ARLINGTON — Sus caras están curtidas y resecas por el sol y el viento, aunque todos usan el obligado casco protector que lleva la característica estrella de los Dallas Cowboys.
Se trata de cientos de hispanos que con largas jornadas contribuyen a la histórica edificación de lo que esperan se convierta en uno de los iconos arquitectónicos más modernos del mundo: el nuevo hogar de los Dallas Cowboys con cupo para 80 mil fanáticos y la posibilidad de expansión para otros 20 mil.
Una vez terminado será también el estadio más costoso del mundo ya que el presupuesto actual sobrepasa los mil millones de dólares, muy por encima del presupuesto original de $650 millones.
El reto para su construcción, dicen, sólo se puede comparar al orgullo que sienten al jugar un papel en lo que pronto será el estadio con más innovaciones tecnológicas y arquitectónicas del mundo.
El diseño de su techo, muy similar al del Texas Stadium, será complementado por dos enormes arcos de metal de casi 100 metros de altura, que abarcan lo largo del estadio y continúan casi 30 metros bajo la tierra y en el subsuelo se extienden otros 40 hacia ambos lados. En su totalidad se extienden casi un cuarto de milla de lado a lado.
Estos arcos permiten un techo retractable, gigantescas puertas en cada zona de anotación y una enorme pizarra electrónica que colgará en el centro de la cancha y que se puede ver desde cualquier punto del interior del estadio.
Jerry Jones, el dueño del equipo de los Cowboys, dice que las enormes pantallas electrónicas que estarán en los lados norte y sur del estadio serán las pantallas de alta definición más grandes del mundo; podrán ser vistas a cientos de metros de distancia.
La dimensión total del estadio es de 2.3 millones de pies cuadrados, lo que significa que la Estatua de la Libertad, junto con su base, podría ser colocada dentro del estadio con el techo cerrado. La dimensión interior del estadio tiene más de 100 millones de pies cúbicos… pero toda esta destreza arquitectónica no sería posible sin los sólidos cimientos de concreto, obra de Abel Gallegos y su cuadrilla de trabajadores.
Gallegos, quien es oriundo de Loreto, Zacatecas, se encarga de hacer las formas que más tarde serán llenadas de concreto para formar las columnas que servirán como el esqueleto en donde todas las piezas del estadio se sujetarán.
“Nuestro reto está en formar las columnas en arco y en una inclinación de 14 grados que sirven de base para las ventanas de vidrio”, afirma Gallegos quien ha trabajado en otros sitios famosos como el American Airlines Center, la terminal D del aeropuerto internacional DFW y su estacionamiento, el cual, explica, con capacidad para seis mil coches es el estacionamiento más grande del mundo. En cada uno de los proyectos todos los detalles cuentan: el grosor de las columnas, el espacio para su expansión según la temperatura, el viento, el peso que deben de soportar y la calidad del concreto, entre otros.
Gallegos ha trabajado más de 27 años en la industria de la construcción; en su experiencia cuenta como uno de sus mejores triunfos el haber terminado la extensión en la terminal D del aeropuerto internacional de Miami con 30 trabajadores bajo su mando y sin un solo accidente.
“Pudimos trabajar 237 mil horas y terminar el proyecto sin un accidente”, asegura Gallegos.
Y en el futuro estadio de los Cowboys la seguridad personal de cada uno de los trabajadores “cuenta mucho”, afirma Gallegos con orgullo.
“No importa cuánto cueste en dinero, la seguridad siempre va primero”, agrega Gallegos.
Y al decir de Ricardo Martínez, mayordomo de los trabajadores que se encargan del vaciado de concreto en las columnas del estadio, es emocionante ser parte de una obra tan importante como la construcción del estadio. Pero más conmovedor, dice, es el legado y la impresión que le ha formado en su hijo de cuatro años.
“Uno esta aquí desde que se rompe el terreno y se vacía el primer concreto”, dice Martínez, quien es originario de Durango y tiene siete años de experiencia en trabajar con el concreto.
Pero desde mayo del 2006, cuando empezó la construcción, su hijo ya sabía en donde trabajaba su padre. Y desde entonces empezó a coleccionar artículos relacionados con el estadio que un día serán evidencia histórica de la obra.
“El ya colecciona todo lo que le llevo del estadio, camisetas, cascos que llevan la estrella de los Cowboys y un regalo especial que les dio la esposa de Jerry Jones para todos los trabajadores: una estrella, el símbolo de los Cowboys”, dice con orgullo.
Pero hasta que el nuevo estadio esté terminado, los Cowboys continuarán jugando en su viejo hogar, el Texas Stadium, inaugurado en 1971.
Y mientras que para Gallegos los Cowboys siempre serán su equipo favorito en fútbol americano para Martínez su favorito es el equipo Santos de la Laguna del deporte del balompié.
El nuevo estadio estará listo para los juegos del próximo año y en el 2011 este flamante estadio será el anfitrión del Súper Tazón XLV, después de haber derrotado ofertas de otros estadios como el de la Universidad de Phoenix en Glendale, Arizona y el estadio Lucas Oil, en Indianápolis, Indiana.