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Texas/EU  

Publicado el lunes 25 de agosto del 2008

Los quehaceres de la Convención Nacional Demócrata

Agencia Reforma

MÉXICO, DF - Como las Olimpiadas, las convenciones de los partidos estadounidenses son espectáculos que se repiten cada cuatro años. Pero desde hace tiempo, las convenciones se deshicieron de la emocionante incertidumbre del deporte.

Antes, eran un gran evento de maniobras y transacciones en el que combatían los liderazgos, las camarillas, y las clientelas. Circos del cinismo y la demagogia, del folclore y la acrobacia política. Teatros y ocultaciones del poder.

Cada delegado, propietario del voto que habían recibido en las elecciones primarias, negociaba su sufragio en la convención. La delegación de un estado podía cambiar de bando misteriosamente en esa feria de transacciones.

Las antiguas convenciones combinaban la negociación a puerta cerrada y la presión pública de los contingentes ruidosos. Enorme tensión dramática: los grandes intereses en pugna abierta por el poder; los salones para el secreto y los altavoces para el bombo; la aceleración del tiempo.

Esa tirantez ha desaparecido. Las convenciones han dejado de ser instancias decisorias para ser ceremonias de coronación, catapultas de una candidatura, largos comerciales de partido. Espectáculos para el consumo del televidente.

La tensión, sin embargo, no ha desaparecido del todo. Es cierto que las candidaturas están sólidamente amarradas antes de la reunión de los delegados y que la plataforma del partido está previamente sellada -y además a nadie le importan esos rollos. Pero las coreografías nunca dejan de tener sus riesgos.

El giro elegante y distinguido que se planea y que se ha ensayado mil veces puede terminar en un tropiezo bochornoso a la vista de todos. La atención es tensión. Ésta proviene, sobre todo, de la expectativa del despunte.

Es esperado que la convención genere una burbuja de simpatías. Se anticipa que tras la enorme cobertura, se dispare la popularidad del candidato. Pero ha habido casos en que la convención decepciona y que, incluso, deteriora la popularidad del candidato.

Mientras Bill Clinton brincó 16 puntos en las encuestas tras la convención que lo postuló en 1992, John Kerry perdió un punto porcentual en las encuestas de opinión, tras su nominación formal. Si una campaña no logra despegar bien en la convención, está prácticamente hundida.

La Convención de Denver llega en momento delicado para los demócratas.

La mayoría de los registros da a Barack Obama unos puntos de ventaja sobre su rival republicano, pero no ha podido despegarse, aprovechando la histórica impopularidad del Presidente, el enorme repudio a la guerra y las serias penurias económicas del país.

Tal parece que Barack no logra sacudirse la desconfianza, que el partido no ha podido curar las heridas de la temporada primaria y que el mensaje de cambio del candidato no tiene aún un cuerpo claro.

La convención que inicia hoy con un discurso de Michelle Obama será la oportunidad de encarar estos problemas.

Tres tareas resaltan en este encierro de la plana mayor del Partido Demócrata: insertar al candidato en el paisaje estadounidense, despejando la imagen de que se trata de un errabundo desarraigado; precisar el sentido del cambio que ha propuesto Obama de manera insistente pero también imprecisa, y lucir como un Partido unido que ha superado las discordias recientes.

Los primeros dos quehaceres son muestra de que el mensaje del adversario ha tenido impacto en la opinión pública: el carismático es visto como una figura que no encaja del todo en el mapa estadounidense: nombre raro, y color oscuro; infancia en una isla y en un país lejano; ideas que no embonan en los casilleros de la tradición política. Una retórica efectiva, en ocasiones arrebatadora, y al mismo tiempo etérea. Se asoma también el hartazgo de una campaña excesivamente centrada en el testimonio biográfico de un hombre.

El tercer quehacer es crucial: el Partido Demócrata debe mostrarse como un Partido unido en respaldo a un candidato. La derrota de la casa reinante de los Clinton, dejó heridas profundas.

No es claro qué actitud tomará la pareja, ni qué postura tomarán sus seguidores. Mucho está en juego en estos cuatro días de espectáculo.