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SAN DIEGO — El alcalde de la ciudad californiana de San Francisco, Gavin Newsom, reafirmó hoy el rechazo de su administración a colaborar con autoridades federales estadounidenses de inmigración en redadas contra indocumentados.
"No voy a permitir que ninguno de mis jefes de oficina y ninguna persona relacionada con mi administración coopere de alguna forma con estas redadas", declaró Newson, quien subrayó que en San Francisco "somos una ciudad santuario, que no quede duda".
En declaraciones a una radio local, el alcalde puntualizó que el Consejo de Gobierno de San Francisco declaró a la ciudad "santuario" desde 1989, en referencia a la asistencia a inmigrantes que huían de conflictos armados en América Latina en la década de los años 80.
Newsom afirmó que ahora los residentes de San Francisco se oponen a las redadas porque dividen familias y dejan niños estadounidenses sin sus padres porque fueron deportados.
Desde mayo del año pasado las autoridades estadounidenses de inmigración han deportado a unos 18 mil indocumentados tras ser detenidos en redadas en distintos puntos del país.
A su vez, Al Boro, alcalde de San Rafael, ciudad vecina a San Francisco, pidió a las senadoras federales de California, Barbara Boxer y Diane Feinstein, informar a la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) que los más perjudicados por las redadas son los niños.
En marzo último, Feinstein exigió al Departamento de Seguridad Interna, al que pertenece el ICE, que presente una política con "trato humano para los hijos de indocumentados deportados" en las redadas dentro de una llamada operación "Regreso a remitente".
Las redadas tienen el objetivo de detener a indocumentados que han cometido delitos, aunque sean menores, o han fallado a presentarse a citas en tribunales, pero el ICE detiene a otros inmigrantes que localizan en esas búsquedas.
En San Diego y en el vecino condado de Imperial, por ejemplo, las autoridades buscaban a 62 inmigrantes pero detuvieron a otros 359 indocumentados que grupos religiosos llamaron "pérdidas colaterales", la gran mayoría con hijos estadounidenses.
Solo en el área de San Diego la ciudad de National City, a unos 25 kilómetros al norte de la frontera con México, se declaró "santuario" en diciembre pasado y prohibió a sus empleados colaborar en redadas.
Sin embargo, el sindicato de policías de la ciudad aclaró que si los oficiales del ICE tenían órdenes federales, tendrían que cooperar con esos operativos.