Publicado el lunes 25 de mayo del 2009

Colombiano ‘compra’ a policías en México y crea narcoimperio

AGENCIA REFORMA

MÉXICO, DF — Oculta Pedro Antonio Bermúdez Suaza su identidad en por lo menos cuatro nombres falsos y aprovecha para operar en México una red delictiva que traficaba cocaína colombiana en países de América, Europa y África. Su punto de partida era el control de personal de varios aeropuertos en el país, como los de Cancún y Toluca.

Su hijo lo recuerda como un hombre que le tenía temor a la delincuencia que campea en la Ciudad de México, especialmente a los asaltos y los secuestros.

Para sus empleados, era razonable el sentir de este arquitecto venido a más, ya que el patrimonio que logró materializar en casi dos décadas, comprendía locales en el Centro Comercial Interlomas, compañías de vuelos privados en Toluca y centros cambiarios en el DF.

Siempre se asumió como un empresario de buen vestir y tenía debilidad por los Mercedes Benz E500 Avantgarde, vivía en el Club de Golf Bosques y las Lomas de Chapultepec, y viajaba con frecuencia a Cancún, donde dormía en sus dos condominios de lujo en Isla Dorada.

Hasta el pasado 3 de octubre, en que fue capturado en el DF, la PGR tuvo la certeza de que Luis Bernardo Cuervo Aguilar, Luis Antonio Aguilar Vélez, Antonio Bermúdez Uribe y José Antonio Ramírez Suaza, eran una misma persona cuya verdadera identidad es la de Pedro Antonio Bermúdez Suaza.

Para la autoridad federal, este empresario en realidad debía su prosperidad a un hecho inconfesable: era líder de una organización colombiana que trafica cocaína en el Congo, Sierra Leona, España, Venezuela, México y Estados Unidos.

El Arquitecto llevaba dos décadas en el DF, en completo anonimato para las agencias antidrogas, porque con numerosos alias y prestanombres encubrió exitosamente sus movimientos y negocios, a grado tal que los investigadores que seguían su huella estaban convencidos de que era mexicano. Todo trámite y documento verificado así lo apuntaban.

Bermúdez era el representante en México de una organización con un perfil que dista mucho del común denominador en el mundo del narcotráfico, por la forma de mantener sus operaciones en la sombra.

Gobiernos de distintos países han detectado que este grupo criminal tiene operadores estadounidenses entre sus filas, adquirió aviones que usó la CIA para transportar terroristas islámicos a Guantánamo o que pertenecieron a los "stocks" que remata la Fuerza Aérea norteamericana.

La estrategia de estos colombianos, que hace 20 años rentaban sus fletes a los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, del Cártel de Cali, y Amado Carrillo Fuentes El señor de los cielos, consiste esencialmente en controlar a funcionarios clave en aeropuertos.

En México aparentemente lo consiguieron en Toluca y Cancún, donde según una investigación de la PGR hasta lograron tener de su lado a un miembro del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).

Aviones militares

En 1990 y 1991, la firma T&G Aviation Inc., que desde el aire apagó incendios de pozos petroleros en Kuwait, tras la primera guerra del Golfo, y roció insecticidas en Senegal, arrendó un avión Lockheed Hércules C-130A para Trans Latin Air, una compañía de Panamá dedicada al transporte aéreo de carga.

Ese y otros dos aviones militares del mismo modelo fueron vendidos en 1993 a Aeropostal de México, cada uno en 3 millones 564 mil 696 dólares.

La DEA acusó en 1994 ante la Corte Federal del Distrito Noreste en Chicago a Trans Latin Air de rentar la aeronave para introducir cocaína del Cártel de Cali a Estados Unidos, en base al caso 94CR0305.

Los aviones que T&G Aviation Inc. vendió y rentó a las empresas de México y Panamá, tenían algo en común. Todos los adquirió la compañía estadounidense en el parque aéreo de la Guardia Nacional y todos fueron fabricados por la Fuerza Aérea.

El colombiano Luis Carlos Herrera Lizcano, dueño de Trans Latin Air, fue detenido por la DEA en Aruba en 1994 y la Corte en Chicago lo condenó a 5 años de cárcel y la pérdida de su empresa en Panamá.

Las aerolíneas Aviaco, Air Cargo e Isleña de Aviación, de sus socios Carlos Hernando Gaona y Mario Arango, también fueron intervenidas en Colombia.

En octubre de 1997 la PGR aseguró un avión a Aeropostal en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, también por presuntamente transportar cocaína. Ese año T&G Aviation Inc. desapareció como empresa, al declararse en quiebra en Estados Unidos.

La red delictiva parecía haber sido desmantelada en 4 países.

Reactivan red

En el 2000, apareció en los registros del Servicio de Administración Tributaria la empresa Servicios Aéreos SAAR, que manifestó un ingreso total de 2 millones 979 mil 945 pesos y deducciones por 2 millones 394 mil 121 pesos.

En esta empresa aparecería más tarde como administrador único el colombiano Julio César Sánchez Martell, el prestanombres favorito de Pedro Antonio Bermúdez Suazo El Arquitecto, ya que eran cuñados.

Omar Alfredo Jácome del Valle, otro colombiano que era piloto y testaferro de Bermúdez Suaza, constituyó junto con André Rodríguez Fernández, la Consultoría en Cambios Falcón, el 29 de agosto de 2002, y lo primero que hizo este centro cambiario fue comprar un avión Raytheon serie NA703 matrícula XB-JLY.

Según los registros que Hacienda entregó a la PGR, en el 2003 El Arquitecto se hizo también de la empresa Aeronáutica Cóndor, donde tuvo como socios a personas que firmaron con los nombres de José Luis Arenas Ríos y Carlos Oviedo Sánchez Fernández, quienes adquirieron los Gulfstreams serie 114 matrículas XB-KCW y XB-KBE.

Inicialmente, Bermúdez eligió como centro de operaciones el Aeropuerto Internacional de Toluca, donde rentaba hangares y tenía los propios.

A todos sus colaboradores y pilotos los citaba en el Centro Comercial Santa Fe, para planear los detalles de cada uno de sus vuelos que partirían de Colombia o Venezuela, cargados con un mínimo de 3 toneladas de cocaína y un máximo de seis.

El Arquitecto tenía en Salvador González Farrera al responsable de reclutar a los pilotos para esta empresa.

La nómina la integraban Carlos Andrés Gaona Salas, José Fernando Acosta Gómez, Luis Raúl Rivera Crespo, Jácome del Valle El Piolo y Roberto Larsen García, quien trabajara para Aerolíneas Internacionales en Morelos, empresa indagada en el pasado por narcotráfico.

Durante la presente década, la organización introdujo con toda facilidad decenas de vuelos con cocaína México, procedentes de tres lugares: Cali y Río Negro, Colombia, e Isla Margarita, Venezuela.

"Los aviones eran guardados en el Hangar de Servicios Aéreos Estrella, posteriormente en otro hangar que se encuentra en el Aeropuerto Internacional de Toluca, Edomex, teniendo conocimiento que la organización criminal contaba con varias aeronaves y en Toluca había 3 de los que resguardaban en el Hangar de SEA", declaró Eric Muñoz en la SIEDO, el 28 de septiembre de 2007.

En casos de urgencias, los aviones volaban a Manzanillo o Puerto Vallarta, donde se menciona que la Policía Federal brindaba cobertura a los narcotraficantes.

A mediados de 2007, la banda internacional no sabía que sus últimos días empezaban a contarse.

El 11 de junio de ese año fueron aseguradas 2.3 toneladas de cocaína en el Aeropuerto Santiago Mariño, de Isla Margarita, Venezuela, donde fueron detenidos dos de los pilotos de El Arquitecto: José Fernando Acosta Gómez y el copiloto Carlos Andrés Gaona Salas.

Entre sus tripulantes estaban el capitán Charles Gagnon y el congolés George Masudi Tarhew, quien portaba un pasaporte diplomático de su país y afirmó ser familiar del presidente de la República del Congo, Denis Sassou Nguesso.

En Venezuela, presumen que este grupo antes introdujo cocaína a Sierra Leona.

"Compran" terminal

Para que los vuelos llegaran sin contratiempos a Toluca, los colombianos incluyeron en sus nóminas a los funcionarios de seguridad del Aeropuerto Internacional de Cancún. Todos los aviones hacían escala en la terminal, para cargar combustible.

José Luis Soladana Ortiz, comandante de la Dirección General de Aeronáutica Civil en la terminal aérea y su brazo derecho José Luis Ortiz Navarro, inspector verificador aeronáutico, eran parte de esta maquinaria de corrupción, según el testimonio de este último.

"Soladana Ortiz, en el mes de mayo (de 2007), me dijo que llegaría un vuelo y quería le diera toda la facilidad, sin pedir documentos, siendo remunerado por dicha actividad, es decir, por agilizar los trámites para que no se revisaran las aeronaves, efectuándose esta operación en 4 ocasiones, entregándole a Soladana una cantidad económica para remunerar a Jorge Pat Ordóñez y Héctor Manuel Barahona Vázquez por los servicios que prestaban a las aeronaves.

"Me he percatado que personal de las dependencias del gobierno como es la Sedena, PFP y Policía Fiscal se encuentran precisamente cuando aterrizan estos aviones y tiene conocimiento que se encontraban bien enterados del movimiento de estos aviones cargados con cocaína", declaró Ortiz.

Martín Gómez Soto, empleado de base fija de operación, señala que quien coordinaba los aterrizajes de los aviones en Cancún era el suboficial de la Policía Federal, Francisco Javier Tovar La Chilindrina, de quien recibió 20 mil pesos por cada avión del narco que omitía revisar.

A Gómez, también confeso, la PGR le puso a la vista una docena de fotos de funcionarios del Aeropuerto de Cancún, para identificarlos.

Por parte del Ejército, le exhibieron los rostros de los militares Abel Morales, Adrián García, Fernando Álvarez Hernández y José Girón Ramos.

Respecto a las imágenes de agentes federales, sus nombres son Luis Hueve Hernández, Iván Vázquez Bueno, Edgar Soriano Huerta, Edgar Omar Mejía, Gibrán García Dueñas, Daniel Pozos Naranjo, Armando Segura Iniesta y La Chilindrina.

Una de las fotos que tiene la SIEDO por este caso es la de Juan Carlos Montoya, a quien mencionan como funcionario del Cisen en Cancún y quien es señalado por supervisar y dar su anuencia al paso de los vuelos ilegales.

Los últimos registros de aterrizaje de aviones con cocaína en Cancún son del 30 de mayo y 2 de agosto de 2007.

La caída

El 24 de septiembre de 2007 debió aterrizar en Cancún el avión GulfStream II matrícula N987SA, con 3.7 toneladas de cocaína. No haberlo hecho, significó el derrumbe de esta red delictiva.

La aeronave, que fue adquirida con dinero del fideicomiso de la empresa Powell Aircraft Title en Estados Unidos, procedía de Río Negro, piloteada por Omar Alfredo Jácome del Valle El Piolo y Edic Muñoz Sánchez.

Cuando estaban a unos minutos de aterrizar en Cancún y seguir la rutina de sobornos, El Arquitecto marcó al celular de los pilotos y respondió Edic Muñoz.

Urgido, Bermúdez Suaza les exigió no aterrizar allí y que mejor se fueran al Aeropuerto de Manzanillo, porque hubo un cambio inesperado y ya los estaban esperando las autoridades para detenerlos.

"Contestamos que teníamos poco combustible, por lo que sobrevolamos a la ciudad de Cancún para que nos indicaran a qué otro aeropuerto nos dirigíamos, pero al no tener respuesta decidimos ir hacia Mérida, ya que era el único aeropuerto para el cual les alcanzaba el combustible.

"Ya en Mérida notamos que las luces de la pista estaban apagadas, por lo que nos elevamos para intentar una nueva aproximación, al realizar el segundo intento, nos percatamos que el sistema de aproximación de precisión de instrumentos ILS estaba apagado, motivo por el cual no pudimos completar la aproximación y al querer regresar para una tercera se encendieron las alarmas de bajo nivel de combustible y al poco tiempo se apagaron las turbinas, quedando obligado a un aterrizaje de emergencia, por lo que se enfiló a un campo y le comenté al copiloto Piolo que se agarrara, provocando una colisión de la aeronave con el suelo", relató Muñoz a la PGR.

Aun después de la caída le llamaron al Arquitecto, quien les dio la instrucción de que buscaran una carretera, pero perdieron la ubicación en la localidad selvática de Tixkokob, Yucatán. Fue cuestión de horas para que los localizara el Ejército.

Apenas unas semanas más tarde, el 10 de noviembre de 2007, José Luis Soladana Ortiz, comandante de la DGAC en Cancún, estaba en el partido de futbol del Atlante contra el Puebla. Recibió una llamada telefónica que le hizo salir del estadio. Horas después apareció ejecutado.

De todas formas, la caída del avión abrió una cuenta regresiva inevitable para los colombianos.

El Arquitecto fue detenido el 3 de octubre de 2008 en el DF, pero su hijo Felipe Bermúdez Durán, el chofer César Antonio Flores Estrada, los pilotos Sánchez Martell y Jácome del Valle, los empleados del Aeropuerto de Cancún Ortiz Navarro y Gómez Soto, el agente de la AFI Sergio Rosas y Sebastián Jiménez Alvarado, ya habían sido capturados desde fines de 2007.

En la calle solamente quedan Luis Raúl Rivera Crespo y Raúl Francisco Quevedo Martínez, este último un ex funcionario de la PGR, según la investigación.

Durante sus pesquisas, todos los sospechosos fueron interrogados sobre el colombiano Fernando Gaona Parada, acusado en la década pasada junto con Luis Carlos Herrera Lizcano, de la compra de aviones militares que introdujeron cocaína a Estados Unidos.