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MÉXICO, DF — La escritora Sara Sefchovich produjo un libro que atiza la indignación de los mexicanos. Son las suyas páginas combustibles porque contienen las mentiras nuestras de cada día y otras muy graves que autoridades, instituciones y políticos divulgan sin pudor.
El país de las mentiras, publicado por Océano, acumuló en una primera fase tantos ejemplos que el volumen desbordó las mil páginas. Después de ajustar y clasificar materiales, la obra finalmente sumó casi 400 folios, pero la también académica de la UNAM, junto con la editorial, planea abrir a mediados de enero un foro en internet donde tengan cabida cientos, miles de embustes coleccionados por ciudadanos, para que los mentirosos "se den cuenta que sí nos damos cuenta", advierte la autora.
"Ojalá muy pronto se me acabe el material, pero no lo creo. Seguiré actualizando el libro con ayuda del lector, siempre y cuando la información que me manden esté sustentada, sea comprobable. Espero que este ejercicio sirva para que los mentirosos digan ’ya no puedo tan impunemente mentir, porque hay una bola de ciudadanos que van a ponerlo allí’.
-¿Confía en que los funcionarios o los aludidos se sientan realmente avergonzados?
-Cuando empecé a escribir estas cosas en los periódicos, hará unos 15 años, o cuando hablaba en el radio para decir que los funcionarios mintieron, ellos me mandaban sus discursos, informes o regalos —siempre los devolví— para responder que me había equivocado. Amablemente hablaba su secretaria de Comunicación Social o del área respectiva para decirme que yo no había leído bien las cosas.
Pero con el gobierno de Ernesto Zedillo, y después definitivamente con el de Vicente Fox, les importó muy poco.
Zedillo y Fox se burlaron mucho de sus críticos. Zedillo nos llamó malosos, Fox dijo mejor ni lean los periódicos, y ya no había dirección de Comunicación Social para decirnos "oiga, usted se equivocó, la cifra es tal". Ellos estaban en su propio planeta, inventando su país.
-¿Advierte un cambio en el gobierno de Calderón?
-No veo que nadie se esfuerce por decir la verdad "de veras", por atreverse a reconocer que "en esto no pude", "en esto me quedé corto", "aquí fracasé", "esta cifra no es así...". Siguen respondiendo frente a los problemas de la misma manera que ya demostró ser totalmente ineficaz.
-¿Ha cambiado el estilo por lo menos?
-No, desde que tengo memoria las cosas se investigarán hasta el fondo y caiga quien caiga. Y diremos toda la verdad y juzgaremos a quien sea necesario.
-¿El sexenio más mentiroso fue el de Fox?
-Hasta ahorita sí. Fox tuvo un nivel tal de cinismo, que ya no le importó que todo se estuviera cayendo y él seguía diciendo que éste era el país más maravilloso ("Foxilandia"), mientras el último año de su gobierno hervía de conflictos.
-¿Qué mentira le indigna más?
-Me indignan muchísimo las mentiras sobre la gente más desvalida, desde darle trabajo a los discapacitados, hasta los 80 mil convenios para proteger a la niñez, y no digamos el maltrato indecible que hay para los animales a pesar de nuestras leyes... no puedo con eso (quiebra la voz)... terminé el libro y me quería suicidar, ¡no puede ser que nadie se conmueva un gramo por ese sufrimiento!
-Y se impuso otra cosa, algo cercano, dice, al amor.
-Me podría tirar a la borrachera y decir no tiene caso, todo está perdido. Sigo creyendo que saber, conocer, repercute en una conciencia, una indignación sana que nos puede hacer buscar otro camino. Pertenezco a la generación que lo vio, de las primeras feministas todos se rieron, ahora hay muchos avances en cuanto a equidad de género y hasta el presidente más reaccionario dice "los niños y las niñas". Sí se dan cambios. La exigencia ciudadana sirve.