ocurrido armar un concurso para que un tipo musculoso y bronceado represente al Bicentenario (Mister Playa). La entidad pretende organizar al menos cuatro concursos de interpretación del Himno Nacional, especialmente entre la comunidad indígena, y una competencia de canto para que también se oigan otras cosas. También planea, o al menos expresa su intención, cuatro desfiles de escoltas y bandas de guerra de los diversos niveles educativos y tropa deportiva.
Luego de revisar la agenda es claro que prácticamente cualquiera y a cualquier hora puede sentirse que está festejando, incluyendo a los deportistas practicantes de disciplinas menos populares que el fútbol, como el ajedrez, el karate, el tiro con arco, las luchas, la pesca, el judo, el boliche, los clavados, la equitación, vela, fútbol playero, y por su puesto, marcha, atletismo y ciclismo. Torneos de esas disciplinas pululan en el catálogo.
La marca del año
Con la desorganización que privó en la Comisión Nacional Organizadora desde su instalación en junio del 2006; la existencia de cuatro titulares oficiales (Cuauhtémoc Cárdenas, Sergio Vela, Rafael Tovar y de Teresa y el actual: José Manuel Villalpando), y dos informales (Fernando Landeros y Bernardo de la Garza), y al menos dos programas distintos, parecía que el Bicentenario y el Centenario no llegarían, sobre todo porque países como Chile, que también celebran este año, arrancaron desde el 2000.
Pero finalmente las conmemoraciones están a la vista, y de forma avasalladora, no por mérito de la comisión (que al final se quedó con una agenda más pequeña que la planteada por Tovar y de Teresa), sino porque todos quieren salir en la foto.
Por primera vez en México un mundial de fútbol tiene tanta competencia mediática. En Televisa, por ejemplo, son mucho más comunes los spots de Las estrellas del Bicentenario que los referentes a la cobertura del mundial, que será dos meses y medio antes del 15 de septiembre. Los promocionales de Televisa, producidos por Pedro Torres y que promueven las bellezas naturales de México con una estética que algunos han relacionado con el artista Gregory Colbert, sirven para calentar el ambiente (el primero de ellos, lanzado en enero, ya sumó 109 mil vistas en YouTube) y compiten con los lanzados por el gobierno federal.
Tanto en radio como en televisión, la propaganda oficial nos recuerda que México es todos los mexicanos: "tú eres el sabor del chile relleno, el lugar donde diste tu primer paso, un mejor futuro, el olor de un cafecito de la olla".
Monedas, billetes, bisutería
Aunque pareciera ser así, los medios masivos de comunicación no acaparan todo el festejo. Los centenarios, doble o sencillo, están por todos lados.
Empezó en la cartera, donde empiezan las grandes fiestas: en octubre del 2008, mientras en México el catarrito de la crisis se convertía en una gripe severa y el PIB decrecía (-1.1 en el último trimestre de ese año), los mexicanos comenzaron a pagar con monedas conmemorativas de 5 pesos los nuevos precios fijados por la inflación.
Cuando la serie termine de emitirse, quienes se dieron el lujo de coleccionarlas en lugar de gastarlas y hasta las intercambiaron con sus amigos, tendrán un total de 185 pesos en 37 monedas distintas: 19 con imágenes alusivas a héroes de la Independencia y 18 referentes a la Revolución.
Junto con las monedas llegaron los billetes: 50 millones de ejemplares de 200 pesos para conmemorar el Bicentenario y 50 millones de billetes de 100 para el Centenario. Los coleccionistas ya tendrán su ejemplar, pero es más común ver que el billete que estaba guardado en la cartera para el recuerdo termina en las manos del señor que atiende el puesto del mercado, de la cajera del súper o del taxista.
Aunque los numismáticos están a la caza de los billetes de 100 pesos con errata, que en lugar de decir "sufragio efectivo" dicen "sufragio electivo". Aunque el Banco de México dijo que no alterará el valor simbólico, si salen de la circulación serán ejemplares raros y, por ende, cotizados.
Para traer la cartera todavía más a tono con las conmemoraciones, en el estado de México, además de los billetes históricos, también la licencia puede tener el apellido Bicentenario. Desde el 16 de febrero es posible tramitar este plástico con las efigies de Josefa Ortiz de Domínguez, José María Morelos, Miguel Hidalgo, Vicente Guerrero e Ignacio Allende, y además hacerse de un seguro de vida de hasta 50 mil pesos. Toda una ganga.
Para complementar el paquete y recordarle a los del carro de atrás que éste es el año del Bicentenario –mientras en el radio lo felicitan por cumplir 200 años y circula a vuelta de rueda sobre el viaducto elevado Bicentenario o por el Circuito Bicentenario– también el estado de México emitió placas vehiculares conmemorativas con la silueta de los mismos héroes.
Esa misma iniciativa la tuvieron en Puebla, pero con la imagen de los hermanos Serdán y con motivo del Centenario de la Revolución, y en Guanajuato desde el 2008, pero ahí además de celebrar al cura Hidalgo, celebraron el azul del PAN.
Bi100 vs. México 2010
Si en el catálogo la competencia fue feroz por abultar la agenda, en la capital del país la rivalidad entre la comisión del gobierno de Marcelo Ebrard –la Bi100, qué empezó la fiesta desde el 2007– y la del gobierno federal hace que se saturen la vista y la mente de anuncios, foros y espacios públicos conmemorativos de las gestas de Independencia y Revolución.
Ambas marcas luchan por posicionarse: si hay camiones conmemorativos con el logotipo de la Bi100 circulando por avenidas importantes, en Chapultepec hay un tren forrado con la imagen de México 2010 –eslogan de los festejos del gobierno federal– que transporta a los visitantes del emblemático Castillo.
De la Bi100 son las exposiciones históricas que se montan en algunas estaciones del Metro, los trolebuses conmemorativos, la carpa de Tepito donde se llevan a cabo espectáculos populares, las más de 2 mil videocámaras colocadas en la Ciudad, la "Puerta 1808" y la "Fuente de la República" en Paseo de la Reforma y Juárez, así como el caos de las obras en Félix Cuevas por la construcción de la línea 12 del Metro y las obras de remodelación en el Centro Histórico.
De la comisión federal, en cambio, es el reloj de cuenta regresiva junto al Palacio Nacional, los letreros en los monumentos históricos –donde el turista curioso puede pedir audioguía con su propio celular–, las obras en la ex refinería 18 de Marzo y en la Puerta de los Leones de Chapultepec y los letreros de la Ruta Bicentenario colocados en prácticamente todas las carreteras de acceso y salida de la ciudad. Cualquier escape seguirá siendo, a fin de cuentas, por la Ruta 2010.
El nivel de la competencia entre el gobierno perredista y el panista ha motivado que la agenda de la Bi100 no se incluya en el catálogo de actividades a nivel nacional –aunque tampoco existe una agenda a largo plazo del gobierno local– y provocó que en la inauguración de la exposición de Willy Souza en el Zócalo, el pasado 3 de marzo, las autoridades capitalinas brillaran por su ausencia, en venganza por haber invitado a Calderón a cortar el listón cuando ellos habían apoyado la organización.
Pretexto para la creación
Bicentenario y Centenario saltan por todos lados, también en el plano académico.
Si alguien se diera a la tarea de reunir todas las publicaciones que salieron y saldrán con el tema, armaría una nutrida biblioteca con títulos sobre biografías de héroes y antihéroes, con revisiones históricas sobre todos los temas, fotografías conocidas y alguna que otra inédita, revaloraciones y reivindicaciones.
En un país en el que cada habitante lee en promedio 2.9 libros al año, según la última Encuesta Nacional de Lectura de Conaculta (aunque la UNESCO es menos optimista y dice que son 1.2), se tienen contempladas 363 publicaciones, nada más entre los estados y las instancias del gobierno federal. Muchas de éstas son colecciones de varios tomos, bibliotecas enteras o hasta tesis profesionales sobre el tema.
Historiadores e intelectuales en general están de moda este año. Por lo menos una vez a la semana hay alguna plática, un seminario o un foro con algún tema alusivo a las conmemoraciones en alguna universidad o instancia gubernamental o cultural.
Y también tienen su exposición mediática, aunque sea en los canales y horarios menos populares de la televisión.
En enero se comenzó a transmitir la serie Discutamos México, un foro de debate que llegó barriéndose a la agenda, como para reconciliarse con las voces críticas que lamentaban la falta de reflexión.
Esta iniciativa –que según el escritor Juan Villoro se salva entre toda la "pompa" de los festejos– era sólo un ciclo de conferencias en el Colegio Nacional hace apenas tres meses. Pero a petición de historiadores e intelectuales creció y saltó del colegio a la televisión, con 150 programas en los que participarán más de 500 voces que ya se transmiten en señal abierta.
Mucha fiesta y poca obra
Como dice un dicho anónimo, "a buena fiesta mala nueva", o al revés. Ante las malas noticias: una lenta recuperación económica, que el desempleo está en sus niveles más altos (5.3 por ciento) y que todos los días hay un promedio de 25 ejecutados en el país, el gobierno federal decidió organizar una gran fiesta de 10 horas en el Paseo de la Reforma en la que no escatimará recursos.
Para los 200 años se contrató a Ric Birch, el productor que organiza inauguraciones de olimpiadas y mundiales, quien a su vez contrató a 10 artistas que dirigirán un segmento de la fiesta que durará unas 10 horas, según dijo el Presidente.
Como se acostumbra en las fiestas importantes, no hay que preocuparse por el precio. Aunque se dice que podría costar más de mil millones de pesos (la mitad del presupuesto del programa de estancias infantiles para madres trabajadoras), la información al respecto no será pública sino hasta dentro de 12 años.
Además de la larga noche del Grito, el 16 de septiembre habrá un desfile "nunca visto" y la fiesta seguirá el 20 de noviembre, cuando el gobierno federal conmemorará la Revolución con olimpiadas deportivas y musicales, un desfile de marionetas gigantes y, como ya se adelantó el 15 de septiembre del año pasado, el espectáculo de luces México en el Corazón, que esta vez se proyectará por los cuatro costados del Zócalo.
Como las efemérides tienen un plazo impostergable, lo que se puede posponer son las obras. La Estela de la Luz que había comenzado como Arco Bicentenario debió iniciar su construcción en septiembre pasado, como prometieron las autoridades de la comisión; sin embargo, fue apenas en febrero que arrancaron los trabajos en la Puerta de los Leones. Aunque prometen que el monumento de 104 metros de altura –autoría del arquitecto César Pérez Becerril– estará listo para el 16 de septiembre, la plaza que la rodea tiene fecha programada de inauguración hasta noviembre.
El monumento, según dijo Calderón en la presentación del programa, será el legado que quede a las futuras generaciones sobre el Bicentenario, de la misma forma que la Columna de la Independencia es el recordatorio de lo que fue el Centenario en 1910, cortesía del Porfiriato.
Que el monumento llegue a convocar a los hinchas del fútbol o sea sede de manifestaciones sociales es impredecible; sin embargo, otras obras del catálogo también pretenden recordar y eternizar la conmemoración, aunque tampoco estén concretadas: el Parque Bicentenario en la ex refinería 18 de Marzo avanza, pero todavía no tiene forma; la refinería de Tula ni siquiera tiene un proyecto ejecutivo, pero ya tiene el nombre del Bicentenario. Sin contar, claro, el sinnúmero de plazas, parques y monumentos que se construyan en todos los estados de la República.
Por lo pronto, de los 157 proyectos de infraestructura –entre construcciones y rehabilitaciones– incluidos en el catálogo, 30 no tienen presupuesto o van demasiado atrasados como para ser considerados obras del año del Bicentenario; otros 10 están en construcción, pero se tiene programado que terminen en 2010; de 31 asignados a la Sectur no se tiene claridad respecto a su avance porque se trabajan en colaboración con los estados, y 50 del INAH, INBA y Conaculta forman parte de programas específicos, algunas de las cuales ya tienen firmados contratos pero otras no, por lo que se corre el riesgo de que queden inconclusas.