Es un día soñado por toda adolescente. Es el día en que la mirada de todos se fija en ella convertida en princesa. Es el día anhelado que culmina meses de preparación y desembolsos que en promedio alcanzan hasta los 12 mil dólares.
Se trata de la fiesta de quinceañera, una serie de elaborados rituales que principian por la mañana con el peinado, maquillaje y vestido para la festejada. Le sigue la ceremonia religiosa, oficialmente confirmada por el Vaticano hace un año para la creciente población hispana en este país y conocida como la bendición al cumplir quince años.
El día culmina con una fiesta en la que la adolescente es presentada ante la sociedad. Es un día especial en la vida de toda joven.
Se trata de una ocasión “intensa e importante en la vida de toda mujer”, dice Gloria Vega, una madre soltera que prepara la fiesta de quinceañera para su hija, Edna Ortiz.
La fiesta de la joven Ortiz se llevará a cabo en noviembre con un presupuesto de 4 mil dólares.
La intensa planeación para el evento empieza con familia y amigos, algunos de los cuales podrían convertirse en padrinos, que ayudan económicamente.
Origen ancestral
La celebración de los quince se remonta al periodo histórico de los mayas y toltecas en la historia de México. Y aunque al principio la costumbre se limitaba a este país, en las últimas décadas se ha expandido por toda Latinoamérica, incluyendo el Brasil en donde se celebra cotidianamente y se le llama Festa de 15 años o Baile de Debutante.
En China, de donde vienen la mayoría de vestidos para quinceañeras según Margarita Cantú, propietaria de Conchita’s Designs, la celebración estaba en su apogeo en la década de los 70’s aunque todavía hoy goza de popularidad.
Lo mas cercano a esta costumbre en los Estados Unidos es la llamada Sweet Sixteen, cuando la adolescente celebra sus dieciséis años, o bien la fiesta de Debutante que se celebra a los 18, o la ceremonia Bat Mitzvah cuando los jóvenes de la religión judía llegan a los 13 años y son considerados adultos y se espera que tomen responsabilidad religiosa y moral por sus actos.
Propósito difuso
No hay un acuerdo popular en el propósito de la quinceañera. Algunos dicen que se trata de una presentación oficial ante la sociedad y por lo tanto la autorización de sus padres para tener novio.
Otros aseguran que se trata de un derroche de dinero por parte de los padres para demostrar el amor por su hija y también la posición económica de la familia.
Otros más explican que mientras más elaborado y caro sea el festejo, los padres afirman la posición de familia en la sociedad y por lo tanto buscan un buen partido para su hija y así logran que la fortuna de las dos familias se prolongue y se multiplique.
“El verdadero propósito ya no es tan claro en la actualidad y en la sociedad moderna”, dice Idida Martínez, directora de su propia empresa, Ididacelebrations, que se enfoca de todos los detalles para quinceañeras y bodas.
“Pero es un secreto a voces que los padres esperan que su hija tome un buen partido”, agrega Martínez.
“¡Ah no!”, dice con decisión la señora Vega, madre de Edna, “el que ella tenga su fiesta de quinceañera no le da derecho a tener novio, para mí ella no tendrá novio hasta que tenga los 18”.
Los componentes de una fiesta de quinceañera incluyen además del servicio religioso, el banquete, la renta del salón de baile en un hotel o en un centro exclusivo para eventos; los manteles y adornos de las sillas y la figura central en cada mesa. El video y varias sesiones de fotografía son componentes infaltables, mientras que una escultura de hielo es opcional.
Ocasión especial
Para la quinceañera Sophia Villarreal, un día reciente se tornó una práctica cotidiana para lo que será su sueño convertido en realidad este sábado 2 de agosto.
Primero será el peinado y maquillaje por parte de su hermana mayor, Stephanie, de 17 años, quien también celebró sus quince hace dos años. Después del maquillaje se probará el vestido de gala, uno amarillo canario, sin mangas, hecho de satín, chiffon y tul con el que vivirá el día soñado.
Dependiendo de la calidad y lo complicado en su elaboración, un vestido para quinceañera, originario de China, puede costar entre $350 y $650 dólares según Cantú.
Pero un vestido hecho exclusivamente por un modista reconocido para una celebridad puede costar 10 ó 15 mil dólares.
Los zapatos de la joven Villarreal son de tacón alto y serán colocados por su padre durante la ceremonia. En su pelo portará una diadema blanca que hace juego con un manojo de diminutas flores hechas de tela.
En estas fiestas la sesión de fotografía es el siguiente paso. Bajo las luces del estudio y frente a diferentes escenarios, cientos de fotografías son captadas para después ser editadas y seleccionadas. La quinceañera es el centro de cuidados... un preámbulo de lo que vendrá el día del festejo.
Sophia se siente emocionada y el centro de atención y habla poco pero su sonrisa delata su felicidad.
Su madre, Luisa Villarreal, siente nostalgia al ver a su hija crecer y convertirse en una señorita. Y es que es la segunda vez que organiza un evento así, ya que hace dos años celebró los quince de su hija mayor.
Esta vez pospusieron el evento para que por lo menos siete familias de parientes pudieran venir desde su natal Monclova, Coahuila, México.
“Es una ocasión especial con una mezcla de sentimientos”, dice Villarreal.
“Es el debut de ella ante la sociedad, su primer baile, siento nostalgia porque apenas hace unos años su padre y yo la veíamos en pañales y ahora la vemos en vestido de gala”, agrega Villarreal quien dice que su propia fiesta de quinceañera fue cancelada porque murió su abuela.
Tiempos modernos
Para Martínez, quien organiza las fiestas de quinceañeras, muchas versiones modernas de esta ceremonia pierden la tradición y el propósito del evento.
La última tendencia es que la quinceañera baile sola, de manera muy sensual, en el centro del salón; lo cual hace que pierda el propósito del evento, que es introducir con buen gusto a la quinceañera a la sociedad.
“El hacer eso degrada el evento y afirma que ella ya quiere buscar a cualquier novio” afirma Martínez.
Martínez también recomienda a los padres un estricto control de la distribución de las bebidas alcohólicas durante la celebración y la verificación de las invitaciones como parte de la seguridad.
“Un padre puede ver el sueño de su hija convertido en una pesadilla si pasa un accidente, luego de que alguno de sus invitados menores al salir de la fiesta borracho, se ponga al volante”, advierte Martínez.
Lo mismo, dice Martínez, sucede cuando un pandillero sin ser invitado se cuela y arruina la fiesta, porque los padres no contrataron a guardianes de seguridad.