Publicado el jueves 10 de septiembre del 2009

En pleno vuelo avisan del secuestro; el piloto es el héroe

AGENCIA REFORMA

MÉXICO, DF — La rapidez con que las autoridades actuaron en el rescate del avión secuestrado en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, se logró gracias a que la tripulación notificó al personal de la terminal en pleno vuelo pues utilizaron los sistemas de comunicación del Boeing 737 800, informó Aeroméxico mediante un comunicado.

La aerolínea reiteró que su vuelo AM576, procedente de Cancún y con destino a la ciudad de México, recibió una amenaza de bomba en vuelo lo que, de acuerdo a los procedimientos de la aerolínea, activó un plan de emergencia coordinado con las autoridades federales competentes.

El avión aterrizó sin contratiempo a la 1:39 p.m. horas en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), sin incidencia alguna para los pasajeros, tripulantes y la aeronave.

Aeroméxico confirmó que venían 104 pasajeros y siete tripulantes a bordo y que el avión aterrizó a una posición remota que las autoridades aeroportuarias destinan para estos casos.

La aerolínea aseguró que los pasajeros no se enteraron del suceso hasta después de aterrizar en el AICM, con lo que se evitaron situaciones de alarma y nerviosismo en vuelo.

Amenaza seria, tranquila respuesta

Cuando llevaban 50 minutos en el aire, los pilotos Carlos Corzo, Ricardo Ríos y Ralph Klinckwort, del vuelo 576 de Aeroméxico recibieron la llamada por interfón de la sobrecargo ejecutiva Gabriela Ceja Garfias.

Minutos antes, el pasajero de nacionalidad boliviana, José Mar Flores, le había comunicado en la parte posterior del avión que llevaba una bomba que haría estallar si no se cumplían sus demandas.

El boliviano exigía sobrevolar la Ciudad de México siete veces y hablar con el presidente Felipe Calderón para dar su mensaje al mundo, pues era un mandato divino de Jehová.

Decía que tenía tres meses tratando de comunicarse con el mandatario, sin suerte.

El capitán Ricardo Ríos afirma que reaccionar con tranquilidad no significa que no se tomara en serio la amenaza.

“Se toma totalmente en serio, no se duda en absoluto. Hay amenaza de bomba, si es cierto o no es cierto, no estamos para cuestionarlo.

“No se le informa al pasaje porque se nos pueden apanicar, se nos puede salir de control, por procedimiento no se le informa al pasaje”, dice.

Las sobrecargos del vuelo informaron al pasajero boliviano, por instrucción del capitán, que sobrevolar la Ciudad de México tantas veces no iba a ser posible por falta de combustible.

El boliviano aceptó aterrizar en el AICM, siempre y cuando estuviera la prensa presente, así como Felipe Calderón.

Solicitó que no se presentara la Policía y, en dado caso, que fuera un militar el que lo recibiera.

En todo momento, los pilotos mantuvieron comunicación con la Torre de Control y con Aeroméxico.

El avión aterrizó luego de una hora con 40 minutos de vuelo.

En ese momento, comenzaron las negociaciones.

El héroe es el piloto que negoció

Corzo, asesor instructor y comandante, propuso al capitán Ricardo Ríos salir de la cabina de pilotos —cerrada desde que se anunció la amenaza de bomba— para hablar con el señor que amenazaba con hacer estallar un artefacto explosivo.

En la parte posterior del avión estaba José Mar Flores, de nacionalidad boliviana.

“Lo primero que hace es enseñarme unos versículos de la Biblia. Trato de ganarme su confianza al máximo. La primera inquietud o preocupación de mi parte era poner a salvo a todos los pasajeros”, cuenta Corzo.

Hasta ese momento, la tripulación había comunicado a los pasajeros que se estaba realizando un procedimiento de seguridad, pero nunca se les informó que se trataba de una amenaza de bomba.

Corzo era el único interlocutor con el pasajero boliviano, y trataba a toda costa de mostrar empatía con él, que insistía en que debía dar un mensaje a la humanidad entera, aún si moría en ello.

Según Flores, pronto vendrían catástrofes de grandes dimensiones, por lo que debía de alertar al mundo.

“Para mí era muy importante que me prestara atención y me viera a los ojos, que entendiera que lo que estábamos haciendo era muy grave y que lo que necesitábamos era salvaguardar la seguridad de las personas”, relata el piloto.

Según Corzo, pudo ganar la confianza de Flores por una fracción de tiempo. Suficiente para que el boliviano accediera a recorrer a los pasajeros a la parte de adelante del avión, lejos del dispositivo y después, bajar a niños y mujeres.

En la aeronave quedaron 26 varones, a quienes Corzo informó que había amenaza de bomba, y apeló a su criterio.

“Le dije que yo era un hombre de palabra, que yo lo acompañaba con el dispositivo hasta el camión de bomberos donde estaba la prensa y que ahí yo seguiría sus instrucciones.

“Me sorprendió de sobremanera cuando accedió”.