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Publicado el viernes 25 de julio del 2008

Inventan sus pupusas

Crean una receta única y triunfan edificando su propia cadena en el Metroplex

Star-Telegram

FORT WORTH — Reyna Meléndez y su esposo, huyendo de la guerra civil en El Salvador, cruzaron flotando el Río Bravo en el techo volteado de una camioneta.

Hoy, Reyna es la reina de las pupusas en el Norte de Texas.

En 15 años, su Market Latina ha crecido a cinco tiendas, con una sexta que abrirá sus puertas en Dallas el próximo mes. La cadena tiene ventas de $2 millones y emplea a 75 personas.

Las pupusas de $1 de Meléndez han atraído la atención de muchos fans que varían desde los jornaleros hasta el cónsul general salvadoreño cocinándolas sin aceite y usando sólo Quesillo importado de su tierra centroamericana.

Con mucha tenacidad, aunque sin experiencia, ella empezó con una pequeña tienda vendiendo artículos textiles y religiosos justo al norte de los Stockyards en la North Main de Fort Worth. Hasta cuando se cambió al cruzar la calle fue que tuvo una cocina y mesas. Su hijo mayor, Alex, de 9 años en ese entonces, actuó como intérprete en las negociaciones para el contrato de arrendamiento.

“Tienes que tener una meta”, dice Reyna Meléndez, quien después abrió sucursales en 1996, 1998 y 2005, todas en Irving, después una quinta el pasado marzo en Garland. Todas están en áreas con una alta concentración de inmigrantes centroamericanos, pero Market Latina está atrayendo cada vez más una clientela más variada.

El Metroplex, con una comunidad de alrededor de 80,000 salvadoreños, cuenta con más de 30 pupuserías. Aparte de la receta, las pupusas de Meléndez son más gruesas, comparadas con las más delgadas cocinadas por sus competidores.

Al principio, ella no tenía idea qué compañías de servicio de comida podían entregar los productos alimenticios o que los botes de basura podían ser contratados, indicó Alex Meléndez.

Ellos compraban los productos en los supermercados y se llevaban la basura a la casa cada noche.

“Recuerdo cuando mi padre fue al banco para un préstamo de $3,000 y le dijeron que necesitaba tener una cuenta con $3,000”, recordó. “Les dijo ‘¡si tuviera $3,000, no necesitaría un préstamo!”

Estos días, la compañía fácilmente podría pedir prestado pero “no lo necesitamos”, indicó Alex Meléndez.

Un aliado al principio fue Wally Culp, quien había abierto Just Us Restaurant Supply en el noroeste de la calle 28. “El creyó en nosotros”, dijo Reyna Meléndez. “Nos dijo que sintió que tendríamos éxito”.

Culp amuebló el primer restaurante de Reyna con equipo usado que podía pagar, y le dio un periodo de gracia de 60 días.

“¿Cómo lo logró? Determinación”, explicó Culp. “Y ella cuida su dinero”.

También se ganó el respeto del consulado de El Salvador en Dallas, el cual se comunica con Meléndez para proveer pupusas cuando tiene funciones que requieren el sabor auténtico del país centroamericano.

Mario Roger Hernández, cónsul general, dijo que Reyna Meléndez es muy modesta y representa lo mejor del espíritu empresarial salvadoreño.

“Su familia es muy unida, con valores sólidos. Estamos muy orgullosos de gente así”.

Meléndez abandonó la escuela a los 14 años para armar tableros de circuitos para la fábrica Texas Instruments en la capital salvadoreña, haciéndose pasar por una joven de 18 años. Un año después, se casó con José Meléndez a pesar de las reservas de sus padres. No podían creer que un hombre con un buen trabajo y que tenía un carro podía interesarse en una adolescente proveniente de una familia pobre, dijo.

Pero el inicio en 1980 de la guerra civil de 12 años en El Salvador la condujo a persuadir a su esposo a abandonar el trabajo seguro, pero cada vez más peligroso, que tenía como vendedor farmacéutico, y buscó su fortuna en los Estados Unidos, aunque sin visas. Él estaba siendo regularmente detenido por insurgentes armados que confiscaban sus muestras de drogas.

Al llegar a Houston, José se convirtió en pintor, pero fue engañado por su compañero de trabajo y tanto él como Reyna fueron arrestados por ser trabajadores indocumentados. Un abogado de Houston les ayudó a conseguir la libertad y a establecer su residencia legal. Ambos ahora son ciudadanos estadounidenses.

Aunque sus pupusas son reconocidas, Reyna nunca las había hecho antes de decidirse a abrir su restaurante. Pasó meses perfeccionando su receta, un proceso de investigación y desarrollo que convirtió a sus hijos en conejillos de indias, hasta que no pudieron aguantar otra pupusa.

“Por dos meses, eso fue todo lo que comimos – hasta que nos enfermamos”, recordó Alex Meléndez. “Seguíamos preguntando ¿Qué vamos a comer esta noche, mamá?’ Y la respuesta era siempre ‘Pupusas’”.

Al final, Reyna perfeccionó sus pupusas libres de aceite.

“No quería copiar a otra gente”, dijo. “Así que recé ‘Señor, quiero hacer algo diferente’. Quería que fuera original”.