El director de
Cronos, El espinazo del diablo y por supuesto la historia que le ganó el
Óscar, El laberinto del fauno vuelve para mostrarnos que sus monstruos no sólo causan terror endemoniado o pesadillas alborotadas o ganan Óscares al por mayor.
El maquillista, guionista y afamado director Guillermo del Toro confirma aquella teoría que flota entre los amantes del séptimo arte: los grandes directores y guionistas hacen y rehacen una misma película una y otra vez.
El súper demonio consentido y mal educado, pero tierno y carismático que se ganó el corazón de millones en el 2004, en la primera franquicia millonaria dirigida por el mexicano e inspirada por la historieta de Mike Mignola,
The Dark Horse, vuelve con todos sus malos modales, su especial grupo de amigos y una historia que mezcla la realidad y la fantasía como sólo Del Toro sabe hacerlo.
No importa si la trama se ubica en el México moderno (
Cronos), en la España franquista (
El laberinto del fauno) o en la cosmopolita ciudad de Nueva York (
Hellboy), lo cierto es que Del Toro y su obsesión por la maquinaria cronológica y el mundo de lo fantástico puede recrearse con maestría en cualquier rincón en el que la imaginación de este artista del lente lo desee.
En
Hellboy II: The Golden Army reencontramos al travieso Hellboy (Ron Perlman) haciendo de las suyas, limándose los cuernos y fumando puros cubanos, al lado de sus singulares y famosos, amigos “mutantes”, los agentes del Buró de Defensa e Investigaciones de lo Paranormal, Abe Sapiens (Doug Jones) y la novia de “rojo”, la piroquinética Liz Sherman (Selma Blair).
En esta nueva historia en donde según la leyenda el príncipe nomo en el exilio, el anárquico Nuada (Luke Goss), regresa para reclamar su reino entre los humanos; Hellboy será el encargado de salvar a los hombres de la inminente destrucción en manos de un ejército dorado e indestructible comandado por el poseedor de una legendaria corona proveniente del mundo de la fantasía.
Impresionantes efectos especiales, secuencias de acción sin límite, el clásico toque cándido con la exacerbada humanidad de los mutantes y una excelente escena de borrachera con cerveza mexicana entre los protagonistas, hacen de esta cinta una de esas rarezas cinematográficas en donde la secuela complementa perfecta y adecuadamente a la primera saga.
La genialidad de Guillermo del Toro lo ha llevado a rodearse de maestros en su arte como el fotógrafo Guillermo Navarro, también ganador del premio de la academia por El laberinto del fauno y responsable de que muchos de los sueños del director se conviertan en una conmovedora realidad en la pantalla.
Hellboy II con todo y su original historia en donde el balance entre la realidad y la fantasía se rompe creando un desorden que sólo el protagonista puede acomodar, es una muestra más de que los genios del séptimo arte continúan desarrollando una historia en espiral. Si usted es un fanático del cine de Del Toro no se sorprenderá de ver los elementos que obsesionan al director desde
Cronos (1992) como saltimbanquis inundando cada minuto de la historia de
Hellboy.
No importa si hay mucho o poco presupuesto, si la película es de arte o un tremendo Blockbuster veraniego, los detalles que determinan una obra se encuentran ahí, los seres fantásticos, los sofisticados mecanismos, la chispa de los personajes y sobre todo la posibilidad de entrar en plena calle a este impresionante mundode la fantasía. Criaturas fantásticas y endemoniadas, figuras frágiles que se levantan como los seres más malvados del universo y enormes demonios que resultan amantes de los gatitos y el chocolate, ese es el juego de Del Toro, que aunado a su fijación por los engranajes y las circunferencias de la fantasía crean un universo único que sólo encuentra cabida en el ilimitado mundo del cine.
Con sus bien definidos personajes, sus extraordinarios efectos especiales y una historia espectacular,
Hellboy II: The Golden Army llega para seguir agregando adeptos a las filas de fanáticos del director responsable de la próxima recreación de
The Hobbit que a estas alturas y después de reconfirmar su exitosa receta fantástica, ya bien podría (aunque se sabe no es su estilo) descansar en sus laureles.